Abuela Lin

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Sus dedos seguían cosquilleandole de vez en cuando, mas cuando entraba a la cocina y aquel postre de la abuela le picaba en la nariz.

Curiosamente ese delicioso postre tenía el mismo aroma de Jung SooIn, y no le dejaba pensar con claridad todo el caos que había en su mente.
A pesar de ser un "temible" alfa, quién antes fue un idiota, amaba ayudarle a su abuela en la cocina, hornear galletas de canela y beber café por las frias tardes de invierno mientras se sentaban a ver esos dramas cliché que pasaban por television.
No tenía muchos amigos para salir con ellos, solo hongseok y LeeHi, a la cual le había causado mucho daño y se arrepiente de todo.
Era incoprensible el cómo ella seguía en contacto con él y continuaban frecuentandose.

El quejido de dolor de su abuela llamó su atención.
Se había quemado con la orilla de la sartén.

-¿qué haces con eso abuela?.- preguntó preocupado, retirando delicadamente el sartén caliente y colocandole una toallita húmeda en el dedo.

-Pensé que tendrias hambre.

-No es necesario que cocines para mi, puedo hacerlo solo.-  le acarició el rostro, ahora buscando el botiquín para colocarle algún desinfectante y un aposito en el dedo índice.
La abuela Lin aguardó pacientemente en la silla del pequeño comedor de madera, deslumbrada por la cálidad de su querido y amado nieto.
Sabía perfectamente lo dificil que era para Youngjae pasar del campo a la gran ciudad, y que este se dedicara a cuidarla con tanta emoción y cariño le causaban estragos a su anciano corazón.

Cuando su dedito fue vendado, y el temporizador del horno comenzó a sonar, fue momento de sacar las tartas calientes y dejarlas enfriar.
Youngjae se encargó de todo eso, colocando las charolas calientes sobre la estufa con mucho cuidado para no quemarse, y quitando los aluminios para dejar salir el vapor. Aquellos deliciosos postres debian cocinarse a baño maria por aproximadamente una hora, y dejarse enfriar para luego poder atiborrarse hasta decir ya no más.
La abuela se movió con agilidad por la cocina, recogiendo los utencilios usados para ponerlos dentro del fregadero y comenzar a lavarlos, pero una vez mas su nieto se interpuso.
A pesar de que la abuela tenía un nuevo lavavajillas, el cual los padres de Youngjae le compraron para que no perdiera el tiempo lavando a mano, la anciana omega era muy tradicional en aspectos del hogar, así que nunca habia usado esa cosa y prefería seguir lavando comunmente.

Youngjae la comprendía perfectamente, no es fácil adaptarse, por eso el lavaba todos los platos para que la abuela pudiese descansar.

-Haz estado muy distraido cachorrito.- la dulce voz de su abuela le sacó de sus pensamientos, y la mancha del cloro sobre su manga también.-¿Pasa algo malo?

El alfa niega con voz silenciosa, agachando la cabeza apenado y retomando su labor de limpieza, pero la abuela Lin continus incistiendo y no puede mentirle a su rayito de sol.

-Son cosas de sentimientos abuela, estoy confundido.- responde tímido, secando sus manos y presionando el botón del café.- Hice algo que a mi parecer fue incorrecto y no puedo sacarmelo de la cabeza.

-¿Le robaste a alguien?

-¡N-no, juro que no!

-¿Entonces?

Se mantuvo en silencio, cerrando la llave del fregadero y tomando asiento junto  a su abuela mientras secaba sus manos.

Tal vez ella podría aconsejarle, era una mujer mayor y alguna vez leyó que estas eran las mas sabias.
Probablemente conocía sobre los predestinados y estaba casi seguro que le explicaría con una sonrisa sin dudar.

Siempre a sido así.

Con un corazón igual de grande que su sonrisa y un alma generosa.

Aún no entendía cómo es que su padre no la visitaba tanto, su abuelita era tan cool.
Con todos esos manteles bordados a mano y el como gastaba el dinero en frituras y dulces que tanto amaba sin importarle el azúcar o el alto contenido en grasas.

El Rarito De Los ParkHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora