16.2

2.2K 326 141
                                        

Aviso: este capítulo contiene una mención no demasiado explícita de intento de abuso sexual. Si queréis saltaros esa parte, no leáis lo que está en negrita.

Bokuto

No sé cuánto tiempo llevo bailando con el chico que conocí al salir del baño con Kuroo, pero parece que se ha cansado del tonteo sin sentido y quiere pasar a segunda fase: el beso. A medida que su rostro se va acercando más al mío siento la adrenalina usual recorrer todo mi cuerpo, pero en el momento clave, cuando nuestras narices se están tocando, cometo el craso error de abrir los ojos.

Hasta ahora, no me había fijado en el color de sus ojos porque, para ser completamente sincero, era lo que menos me importaba. Sin embargo, ahora que sé que son verdes, lo único en lo que puedo pensar es en Akaashi: sus ojos son del mismo color. Ya no siento ninguna adrenalina. Solo quiero salir de la discoteca cuanto antes, no le puedo hacer algo así a Akaashi.

Cuando giro la cara justamente en el momento en el que el chico iba a besarme, sus labios acaban impactando en mi cuello. Comienza a besarlo por encima, haciendo un poco más de presión en una zona en concreto. Antes de que deje marca, le aparto con suavidad. Una sonrisa aparece en su rostro, ya que probablemente se piensa que esto sigue siendo parte del tonteo, pero la verdad es que ya no me apetece seguir con este sinsentido.

- Creo que me voy a ir a mi casa -susurro en su oído. La sonrisa juguetona de su rostro se hace mucho más pronunciada al oír mis palabras debido a que las ha interpretado como una invitación a venir conmigo-. En serio, mañana tengo clase. Ha sido un gusto conocerte.

Hago el ademán de empezar a andar, pero el chico me lo impide agarrando mi muñeca, así que me giro con fastidio para ver que quiere. Me contempla con una expresión de incredulidad total, pero cuando le dedico una sonrisa a modo de disculpa, su agarre se hace mucho más fuerte e incluso comienza a hacerme daño. Intento zafarme de su mano sin éxito alguno.

- No puedes dejarme así -grita, para que le oiga por encima de todo el jaleo.

- Quiero irme, suéltame.

- Habértelo pensado mejor antes de actuar como una zorra.

Empiezo a ver borroso debido a que las lágrimas se han acumulado en mis ojos, pero parpadeo con rapidez en numerosas ocasiones para disiparlas. No pienso llorar delante de este imbécil.

El chico me atrae hacia sí, de forma que nuestros pechos están pegados. En ese preciso instante comienzo a agobiarme mucho, pues es más que obvio que no piensa dejarme ir hasta que no consiga algo a cambio. Si son solo un par de besos, puedo soportarlo, pero no seré capaz de llegar más allá. Ya no me parece atractivo, ahora me resulta tan repugnante que incluso sería capaz de vomitar.

- No te debo nada por haber bailado contigo.

- Estás equivocado, cariño -coloca su otra mano libre en mi nuca, guiando mi cabeza hacia sus labios. Justamente cuando creía que todo estaba perdido, alguien se choca con nosotros, provocando que el chico afloje sus agarres. Ese pequeño lapsus de tiempo es suficiente para que pueda salir corriendo en dirección a la entrada. No obstante, a medida que me alejo, puedo oír sus gritos-. ¡No corras tan rápido, calientapollas!

Cuando soy golpeado por la frialdad del exterior, siento tanta felicidad que las lágrimas vuelven a agolparse en mis ojos, pero este tampoco es lugar para ponerse sentimental. Acabo de pasar el peor rato de mi vida y con diferencia. El corazón me late tan rápido que parece que se me va a salir del pecho en cualquier momento. Por no hablar de mi muñeca, que me sigue palpitando debido a la fuerza de su agarre.

Al cabo de un par de minutos tomando grandes bocanadas de aire consigo tranquilizarme finalmente. Tenía pensado volver andando al apartamento porque es una tontería gastar dinero en un taxi cuando ni siquiera está tan lejos de donde se ubica la discoteca, pero tras lo que acaba de ocurrir, lo único que quiero es llegar a casa cuanto antes para dormir.

