Capitulo 43

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Advertencia: capítulo fuerte.

Ya sé. Ya sé.  Siento no haber subido capítulos pero este fue en especial difícil. Es totalmente inedito y quería que esta versión ya la tuviera porque es muy importante. Los capítulos después de este están listos así que en un rato subo otros dos para compensar los de la semana. Déjenme su opinión, por favor.

No estoy segura de si queda claro la posición de Abraham.  No es contradicción es cobardía, soberbia y machismo.

Traté de darle sentido, orden y cronología a lo poco que sabía. Evoqué mi niñez, a mi madre y padre, a las conversaciones y encuentros con Nicolás Moore y Cristopher, pero no lograba comprender absolutamente nada. Era como si me faltara un montón de piezas de un rompecabezas enorme y difícil.  Y yo odiaba los rompecabezas.

Me hice ovillo en el piso tratando de normalizar mi respiración y controlar las insaciables ganas de vomitar, además del hueco en mi pecho. Era un vacío horrible que dolía.

Quería llorar, quería gritar, quería preguntar y que me resolvieran mis dudas, pero sobre todo; quería hablar. Quería que alguien me escuchara. Quería sentir confidencialidad con alguien, quién sea que se preocupara por mí y me diera consejos útiles para no derrumbarme. Quería a mi mamá.

Ahí estuve por horas. No bajé a cenar, y como era de esperarse, ni Khris ni Eva llegaron a la habitación.  Poco después de que las luces se apagaran y los sonidos del otro lado de la puerta cesaron, no pude más. No soporté el silencio, la soledad y la melancolía, ya que estás se comenzaron a arrastrar por mi piel como insectos. Me sentí ansiosa, desesperada e incapaz de seguir en esa posición. 

Me levanté e importandome nada y sin pensar en las consecuencias me calcé, tomé mi teléfono y salí alumbrando mi camino con la lámpara. Decendí las escaleras y llegué a la puerta principal,  dispuesta a salir, a tomar aire, a correr o gritar. No estaba segura, solo necesitaba algo.

La puerta estaba abierta, cosa que me sorprendió, pero no le di importancia. Mi teléfono indicaba que eran las 2:13 am.

Empujé la puerta e inhalé el frío aire. Ni siquiera me había puesto suéter pero no me importó. Un resfriado no me afectaría después de todo lo que había pasado.

—Pensé que nunca te encontraría sola —una sensación de vacío, aún más profunda de la que ya sentía, me recorrió.  Ya no podía más y las lágrimas que aparecieron en mis ojos lo demostraban.

A él era la última persona que quería ver y estaba completamente segura gracias a lo que ya me había hecho, a sus palabras y el tono de éstas, que lo que me esperaba no era nada bueno. Quise huir pero Abraham fue muchísimo más rápido y me sujetó de brazo arrojando un pitillo al piso.

Me pegó a su cuerpo y exhaló el humo del cigarro con deliberada lentitud y maldad en mi cara. Yo conocía de cigarros y tabaco porque me padre y hermano fumaban con regularidad, por lo que rápidamente supe que era algo más. Marihuana, supuse. Al final sonrió y mi cuerpo reaccionó intentando alejarlo de mí.

Sabía lo que podía hacer, lo que me había hecho y lo que quería hacerme. Estar ahí no era casualidad. Ya había intentado acorralarme antes, comprendí recordando como lo había visto a él,  a Iván y Cristopher discutiendo en el único pasillo a la salida días atrás.

Me estaba cazando. Y ya me había atrapado. Yo misma había ido a su trampa. 

—Abraham, déjame —pedí con voz firme a pesar de mis ojos llorosos que seguramente me hacían ver patética.

Al Límite [En Edición]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora