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Llevaba bastante tiempo queriendo retomar el videojuego que empecé en verano, pero por falta de tiempo (una excusa barata en realidad), no me he puesto manos a la obra hasta esa noche. En realidad, si no hubiera sido porque necesitaba tener la mente ocupada para no pensar en Lev, ni siquiera lo habría tocado.

No obstante, es inevitable que Lev se cuele en mis pensamientos. No entiendo cómo es posible que su personalidad cambie tanto cuando se menciona a Kuroo, pero me está comenzando a molestar. Parece realmente convencido de que al final acabaré cediendo y me cambiaré de habitación. Una cosa que no puedo soportar es que las personas tomen decisiones por mí, exactamente lo que él está haciendo, aunque de una forma un tanto sutil.

El hilo de mis pensamientos se ve interrumpido por el ruido de la cerradura. Kuroo ha vuelto. ¿Se puede saber por qué estoy tan emocionado?

Finalmente, Kuroo aparece delante de mí. Lleva la misma ropa que cuando le vi por última vez, pero ha completado su look con una chaqueta de cuero y unas Vans de color negro. Él también me está observando, lo que me pone un poco nervioso.

- ¿Dónde has estado?

Siento deseos de golpearme la cabeza contra la pared por haber hecho semejante pregunta, pero se me ha escapado. Kuroo parece no inmutarse ante mi pregunta, pero parece divertido.

- Por ahí, papá -su manera de pronunciar "papá" me hace sonrojar. Él, por supuesto, lo nota, dando lugar a que su expresión de diversión se haga incluso más pronunciada que antes-. ¿Quieres saber algo más?

- No lo decía con esa intención -consigo decir, intentando excusarme-. Es que me sorprendió llegar del comedor y no verte aquí. No tienes que darme explicaciones de nada si no quieres.

- Ya lo sé -repone él con una sonrisa mientras se quita la chaqueta de cuero. Luego, la tira de cualquier forma sobre el escritorio de la izquierda-. No estés tan tenso siempre, Kenma. No es bueno.

No es la primera vez que me lo dicen, pero sigo sin saber qué responder. Lo único diferente en esta ocasión es que no me siento obligado a llenar el silencio porque mi mente está demasiado distraída con la forma tan suave en la que ha pronunciado mi nombre.

- Tengo un hambre que me muero -dice Kuroo de repente, tomando asiento a los pies de la cama de la izquierda-. Por cierto, ¿sabes que estás en mi cama? Te lo quería decir esta mañana, pero se me ha pasado.

- Elegí esta cama cuando llegué.

- Elegiste una cama que estaba elegida -replica con tranquilidad-. Llegué aquí antes que tú pero, como te he dicho antes, la primera semana es una mierda, así que después de dejar mis cosas me fui al piso de un amigo.

Sin siquiera pedir permiso a Kuroo, estiro el brazo lo suficiente como para abrir el armario que está situado al lado de la cama y, efectivamente, me encuentro con todas sus pertenencias. ¿Cómo he podido ser tan tonto como para no mirar todos los armarios de la habitación? Desde el principio he dado por hecho que mi armario es el que está situado en el lado izquierdo de la habitación, probablemente porque está cerca del baño, mientras que elegí la cama y el escritorio de la derecha porque están más cerca de la ventana. Bueno, técnicamente no elegí la cama, pues Lev lo hizo por mí, pero tras mi primera noche descubrí que esa me gustaba más que la otra. He elegido todo a mi conveniencia, sin tener en cuenta a mi compañero, ¿pero cómo iba a tenerle en cuenta si ha estado ausente toda una semana simplemente porque le apetecía?

- Mañana cambiaré las cosas de mi escritorio, pero si quieres podemos cambiar las camas ahora.

- El escritorio me da igual, por mí como si te quieres quedar los dos para ti -Kuroo se echa a reír después de ese comentario-. Pero lo de la cama sí que me gustaría, aunque ahora no es necesario. Mañana lo hacemos, ¿vale?

Habitación 212Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora