―...su estado ha mejorado en todo el tiempo que ha estado internada con nosotros, pero nos dimos cuenta de que todos los fármacos que le habían suministrado superaban las dosis permitidas con creces, y lastimosamente, se las han administrado por mucho tiempo... ―Eso es lo que está diciendo la doctora del turno de la tarde que nos atendió una vez llegamos al Sanatorio, mientras nos dejan observar a Samantha por una pequeña ventanilla que está en una puerta enorme de metal―. Según este informe que ustedes me dan de su investigador privado, la señora Samantha ha sido medicada en contra de su voluntad y por los últimos doce años... ―La mujer pasa las hojas y lee rápidamente―. Ha recibido sedantes, antidepresivos y antihistamínicos, medicamentos que a largo plazo podrían vincularse con deterioro cognitivo que podría ser irreversible... En algunos casos extremos, podrían incluso ocasionar demencia ―finaliza y nos mira con severidad.
―¿Es por eso que se ve en ese estado? ―cuestiono, una vez que fijo mi mirada en la pobre mujer que simplemente está mirando fijamente la pared como si de ello dependiera el respirar.
―Así es, señorita, la señora Samantha ha sido medicada con el único propósito de ser reducida a alguien que no pueda defenderse o pensar por sí mima, quien quiera que haya sido el que le hizo esto... No quería que la señora Samantha pudiera ser capaz de actuar con autonomía e independencia... Querían volverla loca ―susurra finalmente, mirando junto a mí a la mujer que por tantos años quise agradarle.
Y desde luego todos sabemos quién era esa persona que le hizo esto.
Nadie más y nada menos que Chuck Anderson.
¿Pero por qué razón quería hacerle eso a Samantha? ¿Por qué razón quería reducirla a tal estado catatónico? Ahora recuerdo todas esas veces en las que yo buscaba la compañía de mi madre, o un simple consejo de su parte, y siempre obtuve terribles desplantes. Recordé entonces todos esos momentos en los que Chuck debía tomar una decisión importante sobre mí y ella no hacía nada, ni siquiera un pequeño intento, por abogar por mí. Siempre dejaba que él hiciera y deshiciera conmigo.
Creí que yo no le importaba para nada, pero ahora me doy cuenta de que no era su culpa.
No fue su culpa ser otra de las víctimas de Chuck.
Y me siento muy mal por haberla puesto como mi enemiga.
Y me queda claro que no voy a poder obtener o exigir alguna respuesta como había planeado. Coloco la palma de mi mano sobre la puerta de metal que me separa de ella y me pregunto si podrá recuperarse de esto. Ella tiene derecho a vivir, a ser feliz. Ambas tenemos derecho a recuperarnos de la tormenta que fue Chuck en nuestras vidas. No podemos quedarnos desdichadas, como él pretendía.
―¿Cuándo podré hablar con ella? ―pregunto a la doctora.
―Ahora mismo, el estado de la señora Samantha es muy inestable, ya puede mantener una conversación cuerda por varios minutos, pero vuelve a su estado catatónico después de quince minutos. Hemos logrado avanzar con terapias y mucha rehabilitación, pero le hacen falta muchos meses para que pueda volver a ser la que era antes de que la medicaran... ―La doctora cruza sus brazos detrás de su espalda y me mira significativamente―. Considero que podría visitar a la señora dentro de tres meses, por lo menos, para que pueda hablar con ella por más de diez minutos ―finaliza, en tono monótono.
Aparto mi mano de la puerta y asiento.
―Bien... Vendré en tres meses, entonces ―digo y ella anota algo en su tabla.
―Perfecto, ahora, si me disculpan... Seguiré atendiendo otros pacientes... Ya conocen el camino de vuelta ―La mujer nos despide con una sonrisa impersonal y se pierde por el pasillo. Suelto un suspiro y Nevin toma mi brazo para entrelazarlo con el suyo.
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El Secuestro. (+18)
LosoweÉl tiene un enemigo. Su enemigo tiene una hija. Y él quiere a esa chica para cobrar su venganza. Una venganza por su vida robada. Presa en un mundo donde las drogas, la prostitución y las pandillas son comunes para ella, esta chica debe enfrentarse...
