El silencio en el túnel era tan denso que casi parecía tragarse el eco de su propia respiración.
Sakura estaba sola. El sudor le corría por la sien, mezclándose con la suciedad y el polvo de las paredes subterráneas. Su mano sujetaba la kodachi con tanta fuerza que los nudillos se le habían puesto blancos.
Frente a ella, Orochimaru sonreía. Era una mueca inhumana, serpenteante, que le helaba la sangre. El encapuchado permanecía detrás, como una sombra lista para moverse al menor gesto.
—¿Por qué tanta resistencia, Sakura-chan? —murmuró Orochimaru, acercándose un paso más—. Ya es demasiado tarde. La caja ya está dentro de ti... y tú misma sabes que tarde o temprano... la abrirás.
Sakura sintió cómo las piernas le temblaban. Su respiración era irregular, cortada, como si alguien le apretara el pecho desde dentro.
Pero aun así, no bajó la espada.
«Neji...», pensó. La imagen de él —de su mirada seria, de sus manos firmes sosteniéndola, de la calidez de sus labios— le atravesó la mente como un relámpago.
Recordó también las palabras de Tsunade. La fuerza no siempre estaba en el puño... sino en el corazón.
—¡Cállate! —gritó Sakura, dando un paso hacia adelante, sintiendo el chakra subirle por los brazos—. ¡No dejaré que me uses! ¡No dejaré que destruyas Konoha!
El encapuchado se movió con un impulso rápido, pero Sakura reaccionó, girando la kodachi y bloqueando el primer ataque. Un estruendo metálico resonó en el túnel.
Sakura sintió el impacto recorrerle los huesos, pero apretó los dientes y contraatacó. Cada golpe era una batalla no solo contra sus enemigos, sino también contra la voz dentro de su mente que la invitaba a rendirse.
La caja susurraba. La llamaba con dulzura en medio del caos.
—¡Tú no eres real! —gritó Sakura, empujando al encapuchado hacia atrás con un golpe de chakra concentrado.
Orochimaru empezó a reír, esa risa viscosa que parecía reptar por las paredes.
—Qué interesante... ¿podrás resistir hasta el final? —dijo, relamiéndose los labios.
Sakura se plantó otra vez, respirando con dificultad. Las piernas le ardían, y el brazo que sujetaba la espada temblaba. Pero en su mirada ya no había duda.
Si iba a caer, no lo haría sin pelear.
Sakura levantó la kodachi otra vez, pero el peso en sus brazos era insoportable. Cada vez que bloqueaba un golpe, sentía cómo los huesos le vibraban hasta el cráneo. La fatiga se le enroscaba en el pecho como un veneno lento.
El encapuchado avanzó de nuevo, lanzando una ráfaga de golpes veloces. Sakura apenas alcanzó a esquivar, recibiendo un corte superficial en el brazo. Retrocedió, tambaleante, con la respiración rota.
—Estás perdiendo —murmuró Orochimaru, caminando hacia ella con la calma de un depredador—. ¿Por qué sigues peleando sola? Yo podría... quitarte esa carga.
Sakura soltó una carcajada ronca, casi histérica, aunque sus ojos ardían.
—¿Crees... que confiaría en ti? —escupió, respirando con dificultad—. ¡Jamás!
Orochimaru ladeó la cabeza, relamiéndose los labios.
—No tienes por qué sentir nada —dijo, acercándose aún más, su voz grave y seductora—. Yo usaría tu cuerpo... tú descansarías. Sin miedo. Sin dolor.
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Destinados (NejiSaku)
FanfictionDespués de terminar herida en una misión para traer a Sasuke de regreso, el destino de Sakura Haruno se ve mezclado con el de Neji Huyga. Ninguno imagino que su corazón fuera débil ante el otro ni mucho menos de los sentimientos que rodeaban sus acc...
