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Al día siguiente Kuroo tiene que despertarme otra vez, pero en esta ocasión no hace ningún comentario jocoso acerca de la situación, sino que se limita a preguntarme cómo he podido ir a clase toda la semana que él no ha estado aquí cuando ni siquiera me inmuto al oír la alarma. La verdad es que es una buena pregunta, pero supongo que he sido capaz de estar más atento al sonido de la alarma de forma inconsciente porque sabía que si no me despertaba por mi cuenta nadie lo haría. Sin embargo, ahora que le tenía a él había vuelto a relajarme tal como hacía cuando estaba en mi casa porque sabía que mi madre iba a despertarme.

Una vez que ambos estamos listos bajamos al comedor. La idea de ir juntos me emociona porque hasta ahora no lo habíamos hecho, pero, afortunadamente, Kuroo ha conseguido domar su pelo rápidamente por lo que no me ha pedido que baje sin esperarle.

- ¿Puedo saber por qué querías que me pusiera esta camiseta otra vez? -pregunta Kuroo mientras caminamos por el pasillo. Debido a su propuesta del día anterior, está repitiendo dos días seguidos la camiseta de aliens, pero en esta ocasión la ha combinado con unos pitillos negros y unas Vans del mismo color.

- Por tus tatuajes -confieso, fijando la mirada en el suelo.

No dice nada acerca de mi respuesta (hecho que agradezco porque me había dado demasiada vergüenza tener que admitirlo como para tener que lidiar encima con sus comentarios ingeniosos), pero por su expresión puedo descifrar que le resulta interesante lo que le he dicho.

Al entrar en el comedor, todos mis amigos se quedan alucinados al vernos juntos. Mi mirada se va directamente hacia Lev, el cual frunce el ceño ante esa imagen, pero enseguida centra su atención en el vaso humeante que se encuentra delante de él. Es evidente que intenta ignorarnos.

- ¿Por qué no te sientas con nosotros? -le pregunto a Kuroo, deseando con todas mis fuerzas que su respuesta sea afirmativa.

- Muchas gracias, pero no -declina mi invitación con una sonrisa, consiguiendo que una ligera decepción se apodere de mí-. Normalmente, no me gusta tener que conversar por las mañanas, pero hago una excepción por ti.

Kuroo se dirige hacia la misma mesa en la que sentó ayer, dejándome allí pasmado en la puerta del comedor durante unos cuantos segundos hasta que reacciono y me encamino hacia donde se encuentran mis amigos. Un sentimiento extraño de calidez inunda mi pecho borrando esa momentánea decepción, pero no me gusta absolutamente nada.

Cuando tomo asiento, Lev abre la boca, pero vuelve a cerrarla al instante, dedicándole a Akaashi una mirada cargada de odio. Tengo la sensación de que ha ocurrido algo por debajo de la mesa que no he podido ver.

Comenzamos a desayunar en silencio, pero a medida que avanza el tiempo empezamos a intercambiar algunas palabras, aunque sigue siendo una situación bastante tensa. Es la primera vez que quiero terminar de comer cuanto antes para poder alejarme de ellos.

- Kenma -la voz de Kuroo me saca de mis pensamientos. Está de pie detrás de mí, lo que me desconcierta bastante porque no sé en qué momento ha llegado-. Antes de nada, hola a todos los demás.

Me vuelvo a girar para mirar a mis amigos, los cuales le devuelven el saludo con una sonrisa amistosa, a excepción de Lev, quien también le saluda de vuelta pero con una expresión un tanto difícil de descifrar. ¿Qué mosca le ha picado con Kuroo? Tan solo han cruzado unas cuantas palabras.

- ¿Vale la pena asistir a las dos clases de hoy? -inquiere el chico que se encuentra detrás de mí. Me vuelvo a girar para mirarle mientras me habla-. ¿Por qué pones esa cara?

Hasta que no lo ha mencionado no me he percatado de que mis labios se han curvado en una sonrisa divertida instantáneamente, pero me obligo a adoptar una expresión neutral otra vez.

Habitación 212Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora