MAIKA.
Mis ojos parpadean abiertos y veo la cama desde lejos, como si yo estuviera en la otra punta de la habitación. Enfoco mis ojos y veo al hombre cómodamente acostado sobre la cama, boca abajo, con una pierna fuera de las mantas y el trasero descubierto. Él está desnudo bajo las mantas y no puedo evitar pensar que es guapo. A pesar de lo horroroso de su conducta monstruosa.
Intento mover mi cuerpo, pero justo cuando lo hago, el dolor me atraviesa. Joderrr... Lágrimas inundan mis ojos y se derraman por mis mejillas. Gimoteo y muevo mis piernas de la postura en la que durmieron toda la noche. Me asusto cuando no las siento, pero están solo entumecidas, así que espero a que cooperen y me muevo. Es entonces cuando lanzo un grito lleno de terror. Veo la sábana blanca debajo de mí, y esta está llena de sangre. Miro hacia mi coño y veo sangre seca alrededor. Ay, Dios. Ay, Dios. Ay, Dios. ¿Y si me enfermé? ¿Y si este hombre me dañó más allá de toda reparación?
No quiero esto.
Lágrimas salen a cántaros de mis ojos y sollozos silenciosos escapan de mis labios. Dios... Ayúdame. No puedo más con esto. El hombre se remueve en la cama, pero no se despierta. Es entonces, cuando veo algo en la sábana a su lado. Más sangre. De mi culo o de donde me folló anoche sobre la cama, no importa. Sé que es mi sangre. El hombre se da vuelta y las mantas caen al suelo, revelándolo desnudo y con una erección matutina. Observo la piel blanca de su pene y éste también está lleno de mi sangre. Dios mío. Ese hombre es un monstruo. Un maldito psicópata descerebrado. Sin corazón. Maldito.
Sollozo con más fuerza y dejo caer mi cabeza hacia delante. Abro los ojos y miro mis pechos. Entro en pánico. Esta no es mi piel. Esta no soy yo. Jamás he estado en una situación en la que mi piel sea violeta rojiza en vez de blanca perfecta. No debería tener marcas de dientes y de chupetones dolorosos por doquier. Una lágrima cae en la punta de mi pezón y es como si quemara de lo sensible que está. Esto es un infierno. El hombre se remueve en la cama y oigo un bostezo, seguido de la intensidad de su mirada sobre mí, pero no lo miro. No le voy a dar el gusto de verme llorar, a pesar de que tal vez ya sabe que estoy llorando.
— Qué hermosa vista, Mariposa —Dice él, con su voz ronca por el sueño— ¿Disfrutaste la noche?—Dice con evidente diversión en su voz y claudico. Necesito mirarlo.
Levanto mi mirada hacia la suya y le lanzo todo mi odio y mi furia y mi asco hacia él. Ya no hay rastro de placer en nada de esto. Ya me quedó claro que sólo dolor voy a obtener de él. Y está bien. No importa. Me da igual. Que me destruya. Igual, no creo que Chuck les haga nada a mi amiga y su familia después de que muera. Ya no me tendrá para chantajearme. Ya no existiré más. Ladeo mi cabeza y observo al hombre. Su cuello tiene leves marcas violetas, por mi hazaña con las cadenas y él se llena de furia al recordar eso.
— Dime, Mariposa... ¿Intentarás una estupidez como la de anoche de nuevo?—Pregunta y ladeo mi cabeza hacia el otro lado, estudiándolo.
— Tal vez —Digo y mi voz sale estrangulada, pero sé que me oyó.
— Bueno, entonces tendré que matarte —Dice él, como si hablara del clima.
— No te preocupes, tal vez lo haga yo por ti —Le digo, intrigándolo.
— ¿De qué hablas?—Frunce el ceño.
— Olvídalo —Le digo— Son... Delirios de loca.
— Bueno, me levantaré —Dice y se pone de pie, pero frena en seco al ver su polla. Con mi sangre. Él me mira, y a mi coño, y a las sábanas y maldice. — Joder —Dice y camina al baño.
Bueno, mierda.
¿Hola? ¿Chica desangrándose aquí? Oigo el agua en la ducha y resoplo. ¿Por cuánto tiempo planea dejarme aquí? ¿Horas? ¿Todo el día? ¿Semanas? Tiemblo cuando el aire frío de la mañana llega a mi cuerpo y ruego porque el hombre se apiade de mí y me baje de aquí. Oigo que el hombre sale del baño y hago acopio de todas mis fuerzas para girar mi cabeza y mirarlo. Él se seca con una toalla y la lanza al suelo. Busca ropa en su clóset, y empieza a vestirse lentamente, cubriendo esa belleza masculina de mi vista. Resoplo y mi mirada cae en los pantalones tirados en el suelo a sus pies. Son los que él tenía ayer. En uno de esos bolsillos él guardó la llave. ¿Es tan descabellado pensar que la llave todavía está en ese pantalón y que él la va a olvidar?
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El Secuestro. (+18)
RandomÉl tiene un enemigo. Su enemigo tiene una hija. Y él quiere a esa chica para cobrar su venganza. Una venganza por su vida robada. Presa en un mundo donde las drogas, la prostitución y las pandillas son comunes para ella, esta chica debe enfrentarse...
