El impecable traje negro de Darwel contrastaba perfectamente con la nieve que se encontraba a sus pies, la serenidad que proyectaba le daba un aire siniestro.
Observaba a los cinco jóvenes con satisfacción, los puños y costados les sangraban pero seguían entrenando, había traído con él un pequeño grupo de vampiros rusos, lo suficientemente centrados para no asesinarlos.
Llevaban reuniéndose en secreto unos cuantos días, los necesarios para que empezaran a mostrar una mejoría significativa, su rapidez y agilidad aumentaron más al enfrentarse a los vampiros, el instinto de supervivencia los ponía al límite, ellos sabían que no corrían peligro pero aún así luchaban con todo su empeño.
Los Cazadores estaban perdiendo a unos guerreros excepcionales, sí, guerreros, él se encargaría de que esos chicos fueran casi tan buenos como los vampiros, ellos ahora lo veían como su maestro, la vena cruel que tenía le susurró que les enseñara a torturar humanos, podría hacerlo con una facilidad pasmosa, con tantos siglos a su espalda podía convencer a una madre de devorar a su hijo recién nacido, lo había hecho, recordó con amargura, cuando él era joven.
Era extraño estar al mando de unos pupilos tan frágiles y débiles, tenía la sensación de que debía de ser más cuidadoso por el simple hecho de que ellos podrían morir si no controlaba su fuerza.
En las calles de Moscú encontró a tres vampiros lo suficientemente experimentados para este trabajo, Adolf, Henrik y Jaiden.
El vampiro rubio, Adolf, dio un golpe muy fuerte en el costado derecho de Cameron, incluso para los oídos humanos el chasquido de huesos rompiéndose fue audible, el alarido que soltó se perdió entre el viento, Darwel estaba seguro de que sólo ellos lo habían escuchado.
Con la rapidez característica de los vampiros, Adolf se agachó para ver los daños que tenía Cameron.
-Lo siento, chico, no medí mi fuerza- El marcado acento ruso destilaba sinceridad.
Los otro chicos se detuvieron para observar la escena, Darwel se acercó y lo miró, Cameron estaba tendido en la fría nieve, torció el gesto.
-Tienes tres costillas rotas, Cameron- Sonaba decepcionado- En una guerra ya estarías muerto.
El rostro de Cameron dejó de mostrar signos de dolor, las palabras de Darwel lo traen a la realidad, es cierto lo que dice el vampiro, él ya estaría muerto, como lo que era, un patético humano.
-Señor, el humano es bueno en la lucha- Intervino Adolf- Fui yo quien no controló la fuerza de mis golpes.
-Lo sé, Adolf, pero no puedo permitir este tipo de descuidos- La muerte de cualquiera de esos humanos sería inaceptable- Dale un poco de tu sangre, no queremos que sus lesiones llamen la atención, debemos ser invisibles.
-¡Esperen! ¿No se convertirá en... Vampiro?- Adoración dejó escapar la pregunta con voz estrangulada.
-No, señorita, para ser convertido en vampiro es necesario que el creador muerda primero a su víctima y después le de su sangre- Explicó con paciencia- La sangre de Adolf acelerará la curación.
El vampiro mordió su muñeca, después puso la herida sangrante sobre la boca de Cameron, apenas dejó caer una pequeñas gotas de sangre, lo necesario.
Cameron alzó su playera al sentir algo inusual, todos se acercaron para ver qué sucedía, debajo de la piel los huesos rotos se movían para juntarse y volverse a soldar, los humanos tenían caras de asombro, los vampiros no expresaban nada.
-Levántate- Dijo Darwel.
Como si no hubiese sucedido nada, Cameron se puso de pie y miró a Adolf con una sonrisa nerviosa.
