Capítulo 47

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El cielo se oscureció en cuestión de segundos, como si un manto pesado se hubiera desplegado sobre la aldea. Los primeros ataques llegaron sin piedad, apenas un susurro de advertencia antes de que el estruendo y el fuego envolvieran Konoha. En el transcurso de dos horas, todo se volvió un caos: explosiones, gritos, humo, y el olor a tierra y sangre mezclados en el aire.

Neji esquivó un kunai que pasó rozando su mejilla y giró sobre su propio eje, lanzando un golpe preciso con su puño cargado de chakra directamente al pecho de un enemigo. El hombre cayó sin emitir un solo sonido. A su alrededor, otros miembros del clan Hyūga peleaban codo a codo, sus ojos blancos resplandeciendo como faros en la oscuridad.

—¡Mantengan la formación! —gritó uno de los líderes de la rama principal, apenas audible entre los rugidos de las explosiones.

Neji no necesitaba instrucciones. Su mirada afilada rastreaba cada movimiento, cada silueta oculta entre el humo. Su respiración era pausada, controlada, pero la furia le quemaba las venas.

Cuando sintió un chakra extraño acercándose a la línea de defensa, giró con velocidad sobrehumana y descargó un golpe devastador, haciendo retroceder a un ninja encapuchado que apenas había tenido tiempo de reaccionar.

—¡Neji! —gritó uno de sus compañeros—. ¡Se están dispersando hacia el ala este!

Neji apretó los dientes. El este... Donde estaba Sakura.

Apretó los puños y asintió. Su mente se nubló por un segundo, recordando la promesa silenciosa que le había hecho. Sin embargo, sabía que no podía abandonar su puesto... todavía.

Los enemigos avanzaban sin tregua. Neji inhaló, encendiendo aún más el chakra en sus manos.

—¡No dejaremos que crucen esta línea! —rugió, lanzándose de nuevo al frente con la determinación de un huracán.

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Sakura corría por las calles en ruinas, su respiración irregular mezclándose con el estruendo de las explosiones y los gritos de auxilio. El suelo estaba cubierto de fragmentos de tejas, polvo y rastros de sangre.

Se detuvo bruscamente al ver a un ninja caído contra la pared. Se arrodilló a su lado, presionando su mano sobre la herida abierta en el abdomen.

—Resiste... —murmuró, canalizando chakra verde desde sus palmas. El hombre soltó un quejido ahogado, pero su respiración se estabilizó poco a poco.

Sakura apenas le dedicó un asentimiento antes de levantarse. Otro estruendo la obligó a lanzarse hacia la izquierda, evitando un proyectil de fuego que voló sobre su cabeza.

Sin perder tiempo, sacó su kodachi y cargó contra el atacante que había emergido entre los escombros. Con un giro veloz, desarmó al enemigo y lo golpeó con el puño reforzado de chakra, lanzándolo contra una pared.

No... No escuches... pensó mientras corría de nuevo, ignorando el murmullo que serpenteaba por su mente. La voz de la caja era insistente, dulce y venenosa al mismo tiempo.

—Sakura... déjame ayudarte... —susurraba, casi como una caricia helada en su oído.

—¡Cállate! —espetó en voz baja, sacudiendo la cabeza con furia.

Al girar en otra calle, encontró a dos ninjas heridos. Se deslizó a su lado, ya con las manos cubiertas de chakra curativo. Sus labios se tensaron, y la mirada, empañada de urgencia, no se apartó de las heridas mientras trabajaba.

Destinados (NejiSaku)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora