-¿Qué haces?- Preguntó una niña de cabellos castaños.
Trataba de ver sobre la mesa de su abuela, pero su baja estatura se lo impedía.
-Abuela ¿qué fue lo que viste?-
La anciana sonrió con tristeza a su nieta, era muy curiosa, acarició sus rizos maternalmente.
-Helen, eres muy pequeña para entender, pero aún así tengo que empezar a instruirte- Sus ojos se perdieron en el vacío- Yo sellaré al niño, en esta vida y en la siguiente pero tú te encargarás que él no salga.
-¿Quién es él, abuela?- La niña sonrió al imaginar que podría ser alguien de su edad, ella quería tener amigos pero alrededor de la casa no había nada, sólo árboles.
-Él, cariño, puede ser el siguiente rey de la muerte-
***
Mientras miraba dormir a Madison un sentimiento de culpabilidad hizo que sus músculos se tensaran, su humana había asesinado, no importaba que hubiese sido el maldito que la violó, ella ya no sería la misma.
Sus brazos descansaban en su regazo, la captura y muerte de Bob no ocuparon mucho tiempo, sólo unas cuantas horas de la noche.
La ropa manchada de Madison dejó de existir apenas se la quitó, la sangre sucia de ese cerdo no podía estar sobre ella ni un segundo más.
Quería pedir disculpas, no sabía a quién o a qué, ¿tal vez al mundo? Él logró que otra alma pura se corrompiera y quebrara de una forma irreparable.
De pronto un pensamiento llegó a su cabeza, no debía sentir culpa, gracias a lo que ella hizo todo su pasado, el dolor, el asco, se fue, ya no vería esa mirada triste y vacía que en ocasiones tenía, cuando ella pensaba que no le prestaba atención.
Madison había hecho lo correcto y él era el causante.
Con su ánimo de vuelta a la normalidad se levantó de su asiento y salió de la habitación.
Ahora que ese estúpido sentimiento se había ido, permitió que la sonrisa que llevaba escondida desde hacía unas horas se formara en su rostro, sin mentir, podía asegurar que ver a Madison enterrando el cuchillo en Bob le causó una gran satisfacción.
Se detuvo bruscamente al notar que alguien lo seguía, era imbécil o el idiota quería que supiera que estaba allí.
Decidió asustar a ese vampiro entrometido, sabía que el intruso se escondía detrás de un gran estante lleno de reliquias, así que con una rapidez increíble lo tomó por la playera que traía puesta.
Su sorpresa fue enorme al darse cuenta de que no era un adulto sino un niño, el pobre temblaba como una hoja sin dejar de verlo, los grandes ojos rojos se habían posado en sus lagos colmillos, debía de verse muy amenazador si lo tenía así de asustado.
Suspiró un poco fastidiado, ahora tenía que hacer que el niño dejara de verlo como a un león hambriento.
-Tranquilo, no era mi intención asustarte- Dijo soltándolo- ¿Cómo te llamas?
Tenía que ser amable, el niño era un vampiro...¿eso era posible?
-Me llamo Noah- Murmuró aún con temor.
-¿Eres un vampiro?- Noah asintió lentamente- Eso es imposible.
Parece que el niño era bipolar porque de un momento a otro le sonrió.
-Mi madre era humana, mi padre es un vampiro- Klaus frunció el ceño y asintió- ¿Tú quién eres?
Klaus miró a Noah de nuevo y encontró algo familiar en él, aunque eran completamente diferentes sus rasgos se asemejaban, él niño era rubio y parecía un querubin, él tenía el cabello negro como el carbón y sus facciones eran más definidas y marcadas.
