En mayo (hacía cinco meses que duraba aquella convivencia imposible), se produjo el rompimiento definitivo. Marta y Héctor debían dos meses de alquiler que habían avanzado las otras dos. El dinero que él le había entregado tan generosamente se había acabado en poco menos de quince días, y no había vuelto a recibir ningún sobre de aquellos con el logotipo brillante de la Ford. Desde entonces para acá malvivían del dinero de ella, del que le enviaban sus padres y del de su libreta de ahorros, cuyo saldo había disminuido considerablemente.
- Por ti, Marta, lo que sea, ya lo sabes, pero no estamos dispuestas a pagar los caprichos del señorito, nosotras no somos hijas de ningún potentado. - dijo Julia con sorna.
Julia y Carmen habían iniciado la conversación con ánimo de provocarla; estaban en la terraza, a donde habían subido para estudiar; la habían llevado hasta allí con la excusa de aprovechar la luz del sol, pero en realidad se habían conjurado para abrirle los ojos y hacerle ver de una vez por todas la realidad de aquel monstruo.
- No tengo dinero ahora, - declaró Marta - os pagaré el mes que viene, si podéis esperar, no me gustaría pedírselo a mis padres. Héctor prefiere que nos espabilemos por nuestra cuenta. - suspiró - He encontrado un trabajo.
- ¿Un trabajo? ¿Tú? ¿De qué?
- En un bar de copas.
- ¿Y cuándo estudiarás?
- Por la mañana. Me lo tomaré con calma.
- Sí, claro, acabarás a las cinco de la mañana y te pondrás estudiar. Cuéntame una de vaqueros, anda.
- Pues dejaré de estudiar. - Marta lanzó los apuntes al aire con un gesto de rabia que sorprendió a las otras, porque no era propio de su carácter - Al fin y al cabo, no saco provecho de nada. No aprobaré de ninguna de las maneras, no vale la pena que me empeñe. Soy una estúpida.
- ¿Que no vale la pena? Estás en el último curso de Derecho, tienes más sobresalientes en un curso que yo en toda mi vida académica... - exclamó Carmen indignada - ¿Quién te ha metido en la cabeza que eres una estúpida?
- Da lo mismo, ahora no es el momento.
- No, ahora es el momento de míster Heineken, ¿verdad? La famosa tesis que no ha visto nadie. ¿Por qué no se pone él a trabajar en un bar? Es lo que más le pega, desde luego, así tendrá la bebida gratis.
- Tú no lo has querido nunca, ¿verdad?, no le has dado ninguna oportunidad, lo odias.
- Antes le daría la mano a un escorpión, tienes razón, al menos ellos no te engañan. Sabes que van a picarte y basta.
- Lo que quiere decir Carmen es que quizá nosotras lo conocemos un poco mejor que tú...
- ¿Qué quieres decir? - preguntó susceptible Marta.
Las chicas no habían perdido el tiempo. Habían hablado con Braulio, y le habían preguntado de dónde se había sacado aquel amigo que no conocía nadie en la facultad de Derecho. Pero Braulio tampoco sabía nada de él, les había dicho; lo había conocido poco antes; se me había presentado él en el bar de la facultad y no había parado de hacerle preguntas sobre Marta. Después no había dejado de darle la tabarra hasta que consiguió aquella primera cita. Por otra parte, Carmen y Julia habían descubierto que su nombre no constaba en los ficheros de secretaría, ni sabían nada de él en la Complutense de Madrid.
- Héctor no es... - empezó Julia.
- Si te refieres a que lo has querido enredar, te lo puedes ahorrar. Nosotros no tenemos secretos. - la cortó Marta, y le dio a esta palabra el énfasis de algo sucio.
Julia tragó saliva, había intuido que se refería al episodio de la ducha. Ella no le había dicho nada antes, para no herirla, y mira por dónde, ahora Le explotaba en la cara.
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El infierno de Marta (Pasqual Alapont)
Teen FictionCuando aceptó salir con aquel chico, Marta no sabía que ponía un pie en el infierno, y que a partir de entonces sería tan doloroso penetrar en él como tratar de escapar de allí.
