Su corazón latía frenéticamente, las manos le sudaban, todo su cuerpo estaba en tensión, incluso a pesar del frío su frente estaba perlada de sudor.
Llevaba más de 5 minutos frente a la puerta negra, sabía que del otro lado estaban las respuestas pero aún así cada vez que trataba de tocar la perilla el miedo la paralizaba.
Ni siquiera cuando estuvo frente a frente con los vampiros sintió tanto temor, ellos eran criaturas monstruosas pero podían remediar su existencia.
La noticia se extendió como pólvora en la Academia, Klaus Blackford había desaparecido, todos los estudiantes sabían que Yunuen y Ally eran o habían sido sus mejores amigas, fueron de las primeras en enterarse.
Ahora Yunuen se encontraba frente a la puerta de William, él era el único que podía decirle si era verdad que Klaus había sido capturado, sin pensarlo giró la perilla dorada, la puerta se abrió lentamente dejando ver el interior de la habitación, todo estaba oscuro.
Entró sin importarle que la vieran, fue directamente a la ventana y la abrió, la pálida luz del sol se coló entre las cortinas, ahora podía ver el desastre y el desorden que era la alcoba de William, los muebles rotos, esparcidos en pequeños pedazos estaban algunos jarrones y fotografías, la cabecera de la cama tenía grandes trozos faltantes.
-¿Qué haces aquí?- Preguntó una voz rasposa.
Yunuen miró la esquina de donde había salido la voz, en esa parte el sol no llegaba, aún así pudo ver la silueta de William, estaba sentado con la mirada fija en ella.
-¿Es... es...?- Se aclaró la garganta y suspiró, tenía que saberlo aunque la verdad la destrozara- ¿Es... cierto que se llevaron a Klaus?
Los siguientes segundos pasaron demasiado lentos, el sonido de su acelerado corazón le martillaba los oídos, su piel se erizó, William se levantó de la silla y caminó hacia ella, el sol le dio de lleno en el rostro, una expresión de sufrimiento cubría la cara de su mentor.
-Sí, es verdad... - Esas tres palabras se clavaron en ella como cuchillos.
Una enorme presión en el pecho le cortó la respiración, miraba a William con un dolor inexplicable, sentía como si le estuvieran arrancando la vida, sus rodillas se doblaron y calló al suelo.
Escuchó gritos horrendos a su alrededor pero en realidad era ella quien gritaba, las lágrimas le nublaban la visión, el aire no llegaba a sus pulmones.
De un momento a otro todo se volvió negro.
***
Gran parte de su vida la había vivido entre bosques y lagos, casi no le gustaba ir a la ciudad, menos si era en otro país y con un clima tan extremo como lo era el frío.
Maldijo su posición como rey pero rápidamente se arrepintió, la verdad le encantaba, proteger a los suyos, estar con la gente que lo quería y respetaba, sólo en algunas ocasiones era necesario que viajara, el continente Europeo también estaba bajo sus dominios y tenía que checar que todo estuviera en orden.
Estar meses en un barco lo ponía de mal humor en especial las noches de luna llena, él era muy disciplinado podía contener la transformación pero eso no significaba que le gustara.
El día que pisó Rusia deseó estar en su tierra, cálida y húmeda, no en esa fría y seca, los hombres lobo eran hornos andantes pero aún así el frío lo incomodaba.
Las semanas siguientes todo pasó con tranquilidad, tuvo reuniones con las manadas, habló con los ancianos, pasó un tiempo con los jóvenes, ellos querían verlo y aprender de él, fue muy gratificante ver que lo admiraban.
