El viaje en tren es horrible porque tengo que estar luchando todo el rato por no cerrar los ojos más de un par de segundos para no quedarme dormido, pues si eso ocurre es bastante probable que no me despierte al llegar a mi estación, sino que lo haga en la de la ciudad vecina. Afortunadamente, ningún incidente de ese tipo tiene lugar.
En cuanto que me bajo del tren diviso a mis padres a lo lejos, saludándome con los brazos en alto mientras unas sonrisas radiantes surcan sus rostros. Este tipo de reunión delante de tanta gente me produce mucha vergüenza, pero no es como si pudiera hacer como si no los hubiera visto, entre otros motivos porque también tengo ganas de pasar un rato con ellos.
Nada más llegar a su altura, mi madre me encierra en un gran abrazo, a pesar de saber mejor que nadie que las muestras físicas de afecto no son lo mío. En un intento de ser un mejor hijo, decido envolver mis brazos alrededor de su cuerpo también en lugar de dejarlos colgando completamente inertes. Debo admitir que es una sensación agradable, pero se siente más natural cuando lo hago con Kuroo.
Una vez que mi madre cree que ha sido suficiente, es el turno de mi padre, quien se contenta con darme un par de palmaditas en la espalda y cargar con mi mochila. Sí, definitivamente prefiero este tipo de bienvenida.
Mientras caminamos hacia el coche, mi madre me pregunta por vigésima vez si me gusta la comida de la residencia. Según ella, me ve mucho más delgado, pero la verdad es que desde que me fui de casa he estado comiendo muchas más porquerías, así que, en todo caso, habré engordado.
Mi padre me dice que no le haga caso, que me ve mejor que nunca, pero cuando mi madre sugiere pedir comida a domicilio para celebrar mi llegada, mi padre comenta que, efectivamente, sí que he adelgazado un poco, así que quizás un poco de pollo frito me vendría bien para ganar un par de kilos más. No puedo evitar esbozar una pequeña sonrisa ante esa escena tan familiar, pero la oculto con mi pelo.
Cuando todos estamos en el coche, ambos comienzan a preguntarme tanto por las clases como por mis amigos. Mis respuestas son cortas, puede que incluso monótonas, pero mis padres, especialmente mi madre, se las arreglan para mantener la conversación viva. Llegamos a un punto en el que la conversación deja de girar en torno a mí para centrarse en sus batallitas de estudiantes universitarios. Algunas las he oído decenas de veces, pero otras son nuevas y tan reveladoras que incluso me sorprende viniendo de mis padres.
Ver mi casa después de tanto tiempo me hace extrañamente feliz. Han pasado solo dos meses desde la última vez que estuve aquí, pero parece que ha sido una eternidad, probablemente debido a todas las cosas que me han ocurrido en un espacio de tiempo tan corto.
Como todavía queda bastante tiempo para la hora de la comida, mis padres me dejan un rato a solas para que pueda acomodarme en mi habitación, pero lo único que hago es tumbarme en la cama para dormir. Sin embargo, cuando estoy a punto de sucumbir al mundo de los sueños recuerdo que tengo que avisar a Kuroo.
Cuando llega la respuesta a mi mensaje, decido leerla más tarde, pero no puedo quedarme tranquilo; debo saber lo que me ha dicho ahora mismo, aunque sea un simple emoticono.
"¿Qué planeas hacer?".
Eso sí que no me lo esperaba. Supongo que, después de todo, sí ha sido una buena idea leer su mensaje ahora.
"Dormir".
Una vez más, su respuesta es instantánea, pero en esta ocasión desearía que no lo hubiera sido. Cuanto más releo su mensaje, más frunzo el ceño, sobre todo cuando imagino su estúpida expresión al enviarlo.
"No sé si podrás hacerlo sin mí".
Como ni siquiera vale la pena responderle, vuelvo a dejar el móvil sobre la mesita de noche, obligándome posteriormente a cerrar los ojos. Al principio me resulta complicado conciliar el sueño debido a esa pequeña conversación que acabo de tener, pues Kuroo es lo único en lo que puedo pensar, pero poco a poco me voy relajando más y más hasta que llega un punto en el que me duermo. Sin embargo, a pesar de que consigo descansar un par de horas más, tras lo que solo parecen diez minutos mi madre viene a despertarme a mi habitación. Por un momento, la observo confundido, preguntándome dónde está Kuroo, pero luego recuerdo que ahora mismo ni siquiera estamos en la misma ciudad.
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Habitación 212
FanfictionKenma ha esperado durante toda su vida el momento de ir a la Universidad. Lo que más ansiaba era conocer a su compañero de habitación de la residencia de estudiantes, pero al llegar allí tiene que hacer frente a su primera gran desilusión. No obstan...
