48. Recuerdos y Muerte.

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Hoy por alguna razón me despierto con el cuerpo pesado en una habitación desconocida. Pero antes de que la preocupación me invadiera una figura familiar entra en mi campo de visión. Es Rose-san.

Por ahora me siento en la cama y noto como lágrimas corren por el rostro de Rose-san. Al percatarse de mi cara de extrañeza, empieza a limpiarse rápidamente. Sin poder entender la razón tras su llanto, le pregunto.

—Rose-san, ¿por qué estás llorando? ¿Tanto dormí? —me extrañaría que esa fuera la razón, la verdad.

Y la situación ya de por sí rara pasó a ser desconcertante con la presencia que entró corriendo por la puerta. Era una niña pequeña de pelo plateado y ojos rojos. Aunque no recuerdo conocerla, algo en ella me es familiar.

Pero la niña no me da tiempo a reaccionar y me abraza fuertemente mientras lloraba sin parar. Estaba confundida, pero por alguna razón sentía como él corazón se me estrujaba. ¿Por qué?

—¡Onee-chan... onee-chan! —una extraña incomodidad recorre mi cuerpo que reacciona ante estas palabras. Otra vez, ¿por qué?

Aunque lo piense las respuestas no aparecen y en su lugar un dolor de cabeza me impide seguir. Mi cuerpo reacciona por sí solo, respondiendo al abrazo y acariciando su cabeza. Claro que no duró mucho pues la razón me detuvo de seguir teniendo este tipo de contacto con una desconocida.

—Uhm, agradezco la preocupación. Como puedes ver, yo estoy bien. —por ahora trato de tranquilizarla pues se veía preocupada— Más importante... —la alejo suavemente para poder ver bien su rostro— Tú, ¿quién eres?

—¿Eh? —su expresión de desconcierto era aún mayor que la mía.

—Ah, pido disculpa si ya nos habíamos presentado. Tal vez nos conocimos en alguna fiesta pero siendo sincera, no recuerdo su nombre.

—¿Qué estas diciendo Onee-chan? Soy yo... Runa.

—¿Runa? —cierro mis ojos y hago un esfuerzo por recordar, pero nada me viene a la cabeza. —Lo siento, no me suena.

Ella no dijo nada, quedó como de piedra. Sin pensar, mis manos estaban secando sus lágrimas. Su cara se veía muy pálida. Mirándola bien creo que se parece a mamá, esa es de seguro la fuente de la familiaridad que siento de ella.

—¿Estás bien? —mientras digo esto Rose-san se acerca donde la chica y me mira con desconcierto.

No entiendo nada de nada. Pero espera... Hay varios puntos sospechosos si lo pienso. Yo no la conozco pero ella me conoce. Además se parece mucho a mamá y me llama Onee-chan... no puede ser...

—Dime, ¿por qué me llamas Onee-chan?

Pensé que nuevamente se quedaría callada pero esta vez con su cabeza baja y una voz débil me respondió.

—Porque soy la hermana menor de Onee-chan. —verla así me provoca una punzada en el pecho. Sobre todo esa última palabra, me causa una incomodidad indescriptible.

Pero esto lo deja claro.

—¡Ya veo! ¡Eres la hija oculta que mamá tuvo con su amante! —convencida, dirijo mi mirada a Rose-san— ¿No es así?

Pero la reacción no es la esperada. Rose-san está boquiabierta. Y la niña murmura preguntas para sí misma.

—¿Hija oculta? ¿Amante? —aunque podía escucharla perfectamente.

De repente Rose-san parecía enojada. ¿Habré dicho algo malo?

—¡Lily-sama, deje de bromear por favor! ¡En verdad nos tenías preocupada! ¡Y ahora qué estas diciendo de repente! —es muy raro ver a Rose-san tan enojada conmigo.

Isekai Yo que Reencarne y Ellos que fueron Invocados Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora