Capítulo 26

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"Los monos son demasiado buenos para que el hombre pueda descender de ellos"

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"Los monos son demasiado buenos para que el hombre pueda descender de ellos".

—Friedrich Nietzsche.

RAILANE VICINI

Una semana después.

—Felicidades Marcella, ya estás capacitada para entrar a la casa de Quintanilla —dijo papá mirándola sonriente.

—Prometo no defraudarles —contestó ella poniéndose de pie.

—Sabemos que no lo harás —dijo mi tía acercándose para abrazarla.

Luego de eso todos salimos de la oficina de papá, yo me dirigí con Marcella hacia la explanada a lo que mi padre y mi tía se quedaron en casa para terminar de cuadrar unos negocios con los turcos. Había un hombre podando la grama por lo que optamos ir a la caseta del ring donde nos pusimos los guantes para practicar un rato.

Estaba feliz ya que mañana Marcella visitará a Quintanilla por primera vez, pero al mismo tiempo tenía miedo, no por mí sino por ella. Entraría a la boca del lobo, se estaría arriesgando y no creo que sea por dinero porque ella está consciente de que puede morir, hay algo lo cual no he podido descifrar, hay una razón más por la que ella lo está haciendo y tampoco creo que sea por mí. La miré mientras golpeaba el saco de boxeo, ha cambiado tanto desde la primera vez que la vi, nunca pensé que llegaría a mi vida a robarse mi amistad y confianza a la fuerza por más rechazos de mi parte, se veía más confiada, más peligrosa, su cuerpo había cambiado totalmente por los entrenamientos, con razón Quintanilla quedó locamente enamorado de ella desde que la vio, cualquier persona lo quedaría.

—¿Qué tanto piensas? —me preguntó acercándose a las cuerdas del ring.

—Marcella, ¿en serio no tienes miedo? —cuestioné caminando hacia ella.

—¿Miedo a que? —dijo sonriendo.

—Marcella no estarás con cualquier hombre, vas a estar con uno y muy peligroso —expliqué—. Podrías morir.

—Ya hemos hablado de esto —contestó bajando de allí.

—No es lo mismo que sepas toda la teoría que te hemos enseñado a que lo pongas en práctica —confesé cruzada de brazos.

—Raily, ¿tú tienes miedo?

Levanté la cabeza y la miré fijamente a los ojos, las gotas de sudor daban un brillo en su cara y pecho debido a la luz del sol. ¿Yo tenía miedo? Sí, muchísimo ¿Miedo a que? A perderla como perdí a Rene y a mamá. Me había dado cuenta de lo mucho que quería a Marcella, yo era muy buena mostrando frialdad para que la gente no se dé cuenta de mis sentimientos, para no ser herida, me da rabia porque desde el primer día le dije que yo no quería amigos, pero a ella no le importó y aun así aguantó mis indiferencias, mis malos humores y se hizo mi amiga, aun cuando yo lo negaba continuamente en mi mente, mi corazón sabía que sí se había robado mi amistad.

NarcotraficantesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora