Noche. Noche fría. Noche solitaria. Noche... estúpida noche de Los Ángeles. Christian daba vueltas en la cama. Y Anastasia decide levantarse.
—¿A Dónde vas? —se preocupa él.
—A ver la televisión —miente ella. —No puedo dormir... veré algún programa de esos estúpidos, que al menos me pueda despejar...
—Te amo —susurró él.
—También te amo —le acarició la mano y salió de la habitación. Anastasia entra a la habitación de Phoebe. Huele a niña, huele a inocencia. Huele a su hija. Observa los marcos, las fotos que hay en ellos. Los ojos se le llenan de lágrimas. ¿Y si nunca más la vuelve a ver? ¿Y si pasa como esas horribles noticias? Como esos niños desaparecidos que aún no se han encontrado, o que los encontraron muertos... o violados. Anastasia sintió miedo, horror. Se sentó, temblorosa, en la cama de su niña y cogió uno de sus peluches. Apretó los ojos, intentando no hacer ruido... al llorar. Y de pronto, algo espontáneo. El ramo de rosas. La nota. Anastasia abrió los ojos. Y sin pensarlo dos veces baja al comedor. Agarra de la secadora unos pantalones negros y de el tendedero, las botas militares. Se recoge el pelo en una coleta. Sube las escaleras de nuevo, en un sigilo. Duda si entrar y contárselo a Christian. Se resiste, y se da la vuelta.
—Lo siento... —deja escapar en un susurro. Agarra de un arrebato una pequeña mochila y se mete en el desván. Dónde todo el comando militar de Christian está allí, expuesto. Agarra un cinturón de armamento y se lo coloca en la cintura. Junto a él, un calibre 22 corta y sus balas. Pero aún así, siente que le falta algo... necesita algo. Algo más grande. Entonces, alza la vista y la ve. Allí, preciosa arma de fuego. Se sube a la escalera automática y la agarra del estante... una minigun, negra como el azabache. Pesa y no pesa a la vez. La puede cargar. Se la coloca en la espalda y cierra el desván. Agarra las llaves de su auto y atraviesa el pasillo. Y se refleja en uno de los muebles. Y se ve. Mujer fuerte, y decidida. Que va en busca de su hija, a casa morada.
—¿A dónde crees que vas? —escucha Anastasia a sus espaldas. Ahí está... la mejor amiga de Christian, aquella mujer era tan guapa. —Ross... —sonrió Anastasia. —¿Qué haces aquí?
—Sabía que Christian era capaz de hacer una locura, y esperaba que fuera él quién saliera de la casa Grey, esta noche. Pero qué gran sorpresa al ver que eras tú quien va a cometer una locura, tras lo de Phoe.
—No voy a cometer una locura, solo la iré a buscar.
—¿Acaso sabes donde está? —dijo Ross, poniendo sus manos en su cintura y arqueando las cejas.
—Sí —Ross la miró fijamente. —Bueno, lo supongo. Si no está allí, ya no se donde puede estar... —Anastasia esquivó a Ross y se fue a subir a su auto.
—Cargada de armas, ¿Y vas a subir a ese coche tan mono?
—Es mi coche, ¿Cómo voy a ir, si no?
—Anda ven, te llevo —suspiró ella. —Igualmente no me perdonaría dejarte ir sola.
—Me sé cuidar sola —dijo Anastasia dando énfasis a las palabras.
—Oh, no lo dudo —Ross abrió la puerta de su Porsche Cajun plateado y la invitó a subir. Anastasia tomó su tiempo en decidirse. —¿qué esperas? No pienso dejarte ir sola, así que decide —Anastasia bufó, y decidió de una vez por todas subirse al coche de Ross. —Entonces, ¿a dónde vamos?
—Casa morada.
—¿No crees que queda un poco lejos? —Anastasia la miró mal.
—¿Quieres llevarme o no? —Ross no se hizo esperar. Arrancó el coche y desaparecieron, dirigiéndose a las afueras de Los Ángeles. Como un destello dorado, como un simple rayo de luna.
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Protégeme 3
Fanfiction"Protegerlas siempre será mi misión" -Tercera temporada de "protégeme", es necesario haber leído la primera y segunda parte. Historia adaptada al universo de Cincuenta sombras con los personajes de Christian Grey y Anastasia Steele. Todos los crédit...
