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He de reconocer que cuando veo al tren de Yaku partir, una gran molestia aparece en mi estómago. Su familiar presencia durante estas últimas horas ha conseguido apaciguar mi ansiedad levemente, pero ahora que vuelvo a quedarme a solas con Hinata, Lev y Akaashi para emprender el camino de vuelta a la residencia, soy consciente de que tengo un problema entre manos que debo solucionar: Kuroo. Estoy seguro de que el ambiente entre nosotros va a ser incluso más tenso que el viernes debido a que hemos estado unos cuantos días sin vernos.

Otra cosa que no puedo negar, aunque me siento como un estúpido, es que quiero que se disculpe cuanto antes. No me gusta la lejanía que hay entre nosotros ahora mismo, tal como he podido comprobar a lo largo de este fin de semana, pero no pienso ignorar el hecho de que ha invalidado mi sexualidad. La verdad es que no sé qué va a pasar con nuestra amistad si no toma la iniciativa de hablarme para solucionarlo todo, porque no pienso arrastrarme para que se disculpe.

De vuelta en la residencia, como todavía queda un rato para la cena, decido adelantar un poco de trabajo de clase porque no he hecho absolutamente nada a lo largo de este fin de semana. Mientras tanto, ese irritante malestar que se aplazó en mi estómago en la estación, no hace más que crecer ante la expectación de la llegada de Kuroo. Cada vez que escucho un sonido procedente del pasillo doy un respingo en la silla porque pienso que es él, pero cuando pasan los minutos y no oigo la puerta abrirse, me relajo tan solo por un segundo.

Justamente cuando consigo convencerme a mí mismo de que Kuroo probablemente llegará por la noche para no tener siquiera que cruzar una mirada conmigo, la puerta de la habitación se abre. Siento que el corazón me late tan rápido que se me va a salir del pecho en cualquier momento. Quiero girarme para verle, pero al mismo tiempo no quiero que se piense que me importa tanto, así que permanezco quieto observando la pantalla de mi ordenador.

- ¿No me has oído entrar o qué? -pregunta Lev a mi lado con una sonrisa amable.

Encontrarme con sus ojos claros tan de cerca me sorprende en demasía, hecho que consigue que una pequeña risita se escape de los labios de Lev. A pesar de que no puedo llegar a comprender por qué ha entrado sin siquiera avisar en mi habitación, me alivia que no sea Kuroo; no me siento mentalmente preparado para verle todavía.

- ¿Bajamos? Es la hora de cenar.

Miro la hora que marca el ordenador al oír a Lev para cerciorarme de lo que dice. No me puedo creer lo rápido que ha pasado el tiempo. A la vez que retengo un suspiro, pues no quiero tener que darle explicaciones acerca de lo que me pasa, me levanto del escritorio tras haber apagado el ordenador.

Camino al comedor, Lev me pregunta si tengo noticias de Yaku. Se me había olvidado por completo que antes de irse me dijo que me enviaría un mensaje cuando llegara a su casa. Saco el móvil del bolsillo de mi pantalón para encontrarme con, efectivamente, unos cuantos mensajes del susodicho.

"Ya he llegado a casa".

"Por cierto, no he encontrado una buena ocasión para decírtelo en persona así que te lo diré por aquí: la próxima vez que algo te esté preocupando dímelo, pero si ese algo vuelve a ser Kuroo déjame a mí encargarme de él".

"Kenma... te has olvidado de lo que te dije en la estación, ¿verdad?".

Una sonrisa involuntaria se forma en mis labios al leer esos mensajes. Echo de menos compartir tanto tiempo con Yaku como cuando ambos estudiábamos en Nekoma, pero desde que él se graduó un año antes, comenzamos a separarnos un poco porque él hizo nuevos amigos en la Universidad. Inevitablemente ahora nos distanciaremos más todavía teniendo en cuenta que vivimos en ciudades diferentes, pero saber que puedo contar con él pase lo que pase es reconfortante.

Habitación 212Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora