Mi plan inicial es salir a cenar con Yaku a solas el sábado por la noche, pero se nos acaban uniendo dos de sus amigos de la Universidad: Taketora e Inuoka, a los que he comenzado a apreciar levemente después de haber realizado planes en conjunto en bastantes ocasiones debido a las constantes súplicas de Yaku para que los conociera porque, según él, son una parte importante de su nueva vida como universitario. He de admitir que al principio fue complicado congeniar con ellos, sobre todo con Taketora, pues parecía tener algún tipo de problema ante mi actitud tan pasiva, pero con el paso del tiempo aprendimos a llevarnos bien en nuestro propio ecosistema.
—Perdón por lo de esta noche.
Cuando Yaku se disculpa, le miro con una mueca. Hace un rato que caminamos en completo silencio, rumbo a nuestras respectivas casas, después de haber despedido a Taketora e Inuoka al salir del restaurante. Esa disculpa debería haber sido mía, pues durante gran parte de la cena mi mente ha estado en otro lado o, mejor dicho, en otra persona: Kuroo. Lo único en lo que puedo pensar desde que mi madre me contó aquella trágica historia sobre su pasado es en todo el dolor que un cuerpo tan pequeño por aquel entonces tuvo que soportar por su cuenta.
—Me lo he pasado bien —le aseguro, esbozando una pequeña sonrisa—. Taketora e Inuoka no me resultan tan ruidosos ahora en comparación con las personas de las que me he estado rodeando últimamente.
—Suena agotador —coincide Yaku, riendo por lo bajo—. De todas formas, siento que tengo que disculparme porque ni recuerdo la última vez que pasamos tiempo a solas como cuando estábamos en el instituto. Cuando nos volvamos a ver, asegúrate de guardar un día exclusivamente para mí, ¿entendido?
Asiento con la cabeza, provocando que la sonrisa del rostro de Yaku se ensanche. Sin embargo, no puedo evitar pensar que hace tan solo un par de meses atrás ahora estaría demasiado emocionado por esta estúpida promesa que acabamos de hacer. Las cosas han cambiado mucho en un espacio de tiempo breve, pero, tal como he podido comprobar a lo largo de estas últimas semanas tras mi conversación con Kuroo acerca de nuestros pasados, sigo necesitando respuestas para poder avanzar.
—Uhm... Yaku, la verdad es que no sé cómo empezar —comienzo a decir con la mirada gacha mientras juego con mis dedos frenéticamente—, así que voy a soltarlo sin rodeos porque ese es mi modo de hacer las cosas: me gustabas hasta hace poco, aunque eso ahora no importa; lo que realmente quiero saber es si hubiera ocurrido algo entre nosotros si me hubiera confesado en su momento.
—Si te digo que sí, ¿importaría? —Inquiere con normalidad, como si no le hubiera sorprendido en lo más mínimo lo que acabo de decirle, hecho que no sé si me tranquiliza o me inquieta. Otra cosa que tampoco sé hacer es responder a esa pregunta, así que permanezco en silencio hasta que Yaku decide proseguir—. En mi opinión, igual que tú has dicho que tus sentimientos hacia mí ahora no importan, mi respuesta tampoco porque no va a cambiar absolutamente nada. Pero, si así te quedas más tranquilo: no, Kenma, no habría sido capaz de corresponder tus sentimientos.
A pesar de que acabo de ser rechazado abiertamente, me siento tremendamente ligero, aunque esa sensación me dura tan solo unos cuantos segundos, porque entonces aparece otro interrogante: si me hubiera dicho que sí, ¿me arrepentiría de no haberme confesado en su momento? Porque, de ser así, ¿eso en qué posición dejaría a Kuroo, que es quien supuestamente me gusta ahora?
—No es que quiera verte mal ni nada por el estilo, pero debo admitir que me siento un poco ofendido al verte sonriendo de esa forma después de haberte rechazado —las palabras de Yaku me sacan de mis ensoñaciones y, automáticamente, llevo una de mis manos hacia mis labios para corroborar lo que acaba de decir porque ni siquiera me había percatado de ello—. Supongo que el motivo de que estés tan feliz ahora es nada más ni nada menos que Kuroo.
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Habitación 212
FanfictieKenma ha esperado durante toda su vida el momento de ir a la Universidad. Lo que más ansiaba era conocer a su compañero de habitación de la residencia de estudiantes, pero al llegar allí tiene que hacer frente a su primera gran desilusión. No obstan...
