Capítulo IX

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Stiles llegó a la escuela hecho un manojo de nervios. Había dejado a un lado todos sus compromisos al enterarse que uno de sus hijos estaba inconsciente en la enfermería de la escuela. Sus hijos y Félix fueron llevados de vuelta al castillo Stilinski mientras él les daba un sermón sobre lo cuidadosos que debían ser, de lo mucho que se preocupo y que además consideraba en dejarlos de enviar a esa escuela a lo cual se negaron rotundamente sobre todo Dylan.

- Papá, dijiste que este debía ser un nuevo comienzo para todos y que debíamos darle una oportunidad. Esto solo fue un accidente, no es nada de lo que debas preocuparte tanto. Queremos seguir asistiendo, tenemos nuevos amigos así que tranquilizate, esto no sucederá de nuevo. - le dijo Dylan.

- Vamos Sti, no creas que eres el único que se preocupo por Dylan, pero debes dejar de preocuparte tanto. Ya no son unos niños y no puedes encerrarlos en una caja de cristal para que nada le suceda así que solo déjalos disfrutar del momento. Además, saben cuidarse por si solos y saben que hacer en casos de emergencia. Mira a Gale, corrió a auxiliar a su hermano de inmediato e hizo un buen trabajo tal y como le has estado enseñando. Nuestros hijos estarán bien, son fuertes como sus padres o incluso más.

Las palabras de Derek terminaron de convencer a Stiles. Debía dejar que su hijos crecieran así que aceptó dejarlos seguir yendo, pero Dylan tendría que dejarse revisar por el doctor Roberth, el mismo que habia atendido el nacimiento de los trillizos y que velaba por su estado de salud desde que eran niños. El chico no tuvo otra opción más que aceptar las condiciones de su padre.

Al llegar al castillo, Dylan se retiró a su habitación pues le dolía un poco la cabeza. Fue al baño para lavarse el rostro y se asombro de que no le doliera ni siquiera un poco su ojo morado. El ungüento que le había dado Elliot en la enfermería servía después de todo, pero eso no lo había salvado del hecho que tendría el color morado por un tiempo.

Fue a su cama y se recostó en ella para poder descansar. De pronto vino a su mente el momento en el que Elliot acarició su rostro. Hubo un momento en el que sólo se dedicó a observar ese verde esmeralda de los ojos del chico. Decían que los ojos eran las ventanas del alma, pero las de Elliot parecían estar cerradas con llave como si tratara de ocultar sus verdaderas intenciones. Era un chico muy apuesto, cautivador y por alguna razón había despertado en él la necesidad de querer conocerlo aún más. Hace un momento quizás lo odiaba, pero ahora solo quería descubrir hasta el último rincón de su ser.

También se imaginó la forma delineada de los labios de Elliot. Se preguntaba si serían tan suaves como imaginaba, hasta que punto podría elevarse con el tacto de esos labios sobre los suyos y... Se sacudió la cabeza al darse cuenta de lo que estaba haciendo. No, Elliot era el hijo de Steve, debía tener cuidado con él. El sonido de su teléfono lo alertó, era Kaila quién quería hacer una videollamada. Contestó la llamada y el rostro de sus amigos apareció de inmediato en la pantalla.

- HOLA DY.... ¿Qué rayos te pasó? - dijo Kaila al observar el ojo morado de su mejor amigo.

- Cielos, apenas llevas un día allá y ya tuviste una pelea. Seguro ahora eres el chico rudo. - le dijo Marcus.

- Se acabó, iré allá de inmediato. Dime el nombre del idiota que te hizo eso, juro que voy a matarlo. - dijo Owen.

- Concuerdo contigo, iré a arrancar el auto. - le apoyó Marcus.

- También voy. - dijo Kaila.

- Tranquilos tigres, que les parece si Dylan nos explica lo que pasó realmente y luego ya deciden si matan o no a quien le haya hecho eso. - habló Laila.

- Gracias Laila, ella tiene razón chicos, primero déjenme explicarles. - respondió Dylan.

- Bien, comienza a hablar. - ordenó Kaila.

Un príncipe peligroso II: DylanHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora