Capítulo 03

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"No son muertos los que en paz descansan en la tumba fría, muertos son los que tienen muerta el alma, y viven todavía"

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"No son muertos los que en paz descansan en la tumba fría, muertos son los que tienen muerta el alma, y viven todavía".

—Gustavo Adolfo Bécquer

RAILANE VICINI

Un año después:

Caminé despacio ya que me parecía placentero escuchar como sonaban las pequeñas ramas y hojas al ser aplastadas por mis timberland blancas, mientras sentía la fría brisa acariciar todo mi cuerpo, ya casi acababa invierno. Me pasé la mano izquierda por la cabeza y tiré todo mi cabello a un lado, el cual no había permitido que crezca desde que lo corté a mis 16 años, y con mi mano derecha sostenía dos ramos de Azucenas blancas.

Llegué a la lápida de mi hermana y al lado de esta se encontraba la de mamá. Estaban muy limpias, papá siempre se encargaba de que le dieran un buen aseo cada equis tiempo, los bordes de éstas estaban decorados con rosas de amapolas y debajo de ellas muchos velones blancos y rojos, mientras que sus nombres estaban escritos en letras cursivas de un color dorado brillante: Renesme Vicini Uría (2000/2013) / Richelle Uría de Vicini (1973/2013), carraspeé mi garganta para no darle cavida al gran nudo que se iba formando dentro de mí en ese momento, pero fue imposible. Coloqué cada Azucena dentro de un frasco de cristal que estaba ocupado con unas flores ya viejas las cuales lancé lejos. Me senté frente a la lápida de ambas, saqué de mi bolsillo trasero una cajetilla de cigarros y llevé uno a mi boca para después encenderlo y darle una larga calada.

Solté el humo y miré todo el alrededor, el sonido del choque de ramas causado por el viento era lo único que se podía escuchar aparte de los lejanos sonidos de pajarillos. El cielo estaba lleno de nubes y los rayos del sol eran opacos porque en unas horas comenzaría a caer la noche, miré por segunda vez los nombres de ambas en las lápidas y sentí el acostumbrado picor en mis ojos antes de llorar.

Aclaré mi garganta y sentí una ola de ira recorrer mi cuerpo, se supone que en este momento deberíamos estar juntas riéndonos y gozando de la buena vida, no en este lugar. Estaba enojada conmigo misma por el hecho de que han pasado dos años de sus muertes y no he podido encontrar a la gran escoria que las mandó a matar con el fin de hacer sufrir a mi papá, pero esta vez sí que estaba cerca de encontrarlo y cuando lo tenga en mis manos lo haré sufrir de una manera tan impresionante que me suplicará que lo perdone. Luego de haberlas perdido las veces que volví a llorar delante de alguien han sido remotas, casi siempre lloraba en las paredes oscuras de mi habitación. Sentía que la vida quería hacerme fuerte de una manera u otra, pero obligatorio, hasta que llegué a un momento en donde me cansé y dejé que la vida haga lo que le plazca conmigo. Es en ese momento donde te das cuenta de que, al fin, al fin, eres de hierro y nada te afecta.

—Feliz cumpleaños idiota —dije mirando la lápida de mi hermana a lo que dejé salir una risa por lo bajo. —Dios debe estar harto de ti de tanto que molestas en el cielo —me burlé con sarcasmo y luego mi cara se tornó seria, estaba a un paso de quebrarme por lo que cambié de tema—. ¡Saben! mañana iniciaré la universidad, que loco ¿No? Lo haré para distraer mi mente un poco, estoy muy abrumada últimamente aparte queremos distraer a Quintanilla ya que ha buscado todas las maneras de encontrarnos, pero no lo ha hecho, y supongo que yendo a la universidad sería la mejor manera, él piensa que nunca saldremos de la cueva para no ser encontrados por él... también quiero, ya sabes Rene, lo que siempre hablamos... dejar esta vida rodeada de armas y drogas, pero obviamente después que acabe con Quintanilla para poder vivir en paz —suspiré dándole una calada a mi cigarrillo—. También lo hago por papá, él está muy dolido por la pérdida de ambas, pero no lo demuestra mucho, ya saben, él siempre quiere hacerse el fuerte ante todos —hablé y me quedé unos segundos pensando. —No estoy interesada en hacer amigos, no me hacen falta y tampoco es como si los necesitase, en este mundo no se puede tener amigos, o te traicionan o se mueren —hice silencio por unos minutos hasta que mi cigarro se consumió, quise encender otro, pero quedé en hacerlo después.

NarcotraficantesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora