Sakura estaba segura de que ese árbol ya lo había visto. Todos los árboles se parecían, pero ese en particular —con una hendidura en forma de media luna en la corteza— estaba segura de haberlo pasado al menos tres veces.
Resopló, maldiciendo en voz baja mientras ajustaba el nudo de la cinta que aseguraba su kodachi a la espalda. Era ligera, perfectamente equilibrada, y encajaba en su mano como si hubiese nacido con ella.
El bosque era más denso de lo que había imaginado, y la neblina que aún no se disipaba volvía todo más confuso. El entrenamiento consistía en encontrar el punto de reunión sin usar chakra, confiando únicamente en sus habilidades físicas, su resistencia y su orientación. Trampas no mortales estaban repartidas por todo el trayecto, pero eso no lo hacía más fácil.
Había caído en una red camuflada con ramas, tropezado con una cuerda que disparó un puñado de dardos de madera, y su yukata tenía más tierra que tela. Pero no se detendría.
Colocó una mano sobre el mango de la kodachi y respiró hondo.
—Vamos, Sakura... —susurró para sí, dándose impulso—. Deja de andar en círculos.
Giró hacia el lado opuesto al árbol marcado y comenzó a trotar otra vez. Esta vez, más atenta, contando sus pasos, grabando mentalmente la posición de las raíces, los sonidos del bosque y la dirección del sol.
Tras varios minutos avanzando, Sakura comenzó a notar un cambio en el terreno. El suelo, antes cubierto de hojas secas y raíces expuestas, se volvía más irregular. Una pendiente suave descendía entre los árboles, y un zumbido sordo llenó el aire, como si algo vibrara bajo tierra.
Frunció el ceño. Se detuvo.
Había algo raro. El silencio del bosque era artificial. No había cantos de pájaros ni el crujido habitual del follaje. Solo ese zumbido... y luego, un leve clic.
Sakura saltó hacia atrás justo a tiempo para evitar que una cuerda se tensara bajo sus pies. De la copa de un árbol cayó una andanada de pequeñas esferas de madera que explotaron al impactar el suelo, liberando una nube densa de humo verde. Sakura retrocedió a ciegas, cubriéndose con una manga, pero sabía que si se quedaba en el mismo sitio estaba perdida.
—Esto es demasiado elaborado para una simple trampa de entrenamiento... —murmuró, apretando los dientes.
Con la visibilidad reducida y los pulmones ardiéndole, se impulsó hacia un tronco bajo y rodó detrás de él, desenvainando la kodachi. No había atacantes reales, lo sabía. Todo esto era parte del entrenamiento. Pero eso no hacía que su instinto bajara la guardia.
Una sombra se movió en la niebla. Era una figura humana... alta, silenciosa, y sin señales de chakra.
¿Otra ilusión? ¿Un señuelo?
Apretó el mango de la kodachi y se preparó. La figura avanzó sin apuro, pero con firmeza.
—¿Neji? —llamó en voz baja.
La figura no respondió.
Sakura entrecerró los ojos. Cuando se lanzó hacia adelante, la figura desapareció como humo. Al instante, el suelo bajo ella cedió, y cayó en una especie de pozo oculto.
Logró clavarse a una de las paredes de tierra con la kodachi, deteniéndose a medio camino. Resopló, jadeante, con tierra en el rostro y las uñas. Abajo no había más que oscuridad.
—Trampas, ilusiones y agujeros —dijo entre dientes—.Genial ¿Algo más?
Con esfuerzo, trepó hacia arriba, usando la hoja de su kodachi como apoyo y sus piernas para impulsarse. Al salir, se dejó caer sobre el suelo, riéndose sin aire por la adrenalina.
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Destinados (NejiSaku)
FanfictionDespués de terminar herida en una misión para traer a Sasuke de regreso, el destino de Sakura Haruno se ve mezclado con el de Neji Huyga. Ninguno imagino que su corazón fuera débil ante el otro ni mucho menos de los sentimientos que rodeaban sus acc...
