Durante años creí que estaba muerta, mi niña interna la que se encargaba de hacerme amar y buscarle el lado bueno a las cosas, la había asesinado. Pensé que no quedaba ni el mínimo rastro de ella, pero cuando te conocí, entendí que sólo dormía.
Me e...
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"El futuro tiene mucho nombres. Para los débiles es lo inalcanzable, para los temerosos, lo desconocido y para los valientes es la oportunidad".
—Víctor Hugo.
RAILANE VICINI
Cuatro días después:
—¿No crees que le gusté muy rápido? —cuestionó Marcella mordiendo sus uñas.
—Eres demasiado hermosa —contesté dejando de escribir—. Y él es un puerco obsesionado con las mujeres —aseguré con rabia para volver a seguir con mi tarea.
—¿Cómo me veo? —cuestionó parándose para acomodar su vestido.
Levanté la cabeza y la vi, llevaba puesto un vestido con mangas con diseños de flores hasta los codos, ajustado a su perfecto cuerpo, unas zapatillas blancas, su chocolatoso cabello con ondas y dos libras de labial rojo:
—Divina —contesté sonriendo y ella volvió a sentarse.
Jaslyn, la proxeneta, había hecho un trabajo maravilloso. Desde que le tomaron las fotos a Marcella se las mostró a Quintanilla y éste cayó rendido ante tal monumento, incluso quiso verla el mismo día, pero Jaslyn se la puso difícil diciendo que Marcella es nueva en esto y requería un poco más de tiempo para amaestrarla, él aceptó, pero insistió en verla, aunque sea de lejos. Su petición fue concedida y hoy Marcella está reluciente para él. Vendrá en algún momento junto con Jaslyn a verla sentada frente a mí. Mi padre y mi tía hicieron todo lo posible, todo, para que yo no esté aquí con Marcella ya que Quintanilla me conoce y al verme podría atentar con mi vida, sin embargo, luego de tantas súplicas aquí estoy. No pretendo dejar a Marcella sola ni un segundo.
Me encontraba de espaldas a la calle y Marcella frente a mí, mientras un abrigo negro me cubría. Continué escribiendo, pero luego llegó un mensaje a mi celular:
Suburban blanca 2019.
Lo apagué y levanté la vista hacia donde Marcella disimuladamente. Sentí la ira en ese momento hacerse presente en mi cuerpo, sujeté fuerte el lapicero y fruncí mis labios. Por un momento traté de controlarme, pero era imposible, acompañé a Marcella hoy porque aparte de no querer dejarla sola pensé que si aun tuviese la escasa probabilidad de pegarle un tiro en medio de las cejas a Quintanilla lo haría. Comencé a respirar despacio para luego hablar:
—Suburban blanca 2019.
Marcella me escuchó y disimuladamente también subió la cabeza. Aquí comenzaba todo, no despegué mi vista de ella ni un segundo.