A la mañana siguiente, Sakura deseó con todas sus fuerzas volver al viejo entrenamiento con Neji. Comparado con lo que estaba enfrentando ahora, aquello le parecía casi un paseo por el parque.
El aire era fresco, pero no lo suficiente como para calmar el sudor que ya empapaba su espalda. Frente a ella, Hideki le daba instrucciones con la misma severidad con la que uno afilaría una espada.
—Párate sobre el tronco —ordenó—. Una pierna al frente, estirada. Brazos arriba, sostén el jarrón con firmeza. Y no te muevas, a menos que quieras acabar con una flecha en la pierna.
Sakura se subió al tronco con la concentración tallada en el rostro. El equilibrio ya no era un problema, pero mantener la postura exacta bajo tensión era otra historia. La pierna levantada temblaba con un esfuerzo apenas disimulado, el jarrón de barro frío se mantenía en alto sobre su cabeza, sus dedos lo apretaban como si de ello dependiera su vida. En parte, así era.
Hideki tensó el arco por sexta vez en esa mañana. La cuerda crujió como una amenaza silenciosa. Sus ojos achinados apuntaban con precisión al pie de Sakura.
—Bien, niña —dijo, su voz como el eco de una campana vieja—. Salta lo más alto que puedas. Ni una gota de agua debe derramarse.
Sakura asintió apenas, con el rostro perlado de sudor. Su pierna de apoyo se dobló ligeramente, preparándose para el impulso. Los dedos de Hideki se separaron... pero justo cuando ella creyó que la flecha volaría hacia su pie, el anciano cambió de dirección con la rapidez de un rayo. La flecha fue directa hacia su rostro.
Los ojos de Sakura se abrieron como platos. Por puro instinto arrojó el jarrón al aire y se lanzó hacia la izquierda. Sintió el roce afilado de la flecha cortándole la oreja, y un segundo después, el estallido del jarrón haciéndose pedazos contra el suelo.
‹‹Mierda››.
Hideki bajó el arco con expresión impasible y se giró hacia el sirviente que permanecía inmóvil en una esquina del patio.
—Tráeme dos jarrones de agua más —ordenó con voz seca—. Y que sean el doble de grandes.
El sirviente asintió con una reverencia y desapareció con pasos medidos por el camino de piedra. Sakura lo siguió con la mirada, preguntándose cuánto más pesarían esos nuevos recipientes. Su cuerpo ya empezaba a doler en sitios que ni siquiera sabía que existían.
—Vuelve tus ojos al frente —la reprendió Hideki sin mirarla—. Lo hiciste bien, niña. Por un momento pensé que tendría que llevarle las condolencias a mi nieto.
‹‹¿Se supone que eso me haga sentir mejor?›› pensó con fastidio, enderezándose de nuevo. El corte en la oreja ardía, pero no tanto como el orgullo. Aun así, se obligó a mantener la postura. Estiró los dedos, relajando un poco la tensión, y volvió a adoptar la posición de espera.
—Pero... solté el jarrón —murmuró, sin poder evitarlo.
Hideki asintió como si eso fuera exactamente lo que esperaba oír.
—Ese era el plan. No espero resultados en un año, los quiero en un mes. Tienes buena base, eso no lo niego. Pero tus maestros han sido... demasiado pasivos.
Sakura alzó una ceja. ¿Pasivos? Si Tsunade y Neji eran considerados "pasivos", entonces ese hombre debía ser una combinación entre un castigo divino y una maldición ancestral. Tragó saliva.
Hideki alargó la mano hacia una de las columnas de la casa. Allí descansaban dos varas de bambú que tomó con naturalidad, como quien recoge palillos para una merienda. Las unió con una cuerda fina y se las lanzó a Sakura.
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Destinados (NejiSaku)
FanficDespués de terminar herida en una misión para traer a Sasuke de regreso, el destino de Sakura Haruno se ve mezclado con el de Neji Huyga. Ninguno imagino que su corazón fuera débil ante el otro ni mucho menos de los sentimientos que rodeaban sus acc...
