No sabía si la habitación era muy pequeña o si era la presencia de Neji. No podía dormir, ni siquiera podía contar ovejas sin que su mente se desviara hacia la suave respiración de Neji, unos pasos más allá. Y si se movía, era tan consciente del sonido que prefería seguir en la misma posición incómoda en la que estaba desde que la vela se había apagado.
Necesitaba dormir, o el primer entrenamiento de la mañana sería un desastre. Sakura cerró los ojos, contando sus respiraciones. Una, dos, cuatro, diez, once... Se detuvo, abrió los ojos y contempló las vigas de madera que se curvaban en los extremos. Luego giró la cabeza hacia la ventana. La luz de la luna iluminaba el tatami, dándole un tono plateado muy claro que, extrañamente, le recordó a Kakashi.
¿Qué estaría haciendo su sensei? ¿Acaso ya sabría todo? ¿Sabría de ella?
Meneó la cabeza. Lo más seguro era que no. Su maestra era precavida, y sabía que una parte de ella no confiaba en la objetividad de Kakashi cuando se trataba de Sasuke. Y no lo culpaba: él seguía siendo una debilidad su grupo.
Sakura se encogió bajo la sábana. ¿Por qué le seguía doliendo el recuerdo de Sasuke? Sentía que ya lo había superado, pero incluso ahora tenía ganas de llorar y no sabía con exactitud por qué. Apretó los dientes.
—Ya basta —susurró con un hilo de voz.
—No puedes dormir.
Sakura abrió los ojos de golpe y miró la silueta de Neji al otro lado, preguntándose si de verdad había escuchado su voz o si era su imaginación jugándole una mala pasada.
—Sé que estás despierta —añadió él, en medio de la penumbra—. Contesta.
—No puedo —logró decir.
—¿Te duele algo? —preguntó Neji, con una seriedad inesperada en la voz—. ¿Estás incómoda?
Sakura negó suavemente con la cabeza, aunque sabía que él no podía verla bien en la oscuridad.
—No... —murmuró—. Solo estoy inquieta.
La habitación volvió a sumirse en silencio, roto apenas por el leve crujido de la madera bajo el peso de la noche. Sakura se sorprendió a sí misma esperando que él dijera algo más, que le hablara, que rompiera la distancia que aún existía entre ellos, incluso compartiendo el mismo espacio.
Pero Neji no insistió. Al contrario, su voz sonó más baja, casi como si respetara su pausa.
—A veces pasa... —dijo, con tono calmo—. La cabeza sigue corriendo, aunque el cuerpo esté agotado.
Sakura asintió, esta vez sí dejando que el gesto se notara. Se sintió un poco menos tensa. Agradecida.
—No me pasa mucho, pero cuando me pasa... es como si no pudiera apagarme.
Neji no respondió de inmediato. Se movió apenas, lo justo para acomodarse mejor.
—Tal vez hablar de algo te ayude —dijo Neji con suavidad—. Cuéntame lo que sea... algo que te distraiga la mente.
Sakura pestañeó en la oscuridad. No esperaba que él fuera quien le ofreciera consuelo, y menos de esa manera. Era extraño, pero también reconfortante. Cerró los ojos por un momento, buscando entre sus pensamientos algo que no doliera, algo que no la hiciera querer encogerse aún más bajo las sábanas.
—No sé si tenga algo interesante que contar —susurró.
—No tiene que ser interesante —respondió él sin dudar—. Solo... algo tuyo.
Sakura tragó saliva. Dudó un segundo más, pero luego, sin pensarlo demasiado, comenzó a hablar.
Sakura tragó saliva. Dudó un segundo más, pero luego, sin pensarlo demasiado, comenzó a hablar.
—Cuando era niña... —dijo en voz baja, como si confesara un secreto—, solía esconderme en la biblioteca de mi casa para evitar hacer los quehaceres. No porque no quisiera ayudar, sino porque... me gustaba estar sola entre los libros. Me hacía sentir como si pudiera ser parte de un mundo diferente.
Neji no dijo nada, pero la escuchaba con atención. Sakura lo sabía, porque el sonido de su respiración había cambiado, más lenta, más concentrada.
—Había uno, uno en especial, que leí tantas veces que ya me lo sabía de memoria. Era sobre una niña que encontraba una aldea secreta en el bosque, llena de personas que usaban máscaras y hablaban en acertijos. Siempre pensé que ese lugar debía existir en algún lado. Me gustaba imaginar que si algún día me perdía, terminaría allí.
—¿Y alguna vez lo buscaste?
La pregunta la sorprendió. Sonrió con un dejo de nostalgia.
—Una vez. Me escapé de casa y estuve dando vueltas por los alrededores de la aldea durante horas. Tenía como ocho años. Mi mamá casi se desmaya cuando me encontró.
Neji dejó escapar una leve risa.
—Entonces desde pequeña eras así.
—¿Así cómo?
—Terca. Y con demasiada imaginación.
—¡Hey! —Sakura reprimió una carcajada— No era terca, solo... curiosa.
—Claro —replicó Neji, y aunque su tono fue neutral, Sakura juraría que lo dijo sonriendo.
Durante unos segundos, ninguno habló. Pero el silencio ya no se sentía incómodo.
—¿Y tú? —preguntó Sakura con suavidad—. ¿Qué hacías cuando querías escapar del mundo?
Neji no respondió de inmediato. Se giró apenas sobre el tatami, como si se preparara para dormir.
—Sí sobrevives al entrenamiento de mañana te contare—murmuró finalmente.
Sakura rodó los ojos en la oscuridad, pero no dijo nada. Por primera vez en toda la noche, sintió que el cuerpo se le relajaba.
Y poco a poco, se quedó dormida.
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Destinados (NejiSaku)
Fiksi PenggemarDespués de terminar herida en una misión para traer a Sasuke de regreso, el destino de Sakura Haruno se ve mezclado con el de Neji Huyga. Ninguno imagino que su corazón fuera débil ante el otro ni mucho menos de los sentimientos que rodeaban sus acc...
