Capitulo 24 (Actualizado)

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El sol apenas había terminado de alzarse cuando Sakura y Takuma se encontraron sentados con las piernas cruzadas sobre dos troncos separados, a unos centimetros de distancia. El aire fresco de la mañana traía consigo un dejo de tensión, como si incluso la brisa intuyera lo que estaba por venir.

Frente a ellos, Hideki afinaba el arco largo que llevaba colgado al hombro. Revisó la tensión de la cuerda con calma, como si no estuviera a punto de disparar proyectiles contra sus propios alumnos.

—Escuchen bien —dijo con su tono seco y firme—. Van a formar una barrera conjunta. Uno controla el flujo, el otro lo sostiene. Y no se les ocurra bajar la guardia. La práctica termina cuando suene el reloj. No antes.

Sakura tragó saliva. A su lado, Takuma giró los hombros como si intentara aflojar la incomodidad del entrenamiento. Ambos sabían que no sería nada sencillo.

Hideki se colocó en posición, apuntó la primera flecha, y añadió sin una pizca de emoción:

—Empieza ahora.

La cuerda del arco crujió, y el silbido cortante de la primera flecha rasgó el aire, directo hacia ellos.

La primera flecha voló como un rayo. Sakura y Takuma reaccionaron al instante, concentrando su chakra en un impulso sincronizado que erigió una barrera traslúcida entre ellos y el proyectil. El impacto resonó con un zumbido, pero la flecha cayó al suelo sin llegar a tocarlos.

—No está mal —comentó Hideki, mientras tomaba otra flecha del carcaj—. Pero eso fue solo para medirlos.

Sakura apenas tuvo tiempo de intercambiar una mirada con Takuma antes de sentir el segundo disparo.

Esta vez, la flecha parecía más rápida, más certera... y sobre todo, más densa en chakra. Sakura intentó extender el flujo, pero algo falló. La presión del chakra la golpeó como una ola inestable. A su lado, Takuma también perdió el control por una fracción de segundo. La barrera chispeó... y se rompió.

Ambos saltaron instintivamente en direcciones opuestas. Sakura cayó con una rodilla en el césped, resbalando apenas. Takuma rodó por el suelo con una maldición ahogada.

La flecha pasó de largo, clavándose con fuerza en un árbol detrás de ellos.

—Y así se mueren los shinobi torpes —dijo Hideki con indiferencia, bajando el arco mientras se acercaba.

Sakura apretó los dientes mientras se ponía de pie. El fracaso dolía más que la caída.

—Otra vez —dijo Hideki, sin un ápice de compasión—. Hasta que el reloj suene.

Sakura se sacudió la tierra de las palmas mientras regresaba a su lugar sobre el tronco. Takuma también trepó en silencio, con el mismo seño fruncido de siempre. El aire entre ambos se había tensado, cargado por la exigencia del entrenamiento y el sabor amargo de haber fallado.

Volvieron a sentarse con las piernas cruzadas, espalda recta, manos sobre las rodillas. El chakra se empezó a reunir otra vez en sus cuerpos, buscando el equilibrio.

Pero entonces, Sakura lo vio.

Hideki colocaba no una, sino dos flechas en el arco.

Su respiración se alteró sin querer. Dos. No habían logrado bloquear una, y ahora tenían que detener dos al mismo tiempo. Sintió que algo dentro de ella, una pequeña chispa de confianza, se apagaba. ¿Qué pasaría si fallaban otra vez? ¿Y si Takuma no podía igualar su ritmo? ¿Y si ella era el punto débil?

La inseguridad se coló por las grietas de su concentración. Su mente, antes enfocada, comenzó a dudar. Su pulso tembló apenas, lo justo para que el flujo de chakra se viera afectado.

Destinados (NejiSaku)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora