Aparcó el mini Cooper justo al final del callejón. El Lamborghini de Christian yacía allí, aparcado. Ninguna señal de movimiento.
— ¿Me esperas aquí, cariño? — le dijo a Phoebe. — Mama ahora viene ¿Dale?
— Sí — le dijo la niña, concentrada, con sus muñecos. Anastasia se aseguró de dejar el coche bien cerrado. Total, en ese callejón no había ni una sola casa. Y no pasa ni un alma. Anastasia echó un vistazo a el aparato que le pedía la clave de acceso. Por suerte, de momento, la memoria no le fallaba. Tecleó con ímpetu y las puertas se abrieron. No dudó ni un segundo en entrar. Los dos guardas que estaban en esa parte del pasillo se le quedaron mirando.
— ¿Qué se te ha perdido por aquí, nena?
— Uno; no me llames nena. — dijo Anastasia amenazante y enojada. Por todo. — y segundo; soy la mujer de Christian Grey, así que, déjame pasar.
— Ya, y yo soy Johnny Deep. Lo siento, solo agentes que pertenezcan a la agencia. — Anastasia se puso en frente del guarda, vacilante. Igual, o más que él. No, definitivamente, más que él.
— Mira hombre, no me quieres ver enojada — dijo, señalándolo con un dedo. — No hay nada peor que una mujer enojada con su futuro marido. Tengo una hija de cuatro años que me está esperando afuera en el coche, sé utilizar mis manos y he matado a dos mujeres, sólo porque me tocaron la moral. Cuando me enojo, hasta Christian me tiene miedo. Y si tú, pedazo de idiota, no me abres la puerta en cinco segundos te juro que te agarraré de las pelotas y te las pondré de collar, ¿Estamos? — el agente tragó saliva. Se giró hacía la máquina y las puertas de metal no tardaron en dejar pasar a Anastasia. Ella no dedicó ni una sola sonrisa. No estaba para sonreír. El ajetreo del otro día volvió a recordarle cosas. Como el polvo en la oficina de Christian. Pero... no. No podía estar o parecer feliz. No. Estaba dolida, enojada. Si era lo que pensaba... si Christian... le había sido... de nuevo... Y más cuando quedaba nada para la boda. Las miradas se centraron en ella, los hombres la devoraban, las mujeres, celosas, comentaban cosas sobre ella. Anastasia se preguntó cuál de ellas era la puta de Ross. Y no había mejor manera para saberlo:
— ¿Ross? — se plantó en medio de esa gran sala tintada de un blanco puro y calmante, y miró a su alrededor. Sin avergonzarse volvió a llamarla. — ¿Alguien me dice quién es Ross? ¿Eh? Una tal Ross que se mensajea con MI novio — dijo dejándole énfasis a la palabra.
— ¿Qué haces aquí? — sintió la voz de Christian a sus espaldas. Ella se giró y lo vio. Lo vio tan guapo, como siempre. Pero a la vez tan hijo de puta, como antes. — ¿Anastasia? ¿Qué haces? — ella se sacó el IPhone de la bolsa trasera de su pantalón y enseñó la pantalla con los sms de él y esa tal Ana. Anastasia no respondió a su pregunta. Simplemente, se limitó a formular otra:
— ¿Qué son estos mensajes en tu celular?
— ¿Qué haces tú chusmeando en mí celular? — arqueó una ceja, arrebatándoselo de las manos, y leyendo lo que él mismo había escrito.
— No sé — respondió irónicamente. — dentro de una semana seré oficialmente tu mujer, creo si tengo derecho a ojear con quién te escribes, y más si dejas tu celular en casa ¿no? — suspiro con lágrimas en los ojos. — ¿Quién es Ross?
— Pues, soy yo nena — una voz sensual, femenina sonó de nuevo, a sus espaldas — ¿Me buscas? — una chica, morena, pero de las que le quedan bien, unos ojos oscuros, hipnotizantes, una boca con labios deseables, más o menos de su estatura, y con un cuerpo que... ¿Para qué contar? No tenia los mejores pechos que se podían desear, eran pequeños, pero estaban bien puestos. Pero la chica era curvilínea, y estaba de infarto. ¿Por qué mierda todas las chicas de Christian tenían que ser una reverenda pasada?
— ¿Tienes algo con ella? — dijo con lágrimas en los ojos.
— Eh, eh, para el carro — le dijo la morena — Christian es mi mejor amigo. Él y yo no tenemos nada. Si pensaste mal de alguno de esos mensajes es porque Christian y yo siempre estamos de broma. Y lo de fiera y tigresa... — sonrió — me lo llama porque puedo beber más que él siempre que nos vamos de joda.
— ¿Acaso te he preguntado, zorra? — dijo Anastasia, con el corazón en un puño, asqueada, y muy, muy enojada. Recibió una bofetada. De parte de ella. No, la verdad es que no parecía una cualquiera... no como Leila... No parecía, no parecía un rollo o, simplemente, una ex de Christian.
— Tranquilizate — le dijo Ross.
— Ya te lo ha dicho ella, Anastasia — dijo Christian — sólo somos mejores amigos — Anastasia asintió, incrédula. Se frotó la mejilla, dolorida. ¿Quién se creía para abofetearla?
— ¿Y por que esos mensajes? — lo riñó — ¿Eh? Dime — aún centrada en su idea, Anastasia dijo lo que más le dolía; — apunto de casarnos y tú, te dedicas a gorronear con otras.
— Nena... — Ross se retiró el pelo, hacia atrás. — sé que estás enojada, y que ahora mismo no le harás caso a una extraña, ni mucho menos. Christian me habla mucho de ti, y de verdad, durante todo el tiempo que hace que lo conozco, nunca lo había visto tan enamorado.
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Protégeme 3
Fanfiction"Protegerlas siempre será mi misión" -Tercera temporada de "protégeme", es necesario haber leído la primera y segunda parte. Historia adaptada al universo de Cincuenta sombras con los personajes de Christian Grey y Anastasia Steele. Todos los crédit...
