CAPÍTULO 10.

34.5K 1.1K 358
                                        

Z.

Estrello mi boca contra la suya y muevo mis labios sobre los suyos en un beso caliente y posesivo, diciéndole sin palabras que ella me pertenece, cuando pruebo mi propio sabor en su boca. Muerdo su labio inferior con fuerza, ocasionando que un poco de sangre salga y se mezcle en nuestras lenguas, ella chilla por el dolor, pero absorbo el sonido en mi boca. Muevo mis labios con maestría sobre los de ella y saqueo su boca, probando su sabor como algo delicioso. Toda ella le hace algo loco a mi auto control. Muerdo sus labios y los succiono, mientras me alejo de su boca.

Ella jadea cuando mi boca encuentra esa zona erógena que hay en la curva de su cuello y clavo mis dientes en su piel sensible. Ella echa su cuello haca atrás, gimiendo y cerrando sus ojos en éxtasis, mientras me doy un festín con su cuello. Marcándola con chupetones y mordiscos duros. Sé que más tarde tendrá su cuello violeta y verde con las marcas de mis mordidas y mis agarres apretados, pero me da igual. La cadena en su cuello dificulta un poco la tarea, pero no me importa. Todo esto es sobre mí dominándola y marcándola como mía. Para siempre. Voy a hacer que no quiera estar con nadie más nunca. Aunque no pueda estar con nadie porque va a morir al final.

La disfrutaré mientras esté viva.

Dejo su cuello y agarro su cintura con mis dos manos, levantándola un poco y doblando su espalda para que se arquee hacia mi boca. Bajo por el valle de sus senos y continúo el proceso de marcar el territorio. Muerdo, lamo y chupo, dejando miles de marcas que hacen enrojecer y posteriormente oscurecer su piel blanca con un leve violeta. Su piel es muy sensible y me encanta. En cuestión de minutos, sus moretones aparecen brillantes en su piel. Llego a uno de sus pechos y muerdo su pezón con fuerza, halando la piel y enrojeciendo las puntas rosas deliciosamente. Repito el procedimiento con su otro pezón y luego le doy lametones. Muerdo sus pezones, alternando las caricias con lametazos de mi lengua y ella finalmente claudica, gimiendo y respirando con fuerza. Llevo mis dedos a su hendidura y compruebo lo que ya sabía.

— Vaya, vaya, vaya, Mariposa... ¿Te encanta esto, no? Lo que te hago —Le digo y chupo con fuerza uno de sus pezones para luego morderlo con mucha fuerza. Ella grita y me mira, sus pupilas dilatadas. — Sí, te encanta —Mamo su otro pezón, succionando cada vez con más fuerza y luego muerdo con violencia. — Veamos si puedes llegar al borde con esto —Le digo y meto dos de mis dedos en su caliente coño mojado. — Joder —Gruño.

Muevo mis dedos dentro de ella y continúo con la tortura de sus pechos. Alterno mis mordidas entre su cuello y sus pechos y ella respira con dificultad y mece sus caderas contra mis dedos, demostrándome que está cerca. La miro a los ojos y me quedo a centímetros de su boca, lamiendo sus labios y mirando el hilillo de sangre que hay en su barbilla, ocasionado por mi mordedura de hace un rato. Amenazo con presionar mis labios en los suyos, pero como sus caderas, ella se eleva hacia mí para que la bese, pero esto no funciona si es algo que ella quiere. Río suavemente sobre sus labios y la miro a los ojos maliciosamente. Ella gime cuando mis dedos la follan con más ímpetu y me mira con agonía.

— ¿Quieres correrte?—Pregunto con voz ronca. Ella muerde su labio y me tienta a besarla, pero no debo ser débil. — Vamos, dime ¿Quieres correrte, Mariposa?—Pregunto de nuevo, con una mirada taimada en mis ojos. Ella mira mis ojos y vacila, pero lame sus labios y se piensa su respuesta.

— Sí, quiero hacerlo —Responde y me lleno de satisfacción.

La estudio detenidamente.

— Y dime otra cosa, Mariposa —Murmuro— ¿Te has portado bien?—Pregunto, sabiendo la respuesta. Ella frunce el ceño y me mira con furia, pero ambos sabemos lo que es esto.

— No —Dice ella, con furia contenida en su voz.

— Sí, así es... No te has portado bien... Has luchado contra mí cada vez que he querido tomar placer de tu cuerpo... Y por eso, no tienes permiso de correrte —Le digo— Y no lo tendrás hasta que no seas obediente y complaciente, ¿entiendes?—Presiono y ella frunce el ceño, mirándome extrañada, como si eso fuera algo del otro mundo.

El Secuestro. (+18)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora