Capítulo 41

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La noche ya había caído sobre Konoha, pero Sakura no fue a casa. Sus pasos la llevaron en automático hacia el viejo campo de entrenamiento. Aquel donde, antes de que todo comenzara a enredarse, Neji la esperaba cada mañana para corregir su postura, enseñarle a canalizar el chakra con mayor precisión y, a veces, para hacerla corre por horas.

El aire era más fresco allí, libre del bullicio de los mercados, del olor a metal y sudor de los entrenamientos de otros shinobi. Solo estaban ella, la tierra marcada por antiguos impactos, y el recuerdo de un tiempo que ya no volvería.

Sakura caminó hasta el centro del claro, donde aún se distinguía la roca que usaba para concentrarse. Se sentó en ella y dejó que su mente regresara a esos días más simples, donde lo único que importaba era volverse más fuerte. Donde el mundo todavía no se sentía como si estuviera a punto de desmoronarse.

Sus dedos se cerraron sobre sus propias rodillas. Por primera vez en mucho tiempo, deseó ser esa versión de sí misma otra vez... la que aún no sabía lo que había dentro de la caja.

El viento soplaba con suavidad entre los árboles, arrastrando el aroma de la tierra húmeda y las hojas secas. Sakura respiró profundo, como si eso bastara para despejar el peso que le oprimía el pecho.

—¿Cuándo se volvió todo tan complicado? —murmuró para sí misma, observando sus propias manos—. Antes solo se trataba de mejorar, de sanar, de proteger... Ahora todo se siente como si caminara al borde de un precipicio.

Se quedó un rato más en silencio, dejando que su mente navegara entre recuerdos, entre la calidez de entrenar junto a Neji, las risas que Naruto le sacaba incluso cuando no quería reír, y la firme presencia de Kakashi que siempre parecía tener una respuesta... Aunque nunca la que ella quería.

Pero no podía quedarse allí eternamente. El día siguiente llegaría con o sin su permiso.

Se levantó con lentitud, sacudiendo el polvo de su falda, y comenzó a caminar de regreso hacia la aldea. A lo lejos, las luces anaranjadas de las farolas encendidas ya pintaban las calles de Konoha como luciérnagas inmóviles.

Y fue entonces cuando los vio.

Neji, de pie junto a Lee y Tenten, conversando con una expresión más relajada de la que ella recordaba. Lee hacía gestos exagerados como siempre, y Tenten reía. Neji tenía los brazos cruzados y el rostro serio, pero algo en la inclinación de sus hombros delataba comodidad.

Sakura se detuvo. Por un momento pensó en acercarse, en cruzar esa distancia de pocos metros y saludarlos como si no cargara el mundo a cuestas. Pero enseguida lo descartó. No quería arrastrar su caos a ese pequeño momento de normalidad.

Iba a girar para tomar otro camino cuando la voz estridente y feliz de Lee cortó el aire:

—¡SAKURAAAAA-CHAAAAAAN!

Ella se congeló un segundo, sorprendida. Luego se dio la vuelta, un poco avergonzada, solo para ver cómo Lee ya corría hacia ella con los brazos extendidos como si hubieran pasado años.

—¡Pensé que eras una ilusión por el cansancio! —gritó con una sonrisa.

Sakura no pudo evitarlo. Sonrió. Sincera, cálida, como alguien que por un momento se permite olvidar lo que está por venir. Y cuando Lee la abrazó, ella le devolvió el abrazo, fuerte.

—¡No puedo creer que estés de vuelta! —exclamó Lee, separándose un poco para mirarla con los ojos brillando de emoción—. ¡Sufrí tanto por ti, Sakura-chan! ¡Pensé en entrenar hasta desmayarme por tu regreso!

—Me alegra verte también, Lee —respondió ella con una risita suave, sacudiendo la cabeza ante su entusiasmo.

Los pasos de Tenten interrumpieron el momento. Se acercó con una sonrisa y el mismo brillo en los ojos.

Destinados (NejiSaku)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora