Capítulo 7

1.5K 117 8
                                        

Anastasia estaba sorprendida...se aguanto, lo que pudo, pero era imposible.

—Pero...

—No.—dijo él.

—Es que no podré...

—No.—repitió él, cortante de nuevo. —cumpla ordenes, señorita Steele.—acarició una de sus nalgas, la que minutos antes había azotado. Sintió como Christian se inclinaba hacia adelante y le desabrochaba la venda. La agarró del mentón y alzó su cara, para besarla. El sabor a sangre de Anastasia se disolvía entre las dos bocas. Claro que Christian se dio cuenta de que ella se había mordido. Adrede. Ese beso fue posesivo, autoritario. Para terminar, le mordió el labio inferior, de manera que los carnosos labios de Anastasia se hincharon más y se tornaron de un color rosado, tan deseable, que Christian quiso volverlos a besar. Ella lo miró, una vez que él se hubo separado. Llevaba unos pantalones militares anchos que le quedaban estupendos, caídos, se notaba que no llevaba bóxer. Uno, se podían notar las marcadas ingles,  trabajadas por horas de duro ejercicio. Dos, aquella...enorme erección. Aunque un bóxer tampoco cubriría mucho. Christian la observaba. No dijeron nada, Anastasia había aprendido la lección.

—Se ve tan jodidamente sexy atada a mi cama, a mi disposición— sonrió él, cruzando los brazos. —que tendría que pagar por ello.— Anastasia se mordió el labio. —¿Qué es lo que quiere, señorita Steele?—dijo él, poniéndose de rodillas detrás de ella encima de la cama. Anastasia no podía girar la cabeza, no lo podía ver. Sintió como algo suave se paseaba por su espalda, provocando un escalofrío. Una pluma, o algo por el estilo. Era una sensación agradable. —¿Quizás chupármela?—se dignó él a decir. Anastasia sintió otro sucesivo escalofrío. —no oigo una respuesta, señorita. —dijo él, cogiendo de nuevo la correa. —de veras, ¿Puede que haya oído que desea a mi fiel amigo?—rozó su erección, aún cubierta por el pantalón, contra su trasero. Anastasia gimió.

—Sí...—murmuró. —sí, sí lo deseo. Deseo cualquier cosa que usted me dé.—escuchó un gemido de Christian. La respuesta lo había satisfecho. La cama se movió, dando a entender que él había bajado de ahí. Anastasia escuchó como se desabrochaba el cinturón y como se bajaba el pantalón.

Pronto apareció de nuevo a su lado, cogiendo la protuberancia de su longitud. Se volvió a poner de rodillas a su lado. Se veía... condenadamente sensual. 'El Dios del sexo' pensó Anastasia. Completamente. Ella no quitó el ojo de la mano de Christian, subiendo y bajando...

—Demuéstreme que tanto lo desea.—posó la otra mano detrás de la cabeza de Anastasia y la acercó a él. Anastasia lo intentó meter todo dentro de su boca. Christian gimió, ante la succión, fuerte. —oh si...—jadeo. —no pare si no se lo ordeno.—se limitó a decir, recogiendo el cabello de ella, en una sofisticada coleta improvisada. Anastasia intento darle a probar de su propia medicina. Succionó de nuevo, fuerte. De la garganta de Christian, se escapó un ronco gemido. Ella movió su boca, rodeándolo todo con sus labios. Anastasia se apartó. Lo recorrió con su lengua y plantó un cariñosos beso.

—Hummm...—Anastasia decidió torturarlo un poco. Lo mordió, suavemente. Christian gimió.

—No ha podido hacer eso.—se quejó. —oh, eso vale por un castigo.—sonrió, retirándose de su lado, aún más excitado que antes, empalmado, al límite. Se colocó atrás de ella, inclinándose, le volvió a poner las pinzas en los pezones. Anastasia apretó los ojos. De nuevo esa dulce sensación de dolor, punzadas que enviaban suspiros calientes hasta su palpitante sexo. Christian rozó su entrepierna con el sexo de ella, vibrante. La metió, de una plena sacudida.

—Ohhh...—gimió Anastasia. —sí, sí, sí...—era lo que quería. Pero Christian no se lo pensaba dar. Se movió, poquito, rápido, sin salir de ella. Y luego, término por sacarla, completamente. Anastasia gimió, quejándose.

—Perdone, señorita mía.—se levantó. —iré al baño a hacerme una paja, para terminar con esto...—sonrió. —eso le pasa por morderme donde y cuando no debió hacerlo...—Anastasia quedó con la boca entre abierta, sintiendo como Christian desaparecía, cumpliendo su palabra. ¿Era tan cabrón de dejarla así? Atada a la cama, con las piernas abiertas, y con las ganas que tendría una gata en celo.

Se dio por rendida, cuando volvió a sentir como unas manos la tomaban del trasero, y empujaban...metiéndose de nuevo dentro de ella. Agradeció el cambio de opinión de Christian, en un agudo gemido de sorpresa...y de gusto.

—¿No que iba a hacerse una paja para apaciguarse?

—Mi mano no podrá sustituir nunca...—suspiró. —esta delicia tuya.—Anastasia jadeo. —no soy tan idiota como para dejarte a medias en uno de los polvos más grandes que hemos tenido.

—¡Ah!—jadeo Anastasia sintiendo como Christian la penetraba con fuerza, una y otra vez. —no pares...no.—Christian compaginaba de maravilla, el ritmo, el tiempo, el número de embestidas. La agarró de la cintura, metiéndose, hasta dentro de sus entrañas. Jadeo, sintiendo como Anastasia también llegaba a su orgasmo. Y esa fue la gota que colmó el vaso, las palabras de ella, jadeantes, cardiacas, a pulso;

—Mi señor...—murmuró Anastasia. —¿Y ahora? ¿Puedo correrme?—un largo y ronco 'Si' terminó, acompañando un intenso orgasmo que acabo escurriéndose por los muslos de Anastasia. El juego ha terminado.

Protégeme 3Donde viven las historias. Descúbrelo ahora