Rein
Tengo un escalofrío, mi hombro se siente húmedo. Abro despacio mis ojos viendo mis largas pestañas de mujer. Mis cabellos rubios caen sobre mi rostro, solo una fibra de mis tintes celestes roza mi mejilla. Muevo aquel mechón y me inclino, aunque soy detenido, cuando toca mi brazo. La sábana que llega hasta mi cintura, no cubre mi desnudez en la zona de arriba, así que tomo la manta y me giro a ver el universo en sus ojos masculinos. Todavía estoy de espaldas hacia él, bueno en realidad ellos.
—Me despertaron —me quejo de los besos húmedos que me dieron en el hombro y hago puchero.
Se ríen.
—Eres un dormilón.
—No puedo creer que haya tenido sexo otra vez con ustedes.
—Nosotras no podemos creer que que te hayas desmayado otra vez, no duras nada —se burlan.
—¡Cállense, no opinen! —grito sonrojándome.
Se ponen la mano en la barbilla pensativas, mientras siguen recostadas detrás de mí.
—¿Qué? Pero si te gustó nuestro paquetote ¿Será por eso? Empezamos a dudar de que si fue el orgasmo universal.
—¡Dejen de decir cosas pervertidas! —Me altero más y vuelven a reírse.
—Tienes razón —Se inclinan hacia mí y me estremezco —mejor no hablemos —Mueven la tela que cubre mi pierna y me acarician.
—No... no me refería a eso.
Siento mis mejillas arder, mientras veo como la habitación cambia y regresa a verse como un universo. Unen sus labios con los míos, entonces cedo abriendo la boca. Como en otra ocasión, siento varias manos tocándome, pero cada vez esto me parece menos extraño, supongo que es la costumbre.
—Ay, esperen —Las detengo.
—¿Y ahora qué? —La habitación vuelve a la normalidad —¿Querías porno gay? —Se lo plantean seriamente —Hubieras cambiado, tanto lío no era.
—¡No es por eso! —grito nervioso.
Se ríen.
—¿Querías striptease?
—¡¿Qué?! ¡¡No digan estupideces!!
Se levantan de la cama de repente, dan un giro, vuelven a tener el boxer a través de un humo negro, luego veo que les aparece una chaqueta negra, abierta ya que se les ve el fuerte torso, no el típico traje formal que siempre usan, que les cubre todo, y además se ponen una gorra de policía en la cabeza.
—Bueno, no les queda mal —opino de su atuendo asombrado, manteniéndome sentado en la cama, cubriendo mi cuerpo con las mantas, hasta la altura de mis pechos, para aprovechar de taparlos, luego frunzo el ceño —¿Cuándo me van a enseñar a hacer eso? —Hago puchero.
Hacen una carcajada.
—No sabemos si te lo mereces.
—Malas.
—Gracías por el halago —Sonríen.
—Tengo una duda —Cambio de tema —¿Es verdad que son esa tal bruja Agatha?
Se forma un silencio que hiela mis sentidos, ya que su sonrisa se borra, parecen enojadas con la pregunta, no les gustó para nada.
—Eso lo escuchaste de Ragnak —Se se forma otro silencio hasta que vuelven a hablar, bajan la vista y presionan el puño, luego de repente suspiran —. Sí, sí lo somos —lo admiten.
—Pero... —Ahora soy yo el que hace otra pausa pensativo —pero a él le dijeron que no, ¿cierto?
Alzan la vista y me sobresalto.
—¿Por qué arruinas el ambiente? No somos más Agatha, hace tiempo que no somos esa mujer.
Me río.
—Bueno, es que ahora que lo pienso, yo nací siendo un chico y tú una chica, pero ahora estamos invertidos, ¿no las hace pensar? Suena irónico y hasta gracioso —opino.
Su humor les regresa, porque también se ríen.
—Rein, eres único.
—Bien, pero ahora quiero mi comida, muero de hambre —Alzo mis manos de chica y lanzo mi espalda hacia el colchón, sonrío ampliamente —. Necesito recuperar fuerzas, me han quitado el tiempo de mi alimento y eso no se hace —me quejo.
Por eso las detuve en primer lugar, cuando querían repetir.
La cama se hunde y me sonrojo cuando están encima de mí otra vez.
—Primero te vamos a comer nosotras y si te portas bien, te daremos todos los postres que quieras —Se acercan a mi cuello y lo chuponean.
Me agarro de sus hombros.
—Eso no es justo, ya lo hicimos, no sean tramposas, esto no es un trato justo.
Me toman de las caderas a través de las sábanas.
—¿Quién es el niño que se ha portado mal últimamente?
—Y... ¿Yo? —Hago un gimoteo cuando me vuelven a tocar.
—Exacto, desde que esta relación terminó, lo que hay entre nosotros se basa en negocios y acuerdos, así que no nos parece injusto que primero vayan nuestras necesidades.
—¡¿Siguen enojadas?! —grito indignado.
Se ríen.
—Oh Rein, tú no nos conoces enfadados, pregúntale a Ragnak, él puede decirte cuánto duró y sigue durando ese odio, época tras época.
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Corazón Oscuro #9
Fiction généraleSe bienvenido al reino de las voces. Saga Restauración #9 Por Viviana Valeria V.
