El sábado, por petición popular, pasamos el resto del día en el apartamento, pero en esta ocasión, cuando comienza a anochecer, Bokuto nos acerca a la residencia en el coche, de forma que estamos allí para la hora de la cena. He de admitir que disfruto mucho de ese día porque lo único que hacemos es ver películas, aunque una de ellas fueron las de High School Musical para que Oikawa dejara de incordiar. Poco a poco me siento más cómodo entre los amigos de Kuroo, aunque soy consciente de que todavía necesitaré un par de semanas más para poder incluirlos dentro de mi reducida zona de confort.
Por el contrario, el domingo no es un día tan bueno porque, a pesar de que le dije a Kuroo que no estaba enfadado con él ni nada parecido, la tensión existente entre nosotros cada vez que interactuamos es palpable. No obstante, seguimos durmiendo en la misma cama, aunque con cuidado de no rozarnos.
El lunes, gracias a que Kuroo tiene la magnífica idea de utilizar como argumento para despertarme que esa tarde tenemos la jornada con los críos, la situación mejora considerablemente.
Si antes de que me lo recordara me daba una pereza increíble levantarme de la cama, ahora directamente me escondo debajo de las sábanas, aunque no por mucho tiempo. Kuroo, con una facilidad fascinante, me carga sobre su hombro para llevarme al cuarto de baño. Pensaba que me iba a soltar ahí para que hiciera lo que sea que tuviera que hacer, pero su verdadero objetivo es el plato de ducha.
—Ni se te ocurra —digo, en tono amenazador, al ver su mano dirigirse hacia la manilla del agua fría—. Si me mojas, te juro que esta noche espero hasta que te duermas para asfixiarte con la almohada.
—Eres encantador por las mañanas.
Kuroo me deja en el suelo mientras una sonrisa divertida cruza su rostro. No le quito la mirada de encima hasta que sale del baño, pero cuando pasa por mi lado le pego una patada.
—¡Deja de agredirme! —Exclama, masajeándose la pantorrilla.
—No quiero.
Cierro la puerta del baño con fuerza, fingiendo estar molesto, aunque la verdad es que me cuesta ocultar la sonrisa tonta que me asoma en los labios. El ambiente tenso del día anterior ha desaparecido por completo.
Las horas de clase de ese lunes pasan tan rápido que incluso me cuesta levantarme del pupitre al pensar en lo que me espera dentro de un rato cuando el último profesor del día termina la lección. No obstante, los tres nos dirigimos hacia la cafetería para comer, pues la Universidad ha tenido la decencia de invitarnos al almuerzo siempre que acreditemos que vamos a participar en la jornada enseñando el correo electrónico de confirmación que recibimos unos días atrás.
Nunca había estado en la cafetería a esta hora, así que me sorprende descubrir que está incluso más llena que durante los recesos entre clases. Lo único que espero es que la comida esté buena porque no me veo capaz de aguantar a una horda de niños chillones con el estómago vacío.
Al cabo de un rato, Oikawa aparece. Sin que nadie le diga que puede sentarse con nosotros, deposita su bolso sobre una de las sillas vacías mientras se queja de lo maleducada que es la gente, pues bajando las escaleras de la cafetería le han empujado varias veces. Kuroo se atraganta con la comida al imaginar la escena, dando lugar a que Akaashi le entregue un vaso de agua con expresión cansada.
Oikawa se va, ofendido, a pedir su comida. En ese lapsus de tiempo llega Kageyama con su bandeja, tomando asiento precisamente en la silla vacía que está al lado de aquella en la que Oikawa ha dejado su bolso. Kageyama observa el bolso durante un par de segundos, probablemente pensando que lo ha visto antes, pero como no sabe dónde, acaba por centrarse en su comida.
—Qué día más entretenido —comenta Kuroo, sonriendo por lo bajo.
Unos cuantos minutos más tarde, Oikawa vuelve con su bandeja de comida, pero cuando ve a Kageyama se queda paralizado detrás de su silla con los ojos abiertos como platos.
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Habitación 212
FanfictionKenma ha esperado durante toda su vida el momento de ir a la Universidad. Lo que más ansiaba era conocer a su compañero de habitación de la residencia de estudiantes, pero al llegar allí tiene que hacer frente a su primera gran desilusión. No obstan...
