Turnos de letrina

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El día después de Reyes, Carmen y Julia llegaron puntuales y cargadas de paquetes, una detrás de otra. Hicieron grandes aspavientos las tres, como si hiciera una eternidad que no se veían; apenas pasaron del vestíbulo, como aquel que dice: dejaron las maletas por el suelo de cualquier manera y se dedicaron a abrir los regalos y a prodigarse abrazos, dando saltos, con el mismo vigor con que saltaban a la comba cuando eran pequeñas. Así las encontró Héctor al abrir la puerta al cabo de media hora. Traía tres rosas rojas y repartió una a cada una de las chicas; se le veía radiante de alegría.

Carmen y Julia repararon en que no había llamado a la puerta y recibieron la flor con una cierta tirantez. Enseguida se les cayó la venda de los ojos; se miraron de reojo y no se atrevieron a responder a su <<bienvenidas a casa>> más allá de unos protocolarios <<hola>> y <<¿cómo va eso?>>.

- ¿Os apetece una cerveza? - preguntó el chico, pero no esperó a ninguna respuesta porque no la hubo - Tenemos una negra exquisita. - dijo sonriente - Ahora vengo.

- Supongo, Marta, que nos tienes que dar una noticia bomba. - comento Julia cuando se quedaron solas.

- Deja que lo adivine, - espetó Carmen con un poco de mala leche - Héctor será de ahora en adelante nuestro mayordomo.

Pero Marta no explicó nada, simplemente se encogió de hombros.

Las chicas aceptaron la nueva situación de mala gana, por afecto y consideración a su amiga, por la forma en que les imploró sin decirles ni media palabra, bajando la cabeza; se notaba a la legua que se moría de vergüenza y no quisieron que se sintiera peor. No harían nada, si ella así lo quería. Las tres eran como los tres mosqueteros, y nadie rompería esa unión fácilmente. Así pues, decidieron tomarse a risa la nueva reglamentación de convivencia y la distribución de espacios individuales y colectivos que Héctor les fue detallando como si fuera un sargento de infantería.

- Mañana me toca limpieza de letrinas y servicio de comedor, si lo he entendido bien. - se mofó Carmen - Pero, ¿quién hará la primera guardia?

Por la noche, después de una cena fría, ella y Julia se encerraron en su habitación, <<para estudiar>>, dijeron, y estuvieron hablando un buen rato. A Marta le pareció que una falla comenzaba a abrirse entre ellas.

El infierno de Marta (Pasqual Alapont)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora