Capítulo 13 (Actualizado)

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Tsunade contemplaba la puerta de su oficina, por donde una hora antes habían pasado Neji y Sakura. Habían pasado dos días desde el ataque al hospital.

Pero a ella le parecía que solo habían pasado unas horas. 

 Y, sin embargo, lo único que hacía era preguntarse si había hecho lo correcto al ocultarles parte de la verdad.

Jiraiya le había asegurado que era lo mejor, que no debían cargar con un peso que aún no podían sostener... pero ella ya no estaba tan segura.

Presionó los dedos sobre su hombro dolorido y miró de reojo la torre de papeles sobre su escritorio. Habían llegado días atrás, pero cada vez que intentaba leerlos, se quedaba en el primer párrafo. Eran tan triviales que su mente simplemente no podía enfocarse. En toda la mañana, no había dejado de pensar en Sakura. Sentía que estaba a punto de perderla, y que no podía hacer nada para evitarlo. Ese sentimiento la consumía porque le recordaba a Dan... y a su hermano.

Cerró los ojos y apoyó la cabeza en el escritorio. El olor a sake le picó la nariz justo antes de escuchar los pasos de Shizune.

—Creo que será mejor que le traiga un té. Beber sake tan temprano no es buena señal —comentó, cerrando la botella con un resoplido.

Tsunade chasqueó la lengua. Solo quería embriagarse por unas horas. ¿Era eso tan grave?

—Ya tenemos suficientes problemas. Es mejor que mantenga la mente clara —rezongó la joven mientras acomodaba papeles—. Kakashi sospecha que algo está pasando, e Ino no deja de hacerme preguntas sobre por qué Sakura se fue con Neji.

—Te pedí que la mantuvieras alejada de la torre antes de que ellos vinieran. Ya me imagino lo que debe estar pensando esa mocosa...

—Eso es lo de menos. El verdadero problema es Kakashi.

Tsunade se frotó las sienes, irritada.

—Lo sé, Shizune. Lo mejor será contarle la verdad, antes de que se haga ideas más peligrosas.

—¿También le contará lo de Sasuke?

—Supongo que no tengo opción.

Shizune asintió y tomó varios documentos para sellarlos. Al buscar el sello, los colocó en un armario y lo empujó... sin percatarse del seguro. La puerta se abrió de golpe, desparramando todos los papeles sobre la alfombra.

—¡Pero serás tonta! ¡Ese armario tiene seguro! —gritó Tsunade.

Shizune se encogió, temblorosa. Intentó recogerlos, pero eran tantos y tan variados que era inútil. Frustrada, los echó a una caja con un gesto malhumorado.

—¡Ya, Shizune! No llores —dijo Tsunade, aunque ya estaba descorchando de nuevo la botella.

—¡No estoy llorando! —bufó Shizune—. ¡Vieja loca!

—¿¡Cómo dijiste!?

La Hokage golpeó la botella contra el escritorio. Esta se volcó y derramó el líquido sobre los papeles sellados, que comenzaron a empaparse y a borrar la tinta.

—Ahora sí la liamos —murmuró Shizune, verdaderamente al borde del llanto.

—Ya nada puede salir peor —murmuró Tsunade, hundiéndose en la silla.

Y justo entonces, la puerta volvió a abrirse.

Ambas se sobresaltaron. Esperaban ver a Orochimaru o incluso a algún Akatsuki, pero en su lugar apareció Jiraiya... acompañado de Naruto. Ambos estaban sudados, despeinados, y con las ropas arrugadas como si hubieran corrido hasta allí.

Jiraiya dio un paso al frente, se inclinó y le susurró a Tsunade:

—Ya se enteró.

Ella tuvo que contener el impulso de romperle la mandíbula. Naruto los observaba, serio.

—¿Qué tanto sabe? —preguntó en voz baja.

—El ataque... y que Sasuke estuvo involucrado —respondió Jiraiya.

—Pueden dejar de susurrar —reclamó Naruto con el ceño fruncido—. Estoy aquí.

—Cierra la puerta, Shizune —ordenó Tsunade.

Naruto se secó el sudor con el dorso de la mano antes de tomar asiento. Tsunade entrelazó los dedos bajo el mentón y lo miró. Quería que él fuera más maduro, para que comprendiera que Sasuke ya estaba demasiado lejos. Pero también sabía que aunque tuviera diez años más, seguiría insistiendo.

—No hay mucho que decir. Sasuke apareció en la aldea con sus subordinados y destruyeron parte del hospital. No se llevaron nada. No sabemos qué buscaban.

—¿Sakura lo vio?

—No, pero sabe que él estuvo.

Naruto alzó la mirada. Los ojos le brillaban y sus puños se cerraron.

—Tenemos que seguirlo. Iré a buscar a Sakura y a Sai.

—No, Naruto. Sakura me pidió que no lo buscaras. No quiere traerlo de vuelta. No después de lo que pasó en el hospital.

—Eso no puede ser... Sakura nunca diría eso. Hicimos una promesa.

—Entiéndelo. Las muertes del hospital la afectaron demasiado. Y Sai... aún no se recupera. Las heridas que Sasuke le causó fueron graves.

—Sai puede descansar. Que venga Kakashi. ¡Iré yo solo si hace falta!

—¡Naruto! —Tsunade golpeó la mesa—. No irás. Y es mi última palabra.

Naruto apretó los labios, furioso.

—Sakura tiene cosas más importantes que hacer ahora. Y tú, como su amigo, debes confiar en que tomará las decisiones correctas.

Tsunade miró el reloj de pared. Faltaban quince minutos para el mediodía. Sonrió con suavidad. Si todo iba bien, Sakura y Neji estaban a punto de llegar a su destino.

Y esperaba, de todo corazón, que Sakura lograra impresionar al anciano.



Este capítulo es más corto de lo normal y sencillo. Pero es por una buena razón. Tiene que ver con el siguiente. Lo pensaba subir seguido de este, pero como estoy cansada (son las 1:48 am) pensé que lo mejor es dormir y corregirlo descansada. 

Destinados (NejiSaku)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora