El sábado, tal como Kuroo me promete, no salimos de nuestra habitación más que para realizar las comidas pertinentes, pero si hubiéramos tenido provisiones, ni siquiera para eso hubiéramos bajado al comedor. Como ambos disfrutamos tanto de ese día de aislamiento, Kuroo me propone comprar comida que se pueda almacenar en nuestra habitación para poder repetirlo otra vez dentro de un par de semanas. A pesar de que a lo largo del día lo único que hacemos es ver películas, jugar a videojuegos e incluso charlar, aunque esas conversaciones acaban con Kuroo haciéndome sonrojar, a medianoche me encuentro tan cansado que me quedo dormido en mitad de la película que estábamos viendo.
Así, el domingo, después de desayunar aprovechamos para hacer una visitilla a un supermercado cercano a la residencia que está abierto las veinticuatro horas del día todos los días del año. Volvemos a nuestra habitación un rato más tarde, cargados de comida que, probablemente, se acabará antes de que tengamos otra sesión como la del día anterior.
Después de la hora de la comida, no obstante, Kuroo me informa de que va a pasar la tarde en el apartamento de los chicos. Aunque me pregunta si quiero ir con él, declino su invitación de la forma más educada posible porque, en primer lugar, no me apetece pasar las últimas horas del fin de semana rodeado de personas tan escandalosas; en segundo lugar, tampoco tengo tanta confianza con su grupo de amigos como para meterme en su apartamento sin avisar; y, por último, necesito unas cuantas horas lejos de Kuroo para poder poner en orden mi cabeza.
Cuando, finalmente, me quedo a solas en la habitación, me tumbo boca abajo en la cama que llevamos compartiendo desde el jueves y hundo la cabeza en la almohada mientras cierro los ojos con fuerza. Pensaba que el cosquilleo de mi estómago se esfumaría cuando Kuroo se fuera, pero sigue instalado en mi cuerpo.
Me siento tan feliz que incluso podría gritar, aunque eso es algo más propio de alguien como Hinata. Sin embargo, una pequeña parte de mí tiene miedo de esos sentimientos incipientes que he descubierto hace unos escasos días.
Como no quiero seguir dándole vueltas al tema, me incorporo para coger mi consola de la mesita de noche y hacer tiempo hasta que Kuroo vuelva. Desafortunadamente, esa tranquilidad solo me dura un par de horas, momento en el que alguien perturba el silencio que envuelve mi habitación llamando a la puerta un par de veces. Al menos tengo claro que esa persona no es Hinata, pues lo habría hecho de una forma muchísimo más ruidosa.
La persona que se encuentra al otro lado de la puerta resulta ser Akaashi. No puedo evitar soltar un suspiro de alivio al verle, pues, aunque preferiría estar vagueando ahora mismo, él es lo más cercano que tengo a un mejor amigo en esta ciudad, así que puedo hacer esfuerzos como este de vez en cuando.
Akaashi no parece sorprendido cuando le cuento todo lo que han ocurrido a lo largo de las pasadas setenta y dos horas así que, afortunadamente, no soy el centro de la conversación por mucho rato. Su historia, por el contrario, resulta ser mucho más interesante que la mía, básicamente porque el viernes besó a Bokuto y el chico le correspondió el beso gustosamente.
- Me alegro por ti ¿supongo? -comento, inseguro. A pesar de que sus noticias son buenas, por la expresión de Akaashi parece que me está contando que ha perdido a toda su familia en un accidente-. Mira, estas cosas no se me dan demasiado bien, así que dime si debería alegrarme o no.
- Solo parcialmente -miro a Akaashi con el ceño fruncido tras esa respuesta, ¿qué demonios significa eso?-. Ser rechazado no es algo especialmente agradable, pero, a la vez, me gustaría que lo hubiera hecho. Nunca me ha gustado nadie, es como si fuera incapaz de tener sentimientos románticos por alguien, y lo que menos quiero es dañar a Bokuto-san.
- Creo recordar que me dijiste que estuviste saliendo con alguien.
- No exactamente -aclara, acentuando más todavía su expresión de descontento-. Suelo decir que era mi novio para ahorrarme los detalles, pero era más bien una relación con beneficios físicos.
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Habitación 212
Fiksi PenggemarKenma ha esperado durante toda su vida el momento de ir a la Universidad. Lo que más ansiaba era conocer a su compañero de habitación de la residencia de estudiantes, pero al llegar allí tiene que hacer frente a su primera gran desilusión. No obstan...
