49. Misericordia de Dios.

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Abrí mis ojos con espanto mientras el desespero y la ansiedad se apoderaban de mí. Tenía la respiración agitada y el corazón acelerado, por primera vez desde que existo sentí el miedo de no volver a ver la luz tras esa eterna oscuridad.

Es extraño, recuerdo antes desear solo ser engullida por la oscuridad y no tener que regresar a lo que comúnmente llamamos “realidad”. Si, por una vez mi lugar de descanso en la tibieza de las tinieblas se volvió un lugar frío y solitario. Quizás lo fue desde el principio. Pero entonces, ¿qué era diferente ahora? ¿Por qué ahora lo veía diferente?

Ciertamente podía sentirlo como por instinto, una forma de percibir demasiado alejada de la certeza, pero en estos momentos más confiable que esta. Así es, yo tenía una razón para despertarme. Esa razón que volteo mi mundo e intercambio los lugares de mi cálido sueño y la  pesadilla llamada realidad.

Sí, eso es… por eso me despierto con una visión diferente, por eso en lugar de temer abrir mis ojos ahora temo no poder abrirlos nunca más. Tal vez esta sea la visión normal de las personas, esto es lo que llaman despertarse de una horrible y solitaria pesadilla y volver a la “realidad”.

Realmente era un experiencia completamente nueva para mí que en dos vidas que he llevado, aún no alcanzo el conocimiento y mucho menos la experiencia de una persona normal. Aún así no puedo decir que desperté donde me hubiera gustado. Este es un lugar desagradable.

Es como despertar de una pesadilla solo para entrar en otra. Ahora lo recuerdo todo al ver la figura frente a mí.

Mi razón, mi salvación, mi ser más querido… mi hermana menor, Runa.

Podía escuchar sus gritos desgarradores mientras sostenía mi cuerpo inerte. Pero yo no estaba allí, yo estaba fuera como una espectadora observándolo todo. Esa del suelo no era yo, era un cuerpo sin vida.

Traté de decirle que yo estaba aquí, que estaba bien. Pero mi boca no era capaz de producir ningún sonido. Cuando intento acercarme unas cadenas salidas de la nada retienen todo mi cuerpo.

Realmente solo podía mirar con estupor las escenas que se desarrollaban frente a mí. En un instante atravesó un cuerpo y este cayó inerte al suelo. No noté que se trataba de Rose-san hasta que su cuerpo tocó el suelo y aún así mi mirada solo se desvió por un instante, pues mis ojos se negaban a apartarse de aquella pequeña figura atormentada por el dolor. Mientras más gritaba más sentía que mi cuerpo era desgarrado y cortado en pequeños pedazos.

Su forma era preciosa… era como un ángel de la muerte o tal vez un demonio de la vida. Entre salvajes gritos un poder como nunca había visto antes fue liberado de su pequeño cuerpo. Es extraño… ahora misma es más poderosa que todos y aún así más frágil y vulnerable que nadie. Otro cuerpo cae inerte por sus manos.

Esa figura cubierta de sangre con esa expresión como si el fin del mundo estuviera cerca me dejó encantada, sentí como si mi libertad fuera robada al entrar en contacto con sus ojos vacíos y mi corazón comenzó a latir rápida y dolorosamente.

Forcejeo para liberarme de las cadenas que me aprisionan, tenía que llegar hasta ella pues sabía que se rompería en cualquier momento. Cuanta fue mi arrogancia al pensar que por liberarme podría hacer algo. Aún rompiendo la cadena con sus recién salidas espinas no sirve de nada. Porque yo no pertenezco allí nunca más… incluso si trato de abrazarla solo logro atravesarla.

Es como si fuéramos de mundos distintos… no, no es como si fuera, lo somos ahora mismo. Miro mi figura en el espejo al traspasar su cuerpo, me parezco, pero no soy yo por quien ella aún ahora llora. Este cuerpo que creí abandonar hace mucho, esta débil yo, no es su hermana mayor.

Isekai Yo que Reencarne y Ellos que fueron Invocados Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora