capítulo 57

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En el momento en que Bulma cruzó la puerta principal de su hogar acompañada por su esposo se sintió triunfante, invencible, y no era para menos, después de tantas semanas a prueba estaba convencida de que esta etapa de redescubrimiento estaba terminando. No dudó en buscar a toda la familia para comunicar las buenas nuevas, quería gritar al mundo entero su victoria, pero era una humana, terca y resistente pero humana al fin, el cansancio logró pasarle factura amenazando con cerrar sus ojos y en cualquier momento sucumbir ante un sueño reparador, lo cual no estaba en sus planes, quería disfrutar de estas horas de felicidad sin embargo el sueño era cada vez más demandante presentándose como una agradable forma de caer, no le quedo más remedio que darse por vencida y acceder a la sugerencia de su guerrero y prepararse para acostarse.

En cambio la situación salía de proporciones para las expectativas del saiyajin, a punto de quebrar con su seriedad habitual anunció que iba a darse una ducha breve antes de acompañar a la mujer, necesitaba limpiar un poco su mente, no quería ni podía ir con una turbación al lado de su dama. Simplemente las circunstancias habían variado tanto en unas pocas horas que necesitaba unos minutos a solas, estaba listo para irse y repentinamente pudo darle a su primogénito la respuesta que tanto deseaba oír, pudo retornar junto al niño y sostener en brazos a su pequeña hija, y también pudo una vez más sostener aquello que significaba la alegría en su vida, a su humana, era un cambio tremendo a como había amanecido esa misma mañana. Pero, una realidad lo golpeó como agua helada, su sorpresa fue impactante cuando descubrió las prendas de Bulma y cada una de estas llevaba sin duda alguna la esencia que él conoció durante su primera infancia. No pudo contener su asombro, no pudo medir su tono de voz, necesitaba saber qué había hecho su mujer.

La nube de sueño que benevolente acogía a Bulma se esfumó con la aparición de un agitado peliflama, suspiró sacudiendo la cabeza para disipar toda idea de un descanso inmediato y se puso de pie. Vegeta se acercó sosteniendo las ropas, estuvo tentado de sujetarla por los hombros y sacudirla para que despertara por completo de una buena vez, en cambio la mujer se le acercó más rodeando su cuello con los brazos musitó palabras tranquilizadoras – todo está bien, no tienes por qué alarmarte, te aseguro que no hay por qué perder la calma, si puedes siéntate a mi lado y te diré todo.

A pesar de la serenidad de la mujer el príncipe no pudo restaurar la suya –sentarme? Bulma necesito que me respondas ahora mismo! Qué clase de locura has cometido? – dijo esta vez sosteniéndola con firmeza.

Lejos de preocuparse la ojiazul hace su agarre más intenso, sus brazos rodean al hombre con un aire cautivador, luciendo una sonrisa acerca el rostro al del varón – Me haces sentir halagada Vegeta –dice disfrutando la expresión extrañada de su esposo – nunca me comentaste el por qué te agradaba el color azul– sorprendido el saiyajin no atina a contestar. Bulma no puede evitar sonreír por el cariño excesivo que provocaba él en ella, era un hombre poderoso e inteligente, especial por supuesto que sí, un príncipe, pero no era más que un hombre, uno que ni siquiera podía aguardar con paciencia. Fijando sus ojos azules en él da inicio a su relato.

El pasado, hace unas horas.

La científica había escuchado de su propio esposo que en su infancia lo denominaban un prodigio de su raza, Bulma también había recibido ese calificativo desde que tuvo memoria, "prodigio" era como la describían profesores y amistades de sus padres cuando apenas y podía hablar. Lo que ella quería y para lo que había buscado ayuda en el planeta sagrado era para conocer qué significaba exactamente un prodigio para el mundo de los saiyajin, qué eran en verdad esas historias que su príncipe tan avaramente le había narrado, quería verlo y tenía derecho en hacerlo, al unir sus vidas esa familia también era suya. Y pudo verlo, el planeta Vegita, ese mundo que prometía un legado de realeza a Vegeta digno de su derecho como príncipe, el hogar de su querido y pocas veces mencionado padre. Llena de expectación la humana avanzó junto al supremo. Era por decir menos, un planeta enteramente distinto a la tierra, el palacio era también muy diferente a como Bulma lo había imaginado, pero ahí estaba un niño que caminaba detrás de un hombre al cual los demás reverenciaban. No había duda alguna en su parentesco, el parecido entre ambos era tal que sorprendió mucho a la mujer humana, ambos tenían ese aire arrogante, esa marcha firme y tan llena de seguridad, distantes a los demás guerreros, fríos en modales, ese niño era la réplica de su padre. Avanzaban consientes de su superioridad hasta un lugar de batalla, el pequeño sin temor ingresó mostrando una sonrisa prepotente, sus oponentes, los saibaiman lo atacaron sin demora pero cada uno terminó su existencia en medio de una explosión después de minutos. El príncipe salía victorioso, pero el hombre que le esperaba cruzado de brazos no le brindó ni un gesto de aprobación después de ver el esfuerzo del infante, lo que hizo fue dejar el lugar con un gesto severo. El rey no estaba contento. El niño repitió el desafío una y otra vez, hasta que los mayores le aconsejaron tomar un descanso. El joven príncipe se engalanó soberbio con sus ropajes reales y salió, se instaló él solo en un sitio alto del palacio. Allí, dejó escapar un suspiro, también dejó su postura tan correcta sentándose contra un muro y se permitió apoyar el mentón en sus rodillas. Ahí estaba rodeado de silencio y de la cálida luz del planeta Vegita en plena transición a la noche. En ese sitio permaneció hasta quedarse dormido. Estaba exhausto, para un niño debería ser impensable conducirse tan bien y de forma tan independiente, pero ahí estaba, tomando un respiro después de un arduo entrenamiento. Era un niño poderoso, inteligente, decidido, seguro de sí mismo también, todo un miembro de la realeza, pero un niño al fin, y traía este niño una expresión tan solitaria como Bulma no pudo resistir. El corazón de la humana se movió en su sitio indicando que tal situación era inaceptable, inesperada e intolerable de mantener. El supremo kaiosama tuvo tiempo para advertirle y volverle a señalar que su presencia debía ser inadvertida, estaban ahí pero nadie podía percibir su apariencia hasta que ellos decidieran intervenir. Bulma no supo lo que hacía hasta que sus piernas le llevaban con pasos lentos, clavó las uñas en las palmas de las manos y se mordió el labio, escuchó la voz del supremo pero no se detuvo hasta que eran escasos los centímetros que le distanciaban del príncipe durmiente. Entonces dudó, se detuvo a analizar al pequeño ser: un traje oscuro y sin mangas pegado al cuerpo, guantes y botas, una armadura de batalla, cuan poco iba a cambiar con los años, pero otros elementos estaban ahí: el símbolo de su linaje y la capa escarlata, dos objetos que de seguro iba a extrañar con vehemencia en un futuro próximo. Después, todo lo que bien recordaba se encontraba de la manera más adorable: un perfil fino resaltaba en sus rasgos infantiles, su infaltable ceño fruncido y la cabellera rebelde que desafiaba a la gravedad. Sin pensarlo Bulma levantó una mano para intentar pasear los dedos por el cabello y se encontró con la mirada seria del menor.

LA VERDAD DE MI PASADODonde viven las historias. Descúbrelo ahora