Alfa mimado

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Luchaba con todas mis fuerzas para no llorar en el camino, pero es que realmente sus palabras me afectaron demasiado, lo dijo de una forma cómo si todo lo que yo hiciera no fuera importante. Mis canciones no hablaban de temas sin sentido o basura auditiva, tenían mensajes importantes sobre temas importantes. Para mi era arte, arte en todo su esplendor.

Coloqué lo más rápido que pude el código en el panel de seguridad en la casa Park, los enormes portones de afuera se abrieron y me dieron acceso al jardín, corrí hasta la puerta principal y la abrí sin pensar. Pensé que no había nadie, que equivocado estaba. Los señores Park se asustaron por mi repentina y ruidosa entrada, ambos estaba en el sofá principal viendo una película, pero Jimin no estaba con ellos.

-¡Yoongi! ¿cómo estas cari?- me saludó la madre de Jimin con alegría.

-U-uh b-bien, ¿Ustedes?- El tono de mi voz alarmó a ambos adultos, claramente era demasiado notorio en mi rostro las inmensas ganas de llorar.

-¿Te encuentras bien Yoongi?- El señor Park  me tomó por los hombros asustado y mirándome preocupado.

-N-no, no es...

-¿Yoongi?- la dulce voz de Jimin sonó desde las escaleras, haciéndome voltear al instante.

No lo pensé y corrí hasta él, corrí y me lancé a sus brazos sin importarme que a veces Jimin huye del contacto físico, escondí mi rostro en su cuello y me rompí. Lloré tan fuerte y triste como nunca lo había echo.

-Nosotros saldremos un rato- escuché a lo lejos a los señores Park, seguido de la puerta abriéndose y el silencio de la casa.

No dije nada, solo lloré, lloré en su cuello mientras abrazaba su cintura y Jimin me veía confundido y asustado. Sentí después de unos segundos sus brazos rodear mi espalda  y acariciarla despacio.

-¿Qué sucedió Yoongi?, ¿por qué estas así?- habló temeroso.

-Te lo explicare en un rato, s-solo d-déjame... déjame llorar aquí- le dije entre sollozos.

Me quedé ahí un largo tiempo, Jimin no preguntó más y se lo agradezco internamente, solo me abrazó y acarició  mi cabello tratando de darme consuelo.

Mis lágrimas no parecían parar, ya había empapado su cuello y parte de su camiseta pero todavía no me desahogaba completamente.

Llorar se sentía extraño a este punto de mi vida, nunca imaginé que a mis 20 estaría llorando por las palabrotas de mi padre, no le importó mis sentimientos e insultó mis sueños e ilusiones cómo si no importaran. Me sentí asqueroso e impotente en ese momento que la única cosa sana que rodeaba por mis pensamientos era Jimin, el lindo y precioso omega dueño de mi corazón.

Sentí que estaba por hiperventilar, o tal vez ya lo estaba haciendo, no lo sabía pero me sentía muy mal.

-Yoongi, ¿Te sientes mal?- su voz preocupada me terminó de confirmar que, efectivamente, estaba hiperventilando.

-¡Yoon! Dios, ¿Qué hago?.

Dejé de escuchar por un instante y caí.

Me desmayé y lo último que logré escuchar, casi cómo un susurro, fue a Jimin gritar mi nombre. Todo se volvió oscuro.


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Mis ojos se abrieron rápidamente después de un tiempo inconciente, mi cabeza dolia un poco y mis ojos ardian levemente. Carraspé un poco estirando mi brazo en busca de agua, siempre dejaba una botella de agua a un lado de mi cama, pero algo estaba mal.

-Esta no es mi habitación- susurré para mi mismo, entrando en razón, sin percatarme que había más personas presentes.

-¡Mamá! Yoongi despertó- distinguí la voz de Jimin en algún lado del cuarto.

El Rarito De Los ParkHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora