Lía Davies.
Los días pasaron al igual que las semanas, mis días eran igual a los anteriores en la cuestión de trabajo. Mi tiempo en casa junto a Aedus y amigos es maravilloso. El sexo entre nosotros es maravilloso.
–¿En qué piensas, pequeña?
Su ronca y sexy voz se hace oír.
–En el maravilloso sexo que tenemos.
Aedus camina hasta a mí y me rodea desde atrás. Estoy inclinada en el mesón tomando jugo.
–Piensas en como te hago gritar cuando te penetro.
Él acaricia mi trasero desde su puesto y cuando echa su pelvis había delante puedo sentir como su pene se pone duro.
–Pensaba en como disfruto abrirme para ti y en como tú lengua me hace estremecer.
De un solo tirón y movimiento quedo recostada en el mesón.
–Me pongo duro de solo oírte hablar, preciosa.
Su pene se mueve en medio en mi trasero. Dejo escapar un suspiro cuando siento su lengua en el lóbulo de mi oreja. Doy media vuelta quedando frente al hombre que amo y beso sus labios. Sus manos frías se cuelan por debajo de mi camisa de tiras, acaricia mis pezones y tira de ellos.
–Te amo, cariño.
Mi voz sale suave y baja, pero al notar su sonrisa contra mi boca, supe que me escuchó.
–Te amo, linda.
Segundos después mi camisa y shorts están en el piso y mientras Ardua acaricia mi entrada cierro los ojos disfrutando de su toque.
–Estás tan mojada–sus labios vuelven a los míos, hasta que el timbre de la puerta suena.
–Deja que se vayan.
El timbre vuelve a sonar más de una vez hasta que Aedus saca sus dedos de mí.
–Iré a ver quién es.
Asiento. Busco mi ropa estando aún excitada, la persona que vino no pudo elegir momento. Término de vestirme y enjuago mi cara, respiro hondo y salgo de la cocina.
–He venido para saludarlos.
Madison está de pie mientras el pelinegro cierra la puerta. Ambos se abrazan y cuando sus ojos azules se posan en mi, se queda callada. Camino a ellos y estando cerca de ellos, la saludo.
–Hola, Lía.
Mad me mira mientras hago lo mismo con ella. Su pelo rubio se ve más apagado, su rostro y cuerpo está más delgado de lo normal.
–¿Qué tal tu vida?–pregunto.
La rubia mira a mi chico y cuando él asiente se retira y sube las escaleras. Cuando estamos solas Madison rompe en llanto y me abraza sin esperarlo.
–Va muy mal. Desde hace un mes vivo en un piso que está del asco, nadie me da trabajo por ser menor de edad y no he comido desde ese entonces.
Le devuelvo el abrazo aprentadola con fuerza y dejando ir el encanto que tenía con ella, beso su cabeza.
–¿Por qué vivías en un piso?
Mad limpia su nariz con la manga de su camisa.
–Rocio me echó de la casa cuando el chico que le gustaba le aclaró que no quería nada con ella porque yo le gusto.
Dejo que ella me siga contando y cuando acaba se limpia las lágrimas.
–¿Por qué no me llamaste, Mad?
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Sálvame
Teen FictionEl futuro que le espera a Lía no será nada fácil, ella intentará proteger a su hermana y no dejará que la renten a aquel lugar al que su madrastra la obligará a ir tomando el puesto de su hermanita. Lía buscará la forma de escapar llevando con ella...
