Narra Bulma: Hubo una época en la que pensé falsamente que poseía todas las respuestas, armada de un montón de conocimientos técnicos y de varias aventuras, creí que al fin podía perseguir a mis anhelos cultivados desde pequeña, entregarme al amor, valerme por mí misma, caminar al lado de mi amado con la frente en alto sonriente, feliz, como no serlo después de sucesos buenos y malos, peligros y situaciones incómodas, amistades y años de venir alimentando una relación. Como no poder ser feliz, como predecir el desastre? Pero el corazón es inconstante, por qué debías ser tan inconsecuente? Por qué cambiaste de parecer, si yo aún albergo las esperanzas de que recapacites y vuelvas a mi, arrepentido y con la cabeza en su sitio, al igual que tu espíritu. Alguna vez me amaste? Tal vez no, tal vez solo fui un instrumento para tu aprendizaje, para que tú superaras tus obstáculos, pero si así era, por qué no me advertiste, por qué no detuviste esto antes de entregarte mi corazón, así no se comporta una persona que ama, así me dejas con la duda eterna, una cuestionante perpetua que me hará imposible volver a confiar. Dime que volverás, trayendo contigo mi confianza.
En su enorme jardín la joven Bulma hablaba al viento, sola perdida en sus reflexiones, aún sin poder creer la traición que pesaba sobre su orgullo, pero cada vez que su novio se le ponía en frente le era inevitable no sonreír al verlo, no sentirse nerviosa y deseosa de tenerlo cerca por más que le gritara que era un tonto, un idiota por haberla engañado, otra vez. Estaba enamorada, era una lucha constante consigo misma, verlo y fingir indiferencia. Por qué él no podía corresponderle con la misma intensidad que ella lo amaba? Debía perdonarlo una vez más, arriesgarse una vez más, verse defraudada una vez más? O tal vez no?
El príncipe salía de su arduo entrenamiento, iba cansado, cargando el peso de su linaje en los restos de su orgullo roto, pero al salir encontró a la mujer de los ojos azules en una actitud extraña, como si regañara a las nubes y a las estrellas del cielo nocturno, era una idea absurda, pero si la conocía ella era bastante capaz de intentarlo. Sin desviarse ni un paso de su destino fue andando al interior de la casa, sin embargo aguzó el oído para escuchar lo que decía la humana en medio de suspiros, "Yamcha" fue la única palabra que descifró antes de fruncir el ceño. Nadie iba a reírse de él, entró furioso al hogar de los Briefs donde la mujer rubia le ofreció alimentos. Odiaba que le llamara "apuesto" o cualquier otra forma que ella usara para referirse a él, lo odiaba. Odiaba la comida que le ofrecían, diferente, sí pero nada podría brindarle ninguna satisfacción, al irse a dormir nada le provocaba comodidad o bienestar. A pesar de todo cuanto se aislaba y trataba de no verlos, siempre terminaba encontrándoselos, a la mujer y a los demás humanos, entonces su mirada se volvía más fría, su boca se expresaba con desprecio, pero los veía y sin más remedio los escuchaba atendiendo sus negocios, los veía tomar el té en el jardín, los escuchaba hablando por aparatos similares a los rastreadores. También observó el amor entre los residentes, tanto de la pareja mayor como de la mujer de los ojos azules y el insecto. Aquello le revolvía el estómago. Nada era digno de su atención ni de su mirada, en todo existía esa corrupción de la falsedad, la hipocresía. La belleza era una simple ilusión, la felicidad un espejismo creado por débiles, todo cuanto le ofrecía el planeta de tercera donde había decidido entrenar era inútil. La vida era amarga, la vida era constancia, la vida era poder y solo el fuerte quedaba después de una batalla. Vegeta tenía una meta simple: quería sepultar cualquier residuo de sus bajos sentimientos, las cosas que había ido aprendiendo con la mujer del futuro, para así encontrar la vieja tranquilidad en tener el corazón vacío y cuando al fin se viera libre de su yo débil, cuando hubiera vencido a sus dudas, cuando silenciara a sus vicios y a cada manifiesto de su corazón, entonces y solo entonces tendría el despertar del guerrero supremo, ese gran secreto que ya otros habían revelado.
Vegeta permanecía en concentración constante, sin importarle el ardor en sus músculos ni la gravedad incrementada que amenazaba con aplastar sus huesos, continuaba con sed, lleno de dolor. Se quedaba ahí, en la cámara de gravedad hasta que el dolor desaparecía, hasta que su cuerpo le obedecía y maldecía por sus avances tan avaros. Y nuevamente se quedaba ahí, hasta que sus músculos volvían a doler, como un penitente veía su sangre gotear lentamente y la piel le quemaba. Y permanecía ahí, erguido flotando concentrado o repitiendo ejercicios, dando saltos, atacándose a sí mismo y defendiéndose de sus propios poderes. A veces se quedaba quieto, tranquilizando todo su ser, controlando cada nervio y cada músculo en breves alientos, controlando hasta los latidos de su corazón. Pero al salir de su meditación se encontraba ahí, en esa cámara donde se encerraba junto a su frustración, donde convivía cada día con su fracaso.
ESTÁS LEYENDO
LA VERDAD DE MI PASADO
FanfictionBulma no mide el peligro cuando va detrás de los muchachos, sin pretenderlo ellos se dirigen directamente a una situación llena de problemas, esta vez un extraño artefacto envía a cada uno de los presentes a distintas líneas de tiempo, para los gu...