Afortunadamente, el taxi no tarda demasiado en llegar. Una vez que le digo al taxista la dirección a la que vamos, me dejo caer sobre la ventanilla con los ojos cerrados e intento dejar la mente en blanco.

Si no hubiera recordado a Akaashi al ver sus ojos, nada de esto habría pasado, pero supongo que en el fondo debo estarle agradecido. Solo de pensar en la posibilidad de haber llegado a algo más me repugna. Por otro lado, me siento un poco gilipollas por haber rechazado a una persona solo por el qué pensará Akaashi. No le importo ni lo más mínimo así que, ¿por qué debería resultarle relevante que me líe con alguien en una fiesta?

Exhalo un gran suspiro ante ese pensamiento. Genial, acabo de reconocer que el único chico que me resulta algo interesante pasa por completo de mí. Sin embargo, ¿cómo pretendo que no lo haga cuando ni siquiera he intentado acercarme a él más allá de charlar antes de que comiencen las clases? Es como si todo el mundo de mi alrededor hiciera progresos en su vida amorosa menos yo.

Quizás ha llegado el momento de actuar, de dejar de tener miedo al rechazo. Pero, para ello, necesito ponerme en marcha antes de que me de tiempo a echarme hacia atrás otra vez. Mañana, bueno, en un par de horas, tengo que ir a clase, aunque eso signifique luchar por mantener los párpados abiertos. No tengo ni la menor idea de qué debería hacer, pero se me ocurrirá algo sobre la marcha. De repente, vuelvo a sentirme más animado.

Al llegar a mi destino me despido del taxista con una sonrisa e incluso le dejo algo de propina. Suelen decir que todo pasa por algo, ¿no? Pues conocer a ese imbécil ha sido lo que necesitaba para lanzarme a la piscina por Akaashi, tal como Kuroo me ha aconsejado en repetidas ocasiones.

Abro la puerta del apartamento con cuidado para no despertar a Oikawa e Iwaizumi, pero para mi sorpresa, el último mencionado está tumbado en el sofá viendo la televisión. Antes de acercarme a él compruebo que lleva ropa, pues no quiero repetir ese momento en el que les encontré a ambos desnudos en el sofá tras haber mantenido relaciones ahí mismo.

- ¿Qué haces aquí? -Inquiero, deteniéndome al lado del sofá.

- Habla más bajito, Oikawa está durmiendo -me pide, mirando hacia el pasillo por si acaso aparece quejándose de que le he despertado con mi torrente de voz-. No puedo dormir, así que me he venido aquí fuera para no molestarle.

- Pues yo estoy muy cansado -digo, a la vez que se me escapa un bostezo-. Encima, he decidido ir a clase mañana porque he tomado la decisión de comenzar a enamorar al amigo guapo de Kenma. Se me acumulan las tareas.

- Literalmente, además. Creo recordar que la semana que viene tenías que entregar varios dibujos -añade Iwaizumi, consiguiendo que resople por lo bajo. Él se ríe ante mi reacción-. Sabes que me alegro de esa decisión, llevas hablando de él sin parar desde que comenzó el curso.

- Ya hablaremos más mañana -otro bostezo se me escapa, de forma que Iwaizumi me indica con la mano que me vaya a la cama de una vez-. Buenas noches. No te quedes hasta tarde aquí, que Oikawa te echará de menos.

Antes de poner rumbo hacia mi habitación, vislumbro una sonrisa un poco extraña en la cara de Iwaizumi, pero como no quiero indagar más en el tema porque no estoy del todo seguro, continúo con mi camino. Me gustaría darme una ducha antes de meterme en la cama para borrar del todo la presencia de aquel chico de mi cuerpo, pero si Iwaizumi me ha regañado por hablar demasiado alto, no quiero ni imaginar cómo se pondrá si escucha la ducha. Puedo esperar un par de horas más.

Así, cuando llego a mi habitación, lo primero que hago es activar la alarma; a continuación, me desnudo y tiro la ropa al suelo de cualquier forma, y, por último, me lanzo en la cama sin siquiera ponerme el pijama.

Tumbado sobre el colchón con los ojos cerrados para quedarme dormido de una vez, lo único en lo que puedo pensar es en las ganas que tengo de que suene la alarma, porque eso significa que veré a Akaashi.

Habitación 212Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora