Capítulo 23

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Anastasia se tumbó boca abajo. Agotada. Christian le acarició la espalda. Ella suspiró.

— Siempre terminamos de la misma manera — Christian rió.

— Cierto — apoyó su cabeza al lado de la de ella. — ¿No te gusta?

— Me encanta, pero de ese modo sí que nos aburriremos uno del otro.

— No lo creo.

— Yo sí — le dijo ella, enseñándole la lengua. Christian sonrió, pícaro.

— Tú crees eso porque eres la que cae primero.

— ¿Perdona?

— Ajá —  dijo él levantándose desinteresadamente. Anastasia lo detuvo por el hombro.

— No, no, ¿perdona? — repitió. — ¿Qué soy yo la que cae primero? Pero si eres tú el que no podría estar una semana sin...

— ¿Sin qué, reina?

— Sin follarme — admitió definitivamente. Christian entre abrió la boca, divertido.

— Eso lo dirás. Eres tú, guapetona la que no podría resistir una semana sin montarme — le guiñó un ojo.

— ¿Apostamos? — dijo ella definitiva, levantándose, vacilante delante de él. Christian no pudo evitar mirar el cuerpo desnudo de ella. Por el lado femenino, los ojos color azul repasaron de los músculos a los abdominales.

— Vamos, dale — dijo Christian inclinándose a ella para besarla. Pero antes que esto, viendo divertido como Anastasia ya ponía la boquita en forma de pez, le espetó: — ¿Estás segura de que quieres torturarte?

— ¿Torturarme? Serás tú el que explote.

— Ya veremos eso.

— Bueno. Sí, ya lo veremos — le guiñó un ojo. — ni besos, ni masturbación — lo miró. Mal. — me refiero a que no puedes meterme los dedos, y tú... — volvió a mirarlo, descarada. — no puedes hacerte ni una sola paja. Porque lo notaré.

— Entonces... — dijo Christian abriendo de una revolada el Cajón de la mesita. Sacó un pequeño vibrador.  — esto mejor se queda conmigo ¿no? — Anastasia se sonrojó.

— Quédatelo, no importa.

— ¿Seguro? — la picó Christian. — ¿No crees que te pasas un poco? ¿Ni un beso?

— No, vamos a ver, si tanto puedes aguantar...

— Una semana — concluyó Christian.

— Ni más ni menos, justo hasta el día de bodas...

— ¿Sabes que esa noche de bodas será explosiva?

— Sí, lo sé. Pero lo sería igual si lo hiciéramos durante la semana...

— Vamos a abstenernos siete días... a ver que pasa — le guiñó un ojo. — pero caerás primero.

— No, caerás tú primero. Quien pierda mmmhhh... — hizo una pausa. — se currará al striptease de la noche de bodas — a Anastasia se le iluminó la cara con una sonrisa.

— Echo, bonita.

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