Ah, Si Tan Solo Las Miradas Mataran

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-Haruka ¿Quién es ese?- preguntó enojado

Sí, enojado por decir algo.

¿Qué había sucedido? No mucho.

Estaban en la casa de Haru jugando con Yuki como casi cada día que había transcurrido, escuchan que alguien llama a la puerta, Haru se ofrece a ir y ver quién es y solo unos minutos después, extrañado por su tardanza, Makoto decide bajar con la excusa de ir a por un vaso de agua; se hubiera esperado encontrar a alguno de sus amigos ahí, en especial a Ikuya y Hiyori que no podían vivir un día sin ver al pelinegro, o tal vez a alguna de las vecinas que necesitaba ayuda, pero no, al llegar al pie de la escalera solo se encontró con un sujeto extraño de ojos negros y cabello del color trigo parado en la entrada, abrazando a su pelinegro como si fuera lo más normal del mundo. . .

-Makoto, este es Logan Jones, es el asistente de mi entrenador personal y un buen amigo allá en América- presentó el más bajo tratando de mantener la calma por ese encuentro tan poco deseado y que causaba un tornado de emociones en su interior, se lamentaba por estar en medio de esa situación, aunque sabía que, de no estar, nada hubiera pasado –Logan, este es Tachibana Makoto y es mi mejor amigo de la infancia

-Ya veo, es un gusto conocerte Tachibana

-El gusto es mío, Jones

Y ustedes dirán: ¡Cuánta hipocresía en tan pocas palabras! ¿no? Y yo les diré: ¿Qué esperaban?

Los ojos negros destilaban desconfianza, los verdes se esforzaban por intimidar, pero en ambas miradas podías ver una gran cantidad de odio mutuo ¿Por qué? Fácil, porque Makoto veía frente a si un sujeto que parecía dispuesto a robarle lo que más quería en este mundo y Logan era lo suficientemente listo como para relacionar a ese hombre de ojos verdes con el que había dejado al pelinegro solo con una niña años atrás.

-Pero no te quedes en la puerta, Logan, entra- invitó Haru tratando de amenizar un poco el tenso ambiente –Me alegra que no te perdieras en tu primera vez en Japón

-No me tomes por un niño, Haru- reprendió con cariño acariciando su cabeza mientras entraba en la familiar vivienda llevando consigo una pequeña maleta que sin duda no contenía más cosas de las necesarias, lo que decía mucho de su dueño o eso pensó Haru mientras lo guiaba a su sala de estar para que pudiera descansar -Estoy acostumbrado a moverme por distintos lugares del mundo gracias al trabajo

-Lo sé, pero. . .

-Así que ayudas a Haru-chan en su carrera- intervino el ojiverde entrando a la sala junto con ellos porque no estaba dispuesto a retroceder en ese momento de su vida, ni en ningún otro –Supongo que debo darte las gracias por cuidarlo todo este tiempo

-No es necesario, Haru es alguien demasiado especial para mi

-Es especial para todos

-¿Pueden dejar de hablar así?- preguntó el ojiazul llamando la atención de los otros dos, quienes no se dieron cuenta de que se habían acercado con actitud retadora; al voltear ambos vieron al nadador con los brazos cruzados y una mirada seria –Me hacen sentir incómodo

-Perdona Haru- se disculpó haciendo el amago de acercarse a su amigo, pero en eso se quedó: en un intento pues el castaño ya se encontraba a su lado, con un brazo sobre su hombro y una sonrisa de inocencia total en su bonito rostro. . .vaya engaño que eso representaba, pues su mente no podía estar más lejos de los felices pensamientos acerca de gatitos, en ese momento solo podía pensar en la mejor manera de deshacerse del ojinegro

No necesitaba explicaciones o conocer toda la historia que envolvía a esos dos, le bastaba con ver la mirada que ese americano le dedicaba al más bajo para saber que estaba total y completamente enamorado de su Haru, y eso encendió un instinto que creía dormido y que le pedía eliminarlo en el acto. El pelinegro por su parte se quedó congelado ante ese toque tan ridículamente sorpresivo. . .sí, ambos habían dado pie a un acercamiento más personal en esas semanas, pero nunca delante de otras personas y mucho menos con esa actitud que gritaba a leguas: ¡Él es solo mío, aléjate ahora que puedes! Makoto en definitiva se estaba poniendo demasiado intenso para su gusto.

-Tranquilo, Haru-chan, no volverá a suceder- aseguró acercándolo a su cuerpo y obviamente Logan no se vio contento con eso, no le gustaba que otros hombres abrazaran al pelinegro en su presencia, pero detestaba aún más que fuera ese hombre en específico pues a su modo de ver no tenía ningún derecho

-Makoto. . .- soltó en un suspiro dispuesto a detener eso antes de que se transformara en algo más complicado, pero un gritito agudo y lleno de emoción lo detuvo en el acto

-¡Logan!

Demás está decir que el grito de la pequeña los sorprendió a todos, estaban tan concentrados en lo que sucedía frente a sus propios ojos que no se habían percatado de los llamados de la niña buscándolos en el piso superior o sus pasos resonando en la escalera, al menos hasta que ya había entrado en la sala y expresado su alegría como todo niño lo haría.

-¡Ahí está mi hermosa sirena!- exclamó el hombre americano tomando a Yuki en sus brazos y haciéndola girar en el aire provocando sus risas

-Te extrañé mucho- confeso la niña abrazando al hombre, habían hablado por teléfono muchas veces en ese tiempo, pero no era lo mismo pues por teléfono ella no podía mostrarle todo lo que había conocido en ese tiempo -Mami también te extrañó, ¿verdad mami?

-Sí, cariño- respondió Haru con una amable sonrisa que hizo hervir la sangre de el castaño –Me alegró tanto como me sorprendió que pudieras venir ¿no se supone que tenías mucho trabajo y que por eso. . .?

-Pues. . .tuve suerte supongo- le aseguró sonriendo entre avergonzado y aún más nervioso, casi como si le estuviera ocultando algo importante -Solo serán dos días, pero algo es algo y lo mejor de todo es que volveremos juntos a casa

No se le había ocurrido pensar en eso; ilusamente había pensado que Haru había regresado a su vida para siempre, que se quedaría en esa misma casa donde podría ir a verlo todo el tiempo hasta que pudiera ganarse su corazón por completo, pero todo eso no había sido más que una ilusión que ese sujeto americano había roto en solo unos segundos, porque el pelinegro tenía una vida muy lejos de ahí, una vida de la que él no era parte.

Errores (MakoHaru)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora