El sonido sordo de sus puños contra el tronco seco se había vuelto constante, casi rítmico, como un tambor desesperado. El sudor le recorría la espalda como una segunda piel, y la respiración salía entrecortada de sus labios partidos. Ya no pensaba en la técnica, ni en el control. Solo en moverse. En mantener el cuerpo ocupado, exhausto, obediente.
Sakura dio otro golpe, esta vez más torpe, y su rodilla flaqueó. Cayó sobre la tierra seca del campo de entrenamiento, con los brazos estirados hacia adelante como si hubiera intentado alcanzar algo que ya no estaba. El cielo comenzaba a teñirse de naranjas y púrpuras, y las sombras de los árboles se alargaban a su alrededor.
Por un momento, no pudo moverse. El cuerpo ya no respondía. Cada músculo le temblaba. Cerró los ojos, buscando controlar la respiración. Pero en vez de calma, encontró otra cosa.
Un susurro.
Un murmullo que emergía de lo profundo de su memoria, como si fuera arrastrado por una corriente negra que no había notado antes.
"Sakura..."
Un escalofrío le recorrió la espalda, helado, certero. El recuerdo la golpeó sin aviso: el instante exacto en que había estado en la torre, frente a la puerta donde se encontraba el baúl sellado.
Ella no había decidido caminar hacia él. No lo había pensado. Ni siquiera lo había sentido. Y sin embargo, sus manos habían estado sobre el candado.
—Yo no... ni siquiera lo recordé... —susurró, apenas un hilo de voz.
Se quedó ahí, temblando, sintiendo cómo el miedo le anidaba en el pecho como una criatura que no se iba. Había estado a punto de abrir la caja. De romper la promesa. ¿Y si Takuma no hubiera llegado? ¿Qué habría hecho?
El cielo terminó de teñirse de rojo. La noche comenzaba a extenderse sobre la aldea.
Sakura cerró los ojos y apoyó la frente contra la tierra. La voz aún se filtraba, tenue, desde alguna parte en lo más profundo de su mente.
Pero ahora lo sabía. No bastaba con sellar una caja.
Tenía que sellarse a sí misma.
Sakura apretó los dientes y apoyó las palmas en la tierra. Intentó levantarse una vez. Luego otra. Pero sus brazos apenas respondieron y sus piernas temblaban con una obstinación que la frustraba. Cuando se dejó caer de espaldas, el cielo ya era una sábana oscura tachonada de luces suaves.
Un suspiro escapó de sus labios.
Entonces escuchó pasos.
Primero uno, firme. Luego dos más.
Giró la cabeza hacia un lado y los vio: Lee, Tenten y Neji de pie al borde del campo de entrenamiento, observándola.
—¡Sakura-san! —exclamó Lee, acercándose de inmediato. Sus ojos brillaban de preocupación genuina mientras se agachaba junto a ella—. ¿Estás bien?
Sakura forzó una sonrisa cansada y aceptó la mano que le ofrecía.
—Me excedí un poco, creo —dijo, con una pequeña risa entre dientes.
Lee la ayudó a sentarse y ella respiró hondo, intentando calmar el temblor de su cuerpo. Al alzar la vista, notó cómo Tenten rodaba los ojos antes de cruzarse de brazos. El gesto fue rápido, casi imperceptible, pero no para Sakura.
Intentó ignorarlo.
Reuniendo todas sus fuerzas, se incorporó. Sus piernas apenas la sostuvieron. Dio un paso, luego otro, y trastabilló. Antes de caer de nuevo, una mano se cerró firme sobre su hombro.
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Destinados (NejiSaku)
Fan-FictionDespués de terminar herida en una misión para traer a Sasuke de regreso, el destino de Sakura Haruno se ve mezclado con el de Neji Huyga. Ninguno imagino que su corazón fuera débil ante el otro ni mucho menos de los sentimientos que rodeaban sus acc...
