Sara es una joven reservada que realiza sus prácticas universitarias en una revista a pesar de que no conoce nada del mundo de la farándula. Un día cualquiera conoce a Michael, la atracción de ambos es palpable sin embargo una de las cosas más impor...
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El sol que antes iluminaba la habitación había desaparecido y en tan solo pocos segundos había sido remplazado por abundantes nubes grises. Me detuve un segundo y miré atentamente por el gran ventanal, mis ojos apreciaban una de las cosas que siempre había soñado ver, uno de los sitios que siempre había querido estar. No sé cuánto tiempo estuve mirando, pero pronto comenzó a llegar la noche y con ella la lluvia invadió toda la ciudad.
Suspire sentándome en el sofá, debería estar eufórica, pero me temía que mi ánimo iba desvaneciéndose y sin prevenirlo una lagrima se deslizo por mi mejilla, pestañee varias veces tratando de obligarme a creer que era la pintura de la paredes recién pintadas, pero sabía bien que no se trataba de eso.
Ya no lloraba de forma inconsolable, pero a veces alguna lágrima rebelde se escapaba.
La lluvia que caía sobre la ciudad luminosa de forma incesante me había recordado mi propia tristeza, pestañee un par de veces más hasta obtener de nuevo el control de mis sentimientos, cuando lo conseguí me gire hacia la izquierda, Harry que me daba la espalda seguía pintando una de las paredes despreocupadamente mientras tatareaba la canción que estaba de fondo, estaba tan sumido en aquella actividad que era ajeno a todo lo que lo rodeaba.
Sentí como mi móvil vibro por quinta vez en el bolsillo de mi pantalón y decidí por fin revisarlo y al leer la notificación supe que era algo que no podía posponer, busque mi portátil y estuve tentada a quedarme allí, pero había algo en todo el ambiente del apartamento que me abrumaba y con la excusa del olor a pintura me escape al vestíbulo del edificio.
Me senté en uno de los sofás y coloque el portátil frente a mí, le di un sorbo a la taza de café que había traído conmigo y deje la taza sobre la mesa, el aroma a café invadió mis fosas nasales y me trasporto a todos esos preciados y odiados recuerdos del verano. Y con la rabia que me generaba encontrarme de nuevo pensando en él casi de forma agresiva aparte la taza lo más lejos que pude y me obligué a concentrarme en enviar los correos que necesitaba.
—Hola Albert —escuche que decían en ingles saludando al conserje.
Hubo algo en esa voz que se me hacía familiar, pero decidí dejarlo pasar y enfocarme en lo que estaba haciendo. Teclee rápidamente, redactando correo tras correo. Mi teléfono vibro una vez más y con fastidio lo revise, pero no era lo que esperaba, era una noticia, sin embargo, el titular no fue lo que me atrajo, ya había leído un artículo similar hace una semana, fue la foto que capturo mi atención.
No era la primera vez que me topaba con esas fotos, cuando descubrí toda la verdad me topé con demasiadas de ellas. Sentí como mi respiración se aceleró y mi corazón se oprimía mientras detallaba la imagen una y otra vez, pero no llore, había llorado tanto antes que ahora parecía que me había secado o simplemente me negaba a seguir de esa forma. Apague el teléfono y me gire para terminar de enviar el último correo.
Concéntrate... me repetí mentalmente por lo menos tres veces.
—Tu café huele muy bien ¿Dónde lo compras? —escucho esa misma voz familiar de antes, pero esta vez hablando en español.
Estamos en Nueva York, ¿Por qué me habla en español?
—¿Qué? —digo sin ni siquiera girarme, estaba a un segundo de terminar y cuando le doy enviar giro finalmente.
—Hola Sara —me dice en cuanto giro y yo siento que dejo de respirar en cuanto lo veo
Michael...
Él me sonreía despreocupado y yo estaba más que sorprendida.
¿Qué carajos hace aquí?
Su cabello rubio se veía más oscuro porque estaba un poco mojado, lo detallé rápidamente y me atrevía a decir que la lluvia lo había agarrado desprevenido, pero aun así él sonreía como si nada, aun así, esos ojos azules me miraban intensamente, deseosos como la última vez que lo vi, solo que en esta oportunidad había algo de súplica en su mirada.
Para entender esta historia vamos a tener que irnos un poco más atrás, vamos a tener que irnos al día en que lo conocí, el día en que me dejo sin habla, el día en que una cafetera dañada hizo que nuestros caminos se cruzaran.
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