39. Capítulos Futuros: Luz al final del túnel.

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Hoy han pasado exactamente dos semanas y dos días desde que llegué al infierno que otros fácilmente confundirían con un maravilloso mundo de fantasía. Pero esa es solo una ilusión al menos para mí. La realidad es muy diferente.

Hace dos semanas los carruajes llegaron a su destino. Era una cueva en medio de un denso bosque.

A primera vista parecía una cueva normal que daba a un callejón sin salida. Sin embargo, como cruzando por una puerta mágica, los carruajes avanzaron a través de la oscura pared traspasándola sin problema.

El interior era como una gran cúpula. Su altitud era increíble, en el techo tenía dibujado un cielo precioso y un Sol artificial, probablemente hecho mágicamente.

Ya realmente no reaccionó a nada, ni puedo sorprenderme. En el estado moribundo en el que estoy, donde no quiero ni vivir ni morir, ya no me importa nada.

Pensar que al llegar allí algo cambiaría para mejor sería estúpido, así que no lo hice. Pero no podía esperar lo que sucedería a continuación. El día que llegamos me sacaron de mi celda y me hicieron pararme en una formación. Habían unas 30 personas más como yo, vestidos de harapos y formados en fila.

Un poco más alejado parecía como si hubiera otras formaciones, por lo que se me hace imposible saber siquiera su número aproximado. No es que realmente importe de todas formas.

En frente de la formación estaban varios hombres y mujeres encapuchados con una túnica roja, el hombre de ojos peculiares y traje blanco y también el demonio gordo que me torturó antes.

Al avanzar la fila y esperar mi turno, observó a la mujer frente a mí. A ella le ponen una especie de pulsera de hierro y realizan una extraña magia en su pecho.

Por sus gritos ya puedo suponer que no será agradable. Pero me mantengo imperturbable. No podría ser peor que lo vivido aquel día, aunque no es como si no le temiera al dolor. Por eso aprieto los dientes.

Mi turno llega, rápidamente una mujer con capucha me coloca en mi mano derecha el brazalete de hierro. Es algo pesado, pero no supone mucho problema. Entonces coloca su mano en el centro de mi pecho.

No podía escuchar lo que dijo, susurró algo a gran velocidad y acto seguido una corriente eléctrica me ataca desde el centro de mi pecho hasta alcanzar la punta de cada una de mis extremidades. Luego un calor abrasador se extiende en mi pecho unos segundos.

Pude arreglármelas para no gritar, aunque tuve que apretar fuertemente los dientes y mis puños. Puedo ver en mi pecho un pequeño círculo mágico rojo.

—Ohh... interesante.

Pude escuchar como esta vez habló algo más audible, pero no entendí. Aunque capté el mensaje, de seguro estaba impresionada porque ni siquiera exclame por el dolor. Después de eso sigo mi camino hacia donde estaban reunidos el resto.

Todos tenían caras sombrías como si el fin del mundo estuviera cerca. Y no es como si no los entendiera. Pero no hay nada que podamos hacer, es inevitable.

Después de eso se nos asignó una letra y un número. Aunque la letra me era desconocida, el número era el 09. Nos llevaron a unas celdas, éramos cinco por cada una. Me tocó con otros 3 hombres y 1 chica como de mi edad.

No habían camas, solo algo de paja en el suelo. Y tampoco estaba precisamente limpio, pero al menos podía pararme de pie sin problema.

Era mejor que la celda en mi carruaje. Ese día no pasó nada más. En la noche alguien vino y trajo 4 platos de comida que consistía en una extraña sopa de verduras y viandas.

Lo extraño era su color verde.

A parte de eso, también era raro pues éramos cinco, los hombres tomaron uno cada uno rápidamente. Naturalmente yo hice lo mismo. La chica fue la que no tomó el plato. Entonces me percató como sus manos cuelgan inertes a sus lados.

Isekai Yo que Reencarne y Ellos que fueron Invocados Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora