El vendaje alrededor de su abdomen estaba manchado de rojo, pero ya no goteaba. Aun así, Sakura tenía la sensación de que si se movía mal, todo volvería a abrirse. Estaba recostada sobre una camilla en el área médica improvisada de la mansión, con la cabeza apoyada en una almohada dura y una manta sobre las piernas.
La luz tenue del farol colgante lanzaba sombras largas en las paredes. A su derecha, Kakashi-sensei leía algo que parecía un reporte, aunque su ojo visible no se apartaba del vendaje por mucho tiempo. A su izquierda, Takuma estaba de brazos cruzados, recargado en la pared como si fuera parte de ella, pero no dejaba de lanzarle miradas directas y molestas.
Sakura soltó un suspiro, sintiendo cómo el agotamiento la envolvía como una segunda manta. Pero su tono seguía firme.
—Saben que no me voy a desangrar ¿Verdad?—murmuró, clavando la mirada en el techo.
—No mientras estés aquí quieta como una piedra —contestó Kakashi sin levantar la vista del informe—. Pero si se te ocurre hacer lo que hiciste hoy otra vez, vamos a tener un problema.
—Mi chakra se está recuperando —añadió Sakura, sin prestar atención al reproche—. En cuanto tenga suficiente, me encargo yo misma.
—Tsk —soltó Takuma desde su esquina—. Como si confiar en que eso fuera una idea brillante. No eres invencible, por si lo olvidaste.
Sakura giró apenas la cabeza hacia él, apretando los dientes al sentir un punzón agudo en su costado.
—¿Y qué querés que haga? ¿Que me quede aquí como una flor marchita mientras ustedes se paran ahí a vigilarme como si fuera a desaparecer?
Takuma se irguió con los ojos entornados.
—Exactamente eso. Porque si no lo hacemos, te vas a levantar con esa herida abierta y vas a caer como saco de arroz —espetó—. Y yo no pienso cargarte, por si te lo estás preguntando.
Kakashi alzó una ceja y murmuró:
—Qué gentil.
Sakura cerró los ojos con fuerza, contando mentalmente para no estallar. Estaba cansada, adolorida, y lo último que necesitaba era que la trataran como si fuera de cristal.
—Estoy bien —dijo, más para sí misma que para ellos.
—Estás viva. Que no es lo mismo —corrigió Kakashi—. Y eso gracias a que Takuma llegó a tiempo para sacarte ese clon de encima.
Takuma no dijo nada, pero su expresión se volvió una línea dura.
Sakura tragó saliva y dejó caer el brazo sobre su frente.
—No necesito ni una niñera ni un sermón.
—Perfecto. Entonces nos quedamos como guardaespaldas con licencia para fastidiarte —respondió Takuma, y aunque su tono era seco, había una sombra de preocupación real en sus palabras.
Kakashi cerró el informe con un suspiro y se acercó a la camilla.
—Descansá, Sakura. No vamos a movernos de aquí hasta que estés en condiciones de discutir con más fuerza.
Ella bufó entre dientes, pero ya no replicó.
Y aunque su cuerpo exigía descanso, su mente seguía atrapada en esa mirada, que sí era real, no como los clones de Kakashi-sensei.
Esa sombra... no se había ido.
No fue una ilusión. Lo sabía.
No importaba cuántas veces intentara convencer a los demás —o incluso a sí misma— de que estaba cansada, confundida o simplemente herida. Esa mirada la había atravesado como un sello maldito. Fría. Inhumana. Demasiado real para ignorarla.
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Destinados (NejiSaku)
Fiksi PenggemarDespués de terminar herida en una misión para traer a Sasuke de regreso, el destino de Sakura Haruno se ve mezclado con el de Neji Huyga. Ninguno imagino que su corazón fuera débil ante el otro ni mucho menos de los sentimientos que rodeaban sus acc...
