capítulo 47

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En su habitación Bulma había visto partir al saiyajin, lo persiguió con la mirada como muchas veces lo hizo en el pasado, pero esta vez fue enteramente distinto, el alivio que estaba ligado a su repentina liberación pronto se convirtió en confusión, una turbación que la recorría amenazando con arañar sus entrañas. El odio se hizo presente otra vez, un odio tan vehemente que estaba ligado a la noche en que el saiyajin le confesó la verdad. Casi ni tuvo tiempo para encerrarse otra vez en el laboratorio, el odio era palpable otra vez, quemaba en sus pulmones, saltaba de su mirada, una vez encerrada dejo al odio fluir, esa fuerza destructiva desbordaba de su cuerpo haciendo que odiara a todo y a todos sin preocuparle si alguien la oyera o no, si era algo bueno o no, había mentido lo suficiente con posturas amables y autocontrol, ahora era libre del amor que le enjaulaba y podía rendirse al odio que quiso consumirla desde que retornó, era libre para odiar, se odió a sí misma por la forma en que se comportó en los últimos días, odió la forma en que condujo su vida hasta ese momento, de qué le valía toda la aventura, el valor, la curiosidad y el riesgo si esa determinación le había conducido a esa sensación de soledad, de debilidad, a esa compilación de escenas de muerte, a esa ruptura con el amor. Arrojó sillas, rompió cristales, dejó pantallas hechas añicos, destruyó piezas, pisoteó datos, papeles fueron rotos, gritos fueron dichos, lo odiaba, odiaba el silencio de su pareja, odiaba los secretos que le guardó, odió su indiferencia, odió su brusquedad, odio incluso su forma de cuidarla, odio su risa, odió el amor que recibió de él, odió su negativas por vivir como un terrestre más, negándose a compartir con ella unas cuantas horas de esparcimiento. Odió a quienes les rodearon en esos planetas distantes, odiaba el ruido en su interior, el odio se manifestó incluso más fuerte que el día de la revelación y sin nadie para detenerla la destrucción no tuvo medida. Por qué la memoria debía ser tan cruel? Punzando, aguijoneando, apuntando lo que no quieres ver, recuerdos que causaban quiebres, gritos de tus propios músculos aturdidos por lo invisible, lo ineludible. Por qué debía conocer a alguien que ya conocía? Y cambiar toda la noción que Bulma creía que comprendía hasta el punto de pensar que ella misma ignoraba quién era, que los trozos de su pasado juntos se vean deformados, memorias de esa persona que bien pudieron ser falsas le hace cuestionar su propia identidad, todo esto sucedió hasta que la ojiazul pudo escuchar el sonido de su corazón retumbando por los ecos en las paredes de su propia catarsis emocional. Bulma se vio en medio del desorden, por fin una bocanada de aire fresco limpió sus pulmones al dejar fluir todo el odio, sacarlo de sus venas y de su mente le valió una destrucción tremenda en todo el laboratorio, dejó caer un tubo de sus manos con el que había estado golpeando una computadora hasta partirla por la mitad y respiró, respiró con más alivio del que nunca recordara, entonces la sensación de libertad la inundó, ese peso, esa molestia que le impedía vivir se disolvía como las nubes dispersas por el viento. Se sentó en el piso y lejos de molestarse se asombró de todo lo que ella era capaz, su risa la sorprendió pero no pudo detenerla, necesitaba reír como no lo había hecho en días, la risa terminó de relajar sus músculos permitiéndose recostarse, unos pocos vidrios rotos no eran nada para ella, ya no. Saboreando la tranquilidad en su corazón salió del laboratorio y le hecho llave para que nadie fuera testigo de su lugar de desahogo. Entonces su madre la encontró y ella al fin pudo ser capaz de hablarle con honestidad, por segunda vez se asombró de lo sencillo que le resultó confesar la verdad. Pero nadie le advirtió que no sería nada sencillo confesarle a su hijo que había echado a su padre.

El príncipe pasaba por entero una situación diferente. En su interior esperaba poder recordar los buenos momentos, que la vuelta a su mundo, al mundo que ella amaba le brindara a la humana un nuevo horizonte al verse rodeada de su trabajo y la satisfacción que envolvía su labor, también había supuesto que la humana podía verse rodeada de alegría en el reencuentro con su familia. Con impaciencia contó el pasar de las horas deseando que al menos uno de los pocos escenarios optimistas se materializara. Era una posibilidad, una pequeña y simple posibilidad de continuar con una vida juntos, mencionar que nada era igual era innecesario, ese conocimiento era tan palpable como un muro entre ellos, las mutuas expresiones que intercambiaban en la oscuridad tenían sus bases en el temor de ella más que en su deseo de proximidad, al menos así lo percibía el príncipe. Había visto a la mujer en tantas facetas pero ninguna le parecía tan atractiva como la actual, eso se explicaba él mismo que la lejanía le hacía apreciar más el natural encanto de ella, y no le quedaba más remedio de admirarla en distancia. Ella trató de darle una oportunidad, pero el recuerdo fresco de la destrucción la llevaba fácilmente al desastre. La amabilidad que ocultaba la frialdad construyó una mezcla insoportable que amalgamaba los días haciéndolos pesados, esa situación no era buena, ni para ella ni para los niños, pero egoísta como siempre el saiyajin intentó retenerla. Esfuerzo vano, esfuerzo que no le hizo ningún bien a nadie. Por eso ahora se encontraba en el templo sagrado explicando sin dar detalles la ruptura con Bulma. En un inicio los aliados se vieron conmovidos y trataron de argumentar a su favor, argumentos que él conocía a la perfección. Familia? La tuvieron, pero si algo había aprendido del mundo humano era que ese vínculo era insuficiente para mantener una unión. Un pasado juntos? Por supuesto que lo tenían y ahora que ese pasado era más rico en conocimientos era que rompían. Amor? El amor no puede convivir con el miedo ni con el rechazo, y Bulma no podía manifestar más que eso en sus horas de conciencia donde huía de la oscura mirada. Finalmente sus aliados se iban quedando rápidamente sin tema para hacerle reconsiderar su partida lejos del hogar, porque todos le conocían, todos lo vieron y vivieron en carne propia, su desdén y cada tormento que les hizo pasar. Algunos lo recordaron y evidenciaron con un escalofrío que señalaba que nunca iban a poder olvidar el pasado oscuro que rodeaba al príncipe, y sin demostrarlo le dieron la razón a Bulma.

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