6. Devolver a Emmet

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Agatha

Avanzamos por nuestro castillo mientras nuestra forma y ropa van cambiando. Los zapatos se vuelven zapatillas, dejamos de utilizar un vestido para tener un traje, nuestro torso regresa a ser de macho y ahora tenemos un órgano viril. Seguimos caminando por el pasillo sonrientes, nuestro cabello negro ahora es corto, y tenemos facciones distintas en el rostro, lo único que no cambia es que a través de nuestro ojos se puede ver el universo.

Y hablando del universo.

Dejamos de caminar cuando encontramos a Rein, en su forma de chico, en el comedor principal. Deja de comer y se levanta del asiento, se acerca corriendo hasta nosotros.

—¿Y? ¿Capturaron a Ace? —pregunta curioso.

—Todavía no, pero ya tenemos la carnada —expresamos con confianza.

—A Blake —afirma lo que le contamos con antelación.

—Así es.

—¿Y ahora qué? —Alza una ceja —¿Van a esperar a que venga o qué?

Nos reímos.

—¡Exactamente! Ya casi tenemos el mundo a nuestros pies, es hora de descansar, rememorar como se usa un cuerpo y descubrir qué más podemos hacer —contamos emocionadas y alzamos un brazo —¡Y hay que divertirse!

—¿Me están incluyendo en eso? —pregunta ingenuo.

Agarramos su rostro, acercando el nuestro a centímetros del suyo.

—¿Qué? ¿No quieres?

—No sé.

Bufamos al alejarnos.

—Que molesto —opinamos cuando viene nuestro malhumor —. Tú indecisión nos llevó a nuestra ruptura, ¿lo olvidas?

—¡¿Todavía están enojadas?! —se queja —¡¡Yo debería ser el indignado, devuelvan a Emmet!!

Entrecerramos los ojos.

—Él ya no te quiere, acéptalo.

—Su hechizo es una farsa.

—Tu infidelidad es una farsa.

—¡Antes no les molestaba que estuviera con él! —Alza la voz.

—¡¿Quién dice que no?! —gritamos también —¡¡Que no tuviéramos cuerpo no significa que no nos molestara!! —Bufamos otra vez —Pensamos que sería diferente cuando lo obtuvimos, pero tú sigues igual, estamos cansadas de ti —Presionamos los dientes —, y hartas de perdonarte ¡¿Por qué regresas maldita seas?! ¡¡Eres tan dependiente, no sirves para nada!!

Sus ojos se humedecen y nos sobresaltamos. Que molestas emociones humanas, no vamos a sentir culpa por él.

¡No, no lo hagamos!

Mierda, lo hicimos.

Bufamos.

—Vale, deja de llorar, no quisimos decir eso.

—Pe... pero... —Nos abraza de repente —¡No me odien!

Ah somos idiotas, deberíamos haberlo matado cuando pudimos, pero ya es tarde, nuestros sentimientos no lo permitirían, además le dimos nuestro universo, es algo especial, no podemos retractarnos, es jodidamente complicado.

—No te odiamos —Apoyamos la mano en su cabeza —, pero no nos hagas repetirlo, que eso va en contra de nuestra naturaleza.

Se ríe y alza la vista a mirarme, sus ojos están llenos de lágrimas.

—Lo sé, lo siento.

Suspiramos.

—Te devolveremos a Emmet.

¡Ah somos estúpidas!

¡No, ustedes son las estúpidas!

¡Somos las mismas, idiotas!

—¿De verdad? —pregunta esperanzado y nos alejamos.

—No, solo lo vamos a pensar.

¡Eso, hay que imponerse!

Con esto no estamos llegando a ningún lado, mejor vámonos antes de que nos ponga ojitos otra vez.

—¡Esperen! —Nos sigue.

¿Por qué siempre salimos con personas que nos engañan o nos rechazan? Esto debe ser un patrón, ni que fuera una necesidad tener pareja, por favor ¿Dónde quedó nuestro amor propio? ¡¿Y el de Rein?! Mejor ni hablar.

¿Por qué lo seguimos perdonando? Debe ser que nos sentimos identificadas, por esa razón nos enamoramos de él después de todo, ha sufrido mucho y tiene bastante rencor al igual que nosotras, además es de nuestra misma especie, muchos puntos a su favor.

Y él se ensaña con Emmet, que molestia, y no podemos matarlo.

—¿Qué? —Al fin nos detenemos dejando de pensar.

—¿Pue... ¿Puedo acompañarlas? —expresa avergonzado.

¡No te sonrojes que nos volvemos locas!

¡Y mi porno gay!

¡Es nuestro porno gay!

Dejen de discutir, maldita sean.

¡Es que hablamos en plural, no en singular!

¡¿A quién le importa?!

—Puede ser —le contestamos indiferentes a Rein y luego sonreímos —¿Quieres jugar al béisbol?

Alza una ceja.

—No sabía que les gustaban esas cosas.

—Da igual, mientras la cabeza no sea la nuestra —Hacemos una carcajada.

—¿Quieren decir que van a usar la cabeza de alguien como pelota?

Abrimos una puerta y llegamos a una sala, Rein nos sigue. Cerca de la ventana, nos acercamos a un frasco que está sobre un mueble, entonces sonreímos.

—Espejito, espejito ¿Quiénes son los más guapos de todos?

Los ojos celestes del pequeño, se abren en grande al ver qué es lo que flota en el recipiente.

—¡Leik Misteik! —grita Rein.

—¡Hola! —grita la cabeza sonriente y luego se queja —¿Por qué ninguno de ustedes está en su forma de chica? ¡Me lo hacen a propósito!

—Nos gusta el porno gay —nos burlamos.

—Pero si están preciosas cuando son una mujer —Mueve las cejas.

—Lo sabemos —Pasamos la mano por nuestro cabello negro —pero no pensamos complacer a nadie, menos a ti —Nos reímos.

—¿O sea que van a jugar con su cabeza? —pregunta Rein por curiosidad, recordando a qué vinimos aquí.

Abrimos un portal y nos trasladamos, parandonos sobre la mesa, en el trascurso de ese pequeño tramo, hemos cambiado nuestro traje formal a uno de béisbol, sosteniendo un bate.

—¡Vamos a jugar! —gritamos felices moviendo el objeto en nuestras manos.

La puerta se abre y Rein deja de prestarnos atención, entonces visualizamos a Emmet entrar a la sala.

Corazón Oscuro #9Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora