Durante años creí que estaba muerta, mi niña interna la que se encargaba de hacerme amar y buscarle el lado bueno a las cosas, la había asesinado. Pensé que no quedaba ni el mínimo rastro de ella, pero cuando te conocí, entendí que sólo dormía.
Me e...
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"El sol es débil cuando se eleva primero, y cobra fuerza y coraje a medida que avanza el día".
—Charles Dickens
RAILANE VICINI
Me dejé caer en el sofá debido a lo cansada que estaba y cerré los ojos luego de sentir a Marcella sentarse a mi lado:
—Quiero subir de nuevo a una avioneta —la escuché decir emocionada.
Luego de una muy larga y seria charla en la oficina de papá con él y mi tía convenciéndome de llevar la mercancía con Marcella lo lograron y al final de todo resultó ser divertido, no quería ir con ella porque a pesar de que me estaba dando la oportunidad de brindarle mi amistad hay cosas que es mejor mantenerlas en secreto por el bien de todos. En todo el viaje no paró de hacer preguntas debido a la emoción.
Flashback:
—Es primera vez que subo a una avioneta —comentó con nostalgia mirando por la ventanilla.
—¿Te está gustando? —pregunté sonriendo mientras la miraba.
—Me encanta ¿Eres tú la que siempre piloteas?
—Mayormente sí.
—¿Y cómo le haces para que no te detecten? —cuestionó mirándome.
—Volar bajito —respondí encogida de hombros.
—¿Y no te da miedo?
Negué.
—¿Quién te enseñó?
—Mi papá.
—Eres muy afortunada, muchos desearían tener tu vida —comentó volviendo a mirar por la ventanilla.
—Y yo deseando tener la vida de otro —murmuré para mí.
Fin del Flashback.
Entregué la mercancía al cartel de Venezuela quien la recibió muy a gusto debido a que la coca que vende papá, como es de saberse, es de la buena y pura. Quedaron encantados y automáticamente me dieron un maletín con mucha lana. Ya no somos millonarios, somos billonarios.
—¿Cómo les fue? —preguntó mi tía entrando a la sala.
—¡Súper tía! —exclamó Marcella como una niña y abrí los ojos de repente al escucharla llamarla de esa manera y la miré con disimulo para ver que hacía.
Sus caras se tornaron serias y me miraron esperando a que yo dijese algo:
—¿Cómo que tía? —cuestioné con el ceño fruncido poniéndome de pie.