"Protegerlas siempre será mi misión"
-Tercera temporada de "protégeme", es necesario haber leído la primera y segunda parte.
Historia adaptada al universo de Cincuenta sombras con los personajes de Christian Grey y Anastasia Steele. Todos los crédit...
—¡Idiota! —Christian apretó histérico el claxon de su auto.
—Adelántalo —le dijo Elliot señalando con el dedo. Christian hizo caso de lo que le decía su amigo y adelantó al hombre del citro en negro. Elliot bajó la ventanilla de el copiloto. —¡Hijo de puta! —Le enseñó el dedo del medio, mientras Christian corría por la carretera. Phoebe y Netan se lo pasaban bomba, sentados en dos sillitas, detrás, mirando como sus padres discutían con gente de la carretera, que ni siquiera conocían, y hablando entre ellos dos, de sus cosas ... de pequeños. Elliot les echó un vistazo. —¡Pero qué guapo te ha puesto la tía Grace, Nei! —Le dijo gracioso. Phoebe hizo puchero. —Tú también estás muy guapa, Phoe —le guiñó un ojo y Phoebe se sonrojó.
—No coquetees con mi hija —le dijo Christian mirándolo mal. Pero terminó riendo.
—Oh, lo siento. Me gustan jóvenes, pero no tanto —le siguió la corriente Elliot. —Pero de grande estará buena —Christian le pegó en la cabeza. —¡Au! ¿Qué?
—Ya hemos llegado.- Dijo Christian estacionándose donde pudo. —Anastasia me va a matar.
—Vamos, tampoco es tan tarde.
—¿Que no? Llego medio hora tarde. Me va a dejar un año sin follar.
—Lo que te faltaba —Elliot bajó y desabrochó a los dos pequeños demonios, que saltaron del coche de prisa y empezaron a correr por ahí. —Si quieres llamo a la japonesa.
—No hace falta —sonrió. —Tengo a una americana de primera que supera a cualquiera oferta Christian refiriéndose a Anastasia.
—Estás muy enamorado.
—Lo sé. —Christian cerró el coche y fue hacia Phoebe. —Mi vida, cuidado, no te ensucies —la agarró en brazos y le besó una mejilla. —Ve a la capilla con el tío Elliot ¿Sí? Nos vemos dentro de un ratito —Phoebe asintió y fue con Elliot que la agarró de la mano, junto con Netan. Christian suspiró y se fue hacia la iglesia. Abrió las puertas. Todas las miradas se centraron en él. Se adelantó y se situó en el altar.
—Siento llegar tarde —se disculpó situándose en su sitio.
Las puertas que conectaban la iglesia con la capilla se abrieron. Todos se giraron. No se veía nada.
—¿Donde está? —dijo Christian impaciente, mirando a Elliot.
—Allí —Elliot alzó la barbilla. Los ojos cafés le brillaron. —Es preciosa —Christian se incorporó de nuevo y alzó la vista. Anastasia Steel, la niña de sus ojos. No pudo evitar entre abrir la boca. Resplandecía.
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—Santo cielo... —musitó, tragando saliva. Era la novia más guapa que había visto nunca. La cola del vestido largo se arrastraba un poco por el suelo, acompañando algunos pétalos de rosa. El corcel hacía de su cintura la mejor de las curvas. Sus pechos se alzaban en un dulce invite, que Christian hubiera aprovechado si no fuera por toda aquella multitud de gente. El cabello en un recogido precioso. El sencillo maquillaje, los labios rosados, los ojos húmedos. Afrodita se quedaba pequeña a su lado. El padre de Anastasia le dedicó una última mirada a Christian, que lo incómodo un poco. En parte se sentía culpable... ¡había llegado tarde a su boda! Anastasia sonrió.
—Lo siento... —susurró Christian, una vez que ella estuvo al frente de él.
—No pasa nada... —Anastasia le acarició el pecho. —Te perdono porque eres tú... Porque es el día más feliz de mi vida, después de el nacimiento de Phoebe y porque nos espera la mejor luna de miel en Argentina... —Christian asintió. Se inclinó hacia adelante.
—No sé que decirte... preciosa es poco... —suspiró y le acarició el brazo. Ese simple hecho le hizo poner la piel de gallina a Anastasia.
—Tú vas muy guapo —sonrió ella, mordiéndose el labio, mirando a Christian, vestido de clásico, con ese traje gris, camisa blanca, la flor en el bolsillo de la americana.
—Te amo —dijo él, antes de que el cura se acercara al altar y aclarara la voz.
—Buenos días —sonrió. —Espero que todo esté bien —dijo mirando a Christian y Anastasia. —Estamos todos aquí hoy reunidos...
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